Mascia, el goleador del fondo de la casa

Entrenó en Atlético de Madrid, lo vino a buscar el Santos, se fichó en Miramar para jugar en la sub 15 y sueña con afirmarse en los tricolores

Sebastián Abreu fue uno de los delanteros titulares de Nacional en los tres últimos partidos del Clausura. Frente a Racing, Progreso y Wanderers. Un dato circunstancial e irrelevante, porque al cabo del torneo el técnico Rodolfo Arruabarrena le dijo al delantero de 36 años que para la próxima temporada iba a ser la cuarta o quinta opción en el ataque. Pero lo que no parece irrelevante es que en las tres ocasiones, antes de que se terminaran los partidos, Abreu fue reemplazado por el mismo futbolista: Juan Cruz Mascia (19 años). Seis centímetros y 17 años más chico que el Loco. Un delantero al que Nacional apuesta fuerte y que tiene una particular historia para contar.

Juan Cruz nació en Carrasco del amor que comenzó en Punta del Este, donde se conocieron el padre que es argentino y la madre, de Cerro Largo. Su familia es propietaria de un local de venta de uniformes de colegio y él juega al fútbol desde siempre en el fondo de su casa, donde pintaron con su hermano un arco contra la pared, con puntajes según donde golpeara la pelota, y que aún permanece de recuerdo. No se inició a los 10 años en las divisiones juveniles de un club ni subió la escalera hasta llegar a Primera. No. Juan Cruz empezó probándose en Atlético de Madrid y continuó en la selección sub 15 de Uruguay, antes de integrarse a un equipo afiliado a la Asociación.

Un camino que tiene a la familia Forlán como importante mojón. Miguel Moreira, un entrenador de baby fútbol que dirigió a Diego Forlán, también fue técnico de Mascia en Carrasco Lawn Tennis. Fue la persona que alertó a Pablo (padre de Diego) de las condiciones futbolísticas de Juan Cruz. Un día, Pablo fue a verlo en un partido de la Liga Universitaria y a través de Diego le consiguió una prueba en Atlético de Madrid. En ese momento el rubio delantero de la selección era figura de los colchoneros.

“Yo tenía 14 años y viajamos en octubre de 2008 por dos semanas con mi madre”, recuerda Juan Cruz a El Observador. Entrenó, lo observaron y a los 15 días regresó a Montevideo para terminar tercero de liceo. En enero de 2009, cuando disfrutaba el verano austral, su madre le comunicó que lo habían llamado de Atlético de Madrid. “No mientas”, le dijo. Pero era verdad, su desempeño gustó en el club madrileño y querían verlo más tiempo. “Yo tenía idea de jugar al fútbol profesional, pero no tan radicalmente”, admitió el juvenil.

Antes de viajar se puso en manos de un entrenador personal. En la Liga Universitaria entrenaba dos días por semana y uno era un partido. Le faltaba estado físico para una exigencia mayor. Igual no fue fácil. La primera semana de práctica en Atlético “terminaba hecho pedazos”. Después mejoró y al cabo de la prueba el club le ofreció firmar un contrato. Pero Juan Cruz no quiso.

Durante ese tiempo en Madrid compartió una residencia del Atlético junto a futbolistas mexicanos y un senegalés. Entrenaban a las seis de la tarde y se aburrían el resto del día. “Estaba medio solo. Salía con el mexicano, íbamos a un shopping los viernes. Pero yo extrañaba, no tenía nada para hacer. Había una tele con pocos canales y una computadora, que yo usaba cuando todos se dormían. Además, era pleno invierno, nevaba, pasé un frío bárbaro”.

El club español le daba la comida, el lugar para vivir y Pablo Forlán le ayudaba con dinero, además de lo que él había llevado. “Diego se me acercó bastante, pero él tenía sus obligaciones y yo entrenaba unas horas y el resto del día era una tristeza”. Fue ese el motivo por el que decidió regresar a Uruguay, aunque “todo el mundo me decía que me quedara”. Una experiencia de la que “no me arrepiento” porque “sentí lo que es vivir solo y manejarme por mi cuenta”.

El niño volvió a Montevideo. A su hogar. A su equipo de siempre. Hasta que un día de noche fue a verlo jugar Fabián Coito, entonces técnico de la selección sub 15 de Uruguay. Lo invitó a entrenar con la preselección. A medida que pasaban los días, Juan Cruz se mantenía en el plantel. Hasta que Coito le dijo que para defender a la celeste tenía que estar fichado en un club de la AUF.

Lo llamaron de Defensor Sporting, Danubio, Peñarol y Fénix. Eligió Miramar Misiones por un solo motivo: sus prácticas eran después del horario de liceo. “Todos entrenaban a la una o a las dos y yo salía del liceo a las cuatro

–dice Mascia–, y algunos me quedaban muy lejos de la zona de Bolivia y avenida Italia, que es donde vivo”. En cambio en Miramar todo redondeó: “Las prácticas eran en camino Pichincha y a las cuatro y media. Salía del liceo y me iba corriendo o en bicicleta”.

Todo el esfuerzo “enfocado en la selección”. Era lo único que le importaba a Mascia. Integró la selección sub 15 que participó del Sudamericano de Bolivia y a los 16 años debutó en Primera división con la camiseta de Miramar, club con el que firmó un contrato por cuatro años. Continuó el proceso de selecciones juveniles y concurrió al Sudamericano y al Mundial sub 17 de 2011. Al regresar de este torneo que se jugó en México, lo buscó el Santos de Brasil.

“El tema era así: una empresa que se llama Traffic (representación de jugadores, derechos de televisión, etcétera) quería comprarme el 50% y colocarme en Santos. Pero después no se pusieron de acuerdo qué porcentaje le daba Traffic a Santos y el pase no se hizo”, contó Mascia.

Una semana después empezó a negociar con Nacional y Santos contraatacó. “Esta vez era Santos solo, sin Traffic. Pero yo ya estaba con la cabeza en Nacional, así que por más que me compraran no me iba a ir”. Admitió ser hincha de los tricolores y que “de chico iba al Estadio a verlo”. Seducido por el amor de toda la vida, reforzó la unión con un contrato profesional por cinco años. “Nacional es tremenda vidriera. Siempre le dan oportunidades a los juveniles y ojalá yo pueda aprovecharla. Jugar los últimos tres partidos del campeonato anterior y hacer un gol me generó mucha ilusión”.

Igualmente, Juan Cruz no abandona los estudios. Durante todo este tiempo de idas y vueltas perdió un año de liceo, pero dio las materias libres. Terminó Secundaria y el 19 de agosto arrancará la carrera de analista de marketing en la ORT. “Busqué entre las carreras más cortas y la que más me gustó fue esa. Es de dos años. Voy a ir de 19.30 a 22.30. Quiero algo que me saque del foco del fútbol”. 


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