Manya de pura cepa

Su padre era tan hincha de Peñarol como su abuelo y decidió ponerle de primer nombre Hober, en honor a Juan Eduardo Hohberg, leyenda del club

“Vengo a anotar a mi hijo”, dijo su padre al funcionario del Registro Civil. “¿Hober, como lo escribe?”, inquirió el responsable de inscribirlo. El padre entonces le mostró su propia cédula en la que dice que se llama Juan Hober Leyes. Porque también su padre (el abuelo del personaje en cuestión), ya lo había bautizado de esa forma.

Y así fue. Le puso como nombre Hober Gabriel Leyes y con el paso de los años, ese niño se transformó en jugador de Peñarol.

Hober, obviamente es en honor a Juan Eduardo Hohberg, una leyenda de Peñarol y de la selección uruguaya, intregrante de “La Máquina” también conocida como “La Escuadrilla de la Muerte” que integraba junto a Ghiggia, Míguez, Schiaffino y Vidal en 1949.

En baby empezó desde muy chico, ya con 4 años en Paysandú. Jugó hasta los 12, comenzando en Independencia y luego defendiendo a Litoral.

“Cuando pasé a jugar en cancha grande, dejé el fútbol. No me ayudaba mucho el físico, pero más que nada, estaba acostumbrado a ganar y a jugar siempre. Pero ahí alternaba, no era titular y me fui para mi casa”, dice Gabriel a El Observador.

A los 14 años volvió a jugar y se fue de nuevo a Juventud Unida, siempre en su puesto de delantero.

En 2006 se probó en Liverpool, jugó en la sub 16 del club y en el año siguiente hizo la pretemporada, pero lo dejaron libre. No se acuerda de quién fue el técnico que le dijo que no. No tiene rencores.

“Me fui llorando para Paysandú”, recuerda.  Y agrega: “Otra vez me agarró el bajón y quise dejar de jugar al fútbol. No quería jugar más, pero yo si no juego, sufro”.

Juventud Unida nuevamente lo acogió y de allí dio un paso importante ya que fue llamado para defender primero a la sub 18 de Paysandú y luego a la mayor de la camiseta blanca del litoral.

“No sé ahora, pero hasta hace muy poco tenía el récord como el jugador más joven en haber debutado en la selección mayor de Paysandú. Lo hice con 17 años. Por suerte, en sub 18 fuimos campeones en el Torneo del Litoral”.

Más allá del fútbol, a Leyes también le interesan otros deportes como el básquetbol, aunque no es tan fanático.

“Me gusta el básquetbol y juego bastante bien. En el liceo 7 de Paysandú, cuando estaba en cuarto año, logré estar en la selección. Pero pesaba 20 kilos menos que ahora. Me decían Fideo, era demasiado flaco”.

En 2007 regresó a Montevideo. Un club le abrió las puertas y no lo pensó dos veces. Es que quería trascender en el mundo del fútbol y de a poco, lo logró.

Por entonces, recaló en Juventud de Las Piedras. Su representante, Gabriel Morales le consiguió un lugar en la Cuarta división del equipo que en esos momentos se encontraba en la A.

Pero descendió enseguida, e igualmente Gabriel se quedó jugando en la B con Edgardo Arias como entrenador.

Sin embargo, llegó un momento que fue muy complicado. El club prácticamente dio quiebra, cerraron la casona en donde se quedaban varios juveniles –entre los que se encontraba justamente él– y también se atrasaron en los pagos.

“No me quisieron rescindir el contrato y todo se hizo insostenible para mí. Era imposible que me pudiera quedar en Montevideo. Les dije: ‘No me quieren rescindir, no hay problema. ¡Igual me voy!’. Y me fui para Paysandú”, indicó.

Claro, todo se le había hecho cuesta arriba en la capital luego de que le cerraron la casona en donde dormían los juveniles pedrenses.

“Me tenía que pagar casa, comida, transporte y nos daban algo así como $ 5 mil. Era totalmente imposible”, recuerda.

Con el paso del tiempo, le pagaron un par de meses, pero le quedaron debiendo bastante. “Nunca se los reclamé”, admite Leyes.

Estuvo durante seis meses entrenando solo en Paysandú. “Esos seis meses fueron duros. Solo salía a trotar y hacía ejercicio para mantenerme en forma. Tenía la esperanza que pudiera volver en algún momento”, recuerda.

En ese entonces salió a buscar trabajo para dar una mano y ganarse unos mangos. “Estaba entregado, en realidad la palabra es resignado ya casi con el fútbol. Trabajé un tiempo con mi padre que tenía la cantina del club Litoral y así pasaba también el tiempo”.

Hasta que un día lo llamaron de River Plate para probarse. Justo el día de la prueba enfrentaron a Defensor Sporting e hizo un gol. El técnico darsenero era Eduardo Del Capellán y le hicieron un contrato por cuatro años.

De allí a hoy es historia conocida. Su gran juego en River lo hizo llegar a Peñarol y ahora apuesta por más. Nombre no le falta.


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