Malvín cuatro estrellas

Malvín derrotó 66 a 55 a Trouville y liquidó la serie final 4 a 1 para conquistar su cuarta Liga Uruguaya, con lo que extiende su dominio y le pone el sello de calidad a una era

Malvín, Malvín. Playero, playero. Los gritos siguen resonando en el Palacio Peñarol. El azul lo volvió a hacer. Otra vez campeón. Merecido y anunciado. Porque sostenido en un proyecto a largo plazo, en un trabajo metódico y en la calidad de sus jugadores hechos a la medida de las instancias definitivas, el equipo de Pablo López volvió a levantar la copa.

El martes, con ráfagas de buen juego, con un Kennedy Winston imperial y con mucha personalidad para ponerle el pecho a los momentos adversos a los que lo sometió un rival que dejó la piel –pero que se sabía que jugaba ante el favorito–, Malvín se impuso 66 a 55 y liquidó la serie final pactada al mejor de siete encuentros por 4 a 1.

El arranque del partido dolió a la vista. Iban cuatro minutos de juego y en el marcador se leía un 2 a 0 (a favor de Malvín) que explicaba las pésimas selecciones de tiro y las erráticas ejecuciones de ambos equipos.

Malvín ganó en claridad a partir del ingreso de Reque Newsome –por un Mathías Calfani demasiado impreciso–, lo que determinó el inicio de esa constante rotación debajo del aro que el equipo de Pablo López ejerció a lo largo de las finales para maniatar la fuerte pintura del rival (Kevin Young-Néstor Colmenares).

Además, contó en el alero Kennedy Winston a su jugador más claro para buscar las opciones de gol, bien apoyado en las cortinas por Terence Dials para desestabilizar la marca de Joaquín Izuibejeres.

El playero se fue 16 a 9 arriba en el primer cuarto y lo mejor de su juego se insinuó en el arranque del segundo parcial donde llegó a sacar una máxima de 11 puntos (22 a 11).

El juego perimetral se aclaró con aciertos de Nicolás Mazzarino, Calfani y Fernando Martínez.

Esa fue una diferencia clave en el primer tiempo: Malvín acertó tres de ocho intentos de triples mientras que Trouville se quedó en blanco en 10 intentos.

Sin embargo, el rojo de Pocitos tuvo la gran virtud de no entregarse y más por amor propio que por lucidez basquetbolística se arrimó en el tanteador.

Los escasos aciertos de Santiago Vidal (un solo doble en todo el primer tiempo) fueron claves para que Young y Colmenares empezaran a lastimar a Malvín sobre todo cuando el playero quedó integrado en su mayoría con suplentes defendiendo la tabla con sus dos piezas estadounidenses.

Un error de Bavosi en una reposición y una falta antideportiva pitada a Martínez colaboraron en esa reacción.

La figura de Young creció al extremo de convertirse en el máximo anotador del primer período, nueve puntos, a los que sumó un aporte de siete rebotes.

Trouville volvió a hacerse sentir en el rubro (lo ganó 22 a 20 en los dos primeros cuartos), clave para ese emparejamiento final del primer tiempo.

Y el rojo agarró viento en la camiseta para el arranque del tercer cuarto. Con un parcial de 9 a 2 y el primer acierto perimetral de la noche (Vidal), pasó a comandar el tanteador.

En pocos minutos, el equipo de Álvaro Tito igualaba su magra producción del primer cuarto.

Pero López pidió tiempo y ajustó clavijas. En defensa, la clave que explica el éxito de este equipo. Y la figura de Winston comenzó a agigantarse.

El estadounidense cerró la noche con 27 puntos contra 19 de Young y fue la figura descollante no solo del partido sino también de la serie final. Pero tratándose del coleccionista de estrellas, un extranjero de semejante talla es solo la última pieza de un engranaje perfecto.


Fuente: El Observador

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