Mala costumbre de los uruguayos

Peñarol perdió 2-0 ante Cobreloa y, al igual que la mayoría de los equipos de la AUF, quedó rápidamente eliminado del torneo continental

El año pasado Nacional, Liverpool y Cerro Largo. El miércoles El Tanque Sisley. El jueves Peñarol. No es un problema de uno sino de todos. Sistemáticamente los equipos uruguayos repiten la misma rutina, como si transformarse en actores de segundo orden fuera un privilegio y un reconocimiento. Como si los miles de dólares que reparten las primeras rondas fueran suficientes para llenar los bolsillos y como si la gran recompensa para los equipos de la AUF fuera solo clasificar a los torneos internacionales.

Esta vez fue Peñarol, que perdió 2-0 ante Cobreloa en el Estadio Centenario y quedó eliminado en la primera ronda de la Copa Total Sudamericana en un partido en el que nunca encontró el punto futbolístico para llegar al triunfo. Por esa razón sucumbió ante un equipo chileno que llegó a Montevideo con su libreto bien aprendido.

El novel entrenador Diego Alonso intentó reflejar con la formación que planteó anoche su intención de presentar un equipo con clara vocación ofensiva y dispuesto a pelear el triunfo que le permitiera la clasificación. Alonso entendió que con un volante de marca y cinco jugadores de clara vocación ofensiva iba a encontrar la solución para llegar al triunfo. Sin embargo, su integración le devolvió una realidad muy diferente: no tuvo la pelota y le entregó a Cobreloa la posibilidad de manejar el partido.

Hasta por la actitud, los chilenos, que se plantaron en la cancha con un equipo también ofensivo (3-3-1-3), salieron a marcar el partido y dispuestos a establecer rápidamente las diferencias. Al ritmo que propuso Droguett, una de las figuras del partido, los visitantes presionaron en la salida, plantearon el juego en la cancha de Peñarol y forzaron a los aurinegros a sufrir los primeros minutos, en los que Castillo le sacó un gol a Chaves, los visitantes generaron seis córners y a los 11’ Droguett marcó la apertura.

Rápidamente quedó expuesto que los chilenos sabían lo que pretendían y cómo conseguirlo (con Droguett, Pablo González, Lezcano y Chaves), en tanto que Peñarol se debatía en un mar de dudas que generaban la impotencia de las fallas defensiva, no poder disponer del balón del mediocampo y que quedaban huérfanos los que debían resolver las cuestiones de fútbol en ataque.

Cobreloa pudo ampliar cuando un remate de Chaves pegó en el travesaño. Y tanta insistencia de los visitantes le brindó réditos, cuando a los 20’ Lezcano marcó el segundo y definitivo gol.

Lejos de las exigencias que plantea la competencia internacional, Peñarol se lanzó al ataque más a esfuerzos personales que colectivos. A los 25’ el árbitro no cobró un penal sobre Estoyanff y a los 29’ un remate de Pacheco se perdió apenas afuera. Pese a la adversidad del 0-2 y de la sensación que quedaba en el Centenario que iba a ser muy difícil que alcanzara la clasificación, la expulsión del golero Contreras, abrió una ventana de esperanza.

El final del primer tiempo brindó señales sobre lo que le depararía el destino a Peñarol: Pacheco y Jorge Rodríguez se perdieron el gol, el segundo tras una gran atajada del golero suplente, Luciano Palos, que luego se transformaría en figura.

En el complemento a los 52’ el gol golpeó a las puertas: esta vez Palos le sacó el remate a Zalayeta. A los 56’ el árbitro expulsó a Carlos Núñez y Diego Silva. Y otra vez Palos se vistió de héroe, cuando le sacó un gol a Gonzalo Viera.
Definitivamente la suerte de Peñarol estaba echada. Por si faltaba algo, un disparo de Jonathan Rodríguez se desvió en un futbolista y no fue gol a los 66.

Pese a que Alonso pobló el equipo de delanteros, nada iba a impedir que Peñarol siguiera la misma rutina de los uruguayos. Y la Copa la seguirá por televisión.


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