Maidana, leyenda del arco, defiende a Guruceaga: "Hay que estar ahí"

El exarquero aurinegro, ganador del primer quinquenio, de dos Libertadores y de la Intercontinental, opinó a favor del golero mirasol pese al error que costó el primer gol

Luis Maidana, una de las glorias del arco de Peñarol que ganó todo con el club (el primer quinquenio, siete veces campeón uruguayo, campeón de las Copas Libertadores de 1960 y 1961 y de la Copa Intercontinental de 1961), dio su opinión para Referí con relación al importante error que cometió Gastón Guruceaga en el primer gol de Atlético Nacional de Medellín que fue la puerta para la victoria colombiana por la Copa.

A sus 82 años, aún sigue viendo muy bien el fútbol y le gusta opinar: "En general anda bastante bien, lo ha salvado al equipo de varias caídas. Si no hubiera sido por él, en el primer tiempo debió haber terminado de otra manera. Ahí estuvo bien".

Con respecto a la jugada del primer gol, Maidana dijo que "la pelota le bajó, le picó antes, esos piques son difíciles. De afuera se ve muy lindo, pero hay que estar ahí. El arquero calcula la pelota de una manera y a veces viene de otra. Acá le picó antes y fue gol. Lo que pasa es que ese gol cambió el partido el equipo se abrió más, dejó más claros atrás para salir a buscar el empate y ya todo se complicó".

"Es verdad que fue desde 35 metros, pero hay que estar ahí. Jugué 14 años en Peñarol y cuatro en Palmeiras y me han hecho goles de todos colores. A veces hay rocío y la pelota se desliza. Mi nieto, Luis Cartés (entrenó varias veces con la Primera aurinegra), juega en Cuarta división y me cuenta que las pelotas de ahora pican más, viborean mucho, no como antes".

Maidana reconoció que "en el otro gol, (Guruceaga) levantó mucho las piernas, hizo la estirada y quedó muy horizontal. Si bien le definieron de cerca, hay que tirarse al ras cuando las jugadas son de abajo. Igualmente allí no tuvo culpa".

Y recordó una anécdota suya: "Una vez, defendiendo a Uruguay contra Rusia en el Estadio en un partido nocturno, me hicieron un gol porque se me resbaló la pelota, se me fue por abajo del pecho porque había un rocío bárbaro. Ahí me empezaron a decir que yo no podía jugar más, que no veía de noche. Fui a un oftalmólogo y me dijo que me quedara tranquilo, porque me había acomplejado. Y seguí jugando varios años más".


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