Macabi, un campeón con clase

Hebraica aplastó a Aguada 82-56 y se consagró campeón dando cátedra en resistencia, personalidad y juego
El Palacio temblaba. Porque la hinchada de Aguada no alienta, ruge. Y venían con viento en la camiseta porque la serie que estaba 1-3 quedó 3-3. Pero a este Hebraica Macabi le sobran valores que en una definición con tanto peso son incalculables: resistencia, jerarquía, clase, personalidad. Y mucho básquetbol, claro. Así ganó 82-56 y conquistó por segunda temporada consecutiva la Liga Uruguaya.

Si eran miles en marzo cuando jugaron en el Juan Pachín Vicens de Ponce, Puerto Rico, cuando los Leones se reforzaron con Carlos Arroyo –¿se acuerdan la paliza que les dio con los boricuas a los mismísimos NBA en Atenas 2004?– e igual les ganaron por Liga de las Américas.

Si en Chile, antes por Liga Sudamericana, le habían ganado a Weber Bahía Basket, un equipo moldeado por los cráneos de la Generación Dorada argentina.

La jerarquía estaba. Solo tenía que volver a aflorar en la cancha. Antes se sufrió. Claro que sí. Como contra aquel Trouville que no tenía nada que perder en cuartos de final y con más músculo que idea le levantó un 0-2 y lo llevó a quinto partido.

Como ante este Aguada que agotó la serie final por virtudes propias, pero que este viernes cayó sin levante cuando lo mejor de lo mejor debía imponerse.

Y el que se impuso, o mejor dicho aplanó a partir del segundo cuarto, fue el equipo de Leonardo Zylberstein.

Porque el primer cuarto fue un auténtico bombardeo. Macabi tomó la delantera de la mano del armado de Luciano Parodi, enchufado de entrada. Leandro García Morales metió el primer triple que intentó –toda una señal– y Jaime Lloreda hizo daño en el poste bajo. Muchísimo daño.

El panameño recuperó la autoridad mostrada en el tramo de las finales donde Macabi lideró la serie. Más que dominar el rebote, aportó mucho gol debajo del aro minimizando en defensa la influencia en el juego de Dwayne Curtis y Jeremis Smith.

Con el ingreso de Martín Aguilera como titular en lugar de Michael Hicks, sentido en la sexta final del lunes, Zylberstein pretendió darle una mayor consistencia defensiva al equipo.

Pero Aguada corrió la cancha y jugándole gol por gol a la zona que le volvió a plantear Macabi se prendió al partido.

Demian Álvarez arrancó inspiradísimo con cuatro triples consecutivos. También aportaron su cuota perimetral Gonzalo Iglesias y Diego García por lo que el primer cuarto terminó empatado en 27.

Pero todo cambió a partir del segundo parcial. Porque la efectividad de Aguada –en un arma donde fue inferior a su rival en la serie– bajó de golpe y el equipo estuvo 9.45 en los que anotó apenas dos puntos. ¡Dos puntos!

El pecado de Macabi, que llegó a abrir una máxima de 14 puntos (43-29), fue no aprovechar el desconcierto de un Aguada que se enredó en cada ataque y que hizo agua en defensa.

Pero la figura de Izaguirre comenzó a agigantarse. Se puso el overol para trabajar abajo de las tablas palmo a palmo con Lloreda y se abrió con inteligencia para triplear.

Aguada intentó meterse en partido en el arranque del segundo tiempo donde arrancó 11 puntos abajo. El trámite no alimentaba la esperanza, pero sí lo escueto de un marcador que no reflejaba lo exhibido por cada equipo.

El equipo de Fernando "El Hechicero" Cabrera tuvo buenos seis minutos en el comienzo del tercer cuarto. De la mano de Gustavo "Panchi" Barrera y con una tenaz defensa de Federico Pereiras.

Pero su gran problema fue que Smith faltó a la cita y Álvarez se desplomó en ataque tras un primer cuarto notable y no fue consistente en defensa para marcar a Hicks que trepó rápidamente a las dos cifras en ese parcial.

Entonces, cuando el macabeo ajustó las tuercas en defensa y comenzó a correrle la cancha, volvió a abrir rápidamente la diferencia de 14 (54-40) y tras un pedido de tiempo la estiró a 18: 58-40.

Lo de García Morales fue descomunal. Le puso el hombro al rebote defensivo, hizo que todo Aguada se cargara de faltas y atacó el aro tornándose en imparable. Jerarquía en estado puro para irse arriba al último cuarto con el partido liquidado: 64-47.

Los últimos 10' sobraron. Le quedó chico el partido a la cátedra que dictó Macabi. Justo en el momento más complejo: cuando se define un campeón.


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