"Luis se equivocó, pero no merece ser tratado así"

El salteño habló con El Observador sobre el Mundial, se mostró feliz con su rol en el equipo, habló del proceso Tabárez, contó intimidades de su infancia y de la sanción a Suárez

Un biotipo privilegiado, una confianza ciega, nada de vergüenza para ponerse el overol de obrero y sacrificarse cuando el equipo lo requiere y un olfato goleador que estremece son las principales características de Edinson Cavani. El Matador de Nacional y Peñarol de Salto, de Danubio de Montevideo, de Palermo y Napoli de Italia y actualmente de Paris Saint-Germain de Francia, atendió a El Observador mientras disfruta de sus últimos días de vacaciones en su departamento natal para reflexionar sobre la última copa del mundo, su carrera, el cambio del fútbol italiano al francés, su momento personal, el proceso de Óscar Washington Tabárez y la sanción de Luis Suárez.

¿Qué evaluación hace del último mundial?
La evaluación fue como dije después del partido con Colombia, un momento más de los hermosos que me tocó vivir con mi selección, donde pude disfrutar partidos increíbles y momentos únicos que marcan el momento de mi carrera. Mas allá de quedar afuera en octavos de final me quedo con un recuerdo único. De ver el grupo que teníamos, que está formado de grandes futbolistas y grandes personas. Eso es lo que a uno le queda. El resultado fue desfavorable, pero lo que te llevás contigo es el grupo humano que tenemos.

Fue su segundo mundial, donde volvió a dar una clase de sacrificio por sus compañeros. ¿Lo desgasta estar siempre en la doble función de goleador que debe colaborar en la marca?
Cuando te toca venir a la selección no hay tiempo de plantear tu incomodidad. Ya dije en que posición me siento bien y en cuál me gusta jugar más. Toda la preparación tiene que ser adecuada. Pasa que en los tiempos de la selección, en el mundial por ejemplo, no hay tiempo para manifestar nada. Se juegan los partidos cada dos o tres días y hay que entregarse al equipo y al grupo.

Todos los partidos de Uruguay en el mundial fueron capítulos distintos. Ante Costa Rica le tocó ser la cabeza del ataque, contra Inglaterra e Italia debió presionar a los creadores de juego, Gerrard y Pirlo, y ante Colombia fue otra vez referencia ofensiva. ¿Qué visión tiene de los cuatro partidos?
Lo veo de la misma manera. Tuve que ser más punta en el debut y los dos partidos bisagra de nuestra serie tuve que sacrificarme un poco más y dar una mano en la parte defensiva. Ante Colombia me tocó volver al ataque y se trató de hacer lo mejor. No se pudo hacer historia porque los resultados no acompañaron, pero el balance es positivo.

Marcar con éxito a Gerrard y a Pirlo lo terminó de catalogar como un jugador más completo. No solo es un goleador, sino que puede cumplir los dos roles.
De niño jugaba de 10. Cuando pasé a jugar al fútbol grande nunca pasé a marcar. Solo en algunos partidos en Palermo. Para mí esa función no era habitual. Es lindo descubrir para un futbolista que puede manejar ambas funciones y lo puede hacer bien. Cubrir un rol táctico para aplicarme a la marca me hace un jugador más completo y es lindo sentirme feliz sabiendo que puedo hacer las dos cosas.

¿Repercutió en el grupo la sanción a Suárez?
Nos volteó a nosotros como selección y a Uruguay como país. Hay errores que uno comete en el fútbol y no se da cuenta. Es fácil opinar de afuera y ser juzgado por personas que nunca patearon una pelota. Seguramente Luis se equivocó y la sanción está bien, pero en un mundial tendría que estar. La pena no es la adecuada. Lo echaron de un mundial. Lo borraron de las canchas del fútbol. Ningún futbolista merece ser tratado así. Lo trataron de manera agresiva.

En el vestuario previo al partido con Colombia subió una foto con la camiseta de Suárez que se hizo viral. ¿Sintieron el golpe durante el partido?
Ese no fue el motivo de la derrota. El grupo de la selección está formado por los mejores jugadores del país. Muchos partidos los ganamos sin Luis también. No pudimos ganar. Ojalá esa experiencia le sirva a Luis para crecer y madurar como jugador, como nos sirve a todos los futbolistas.

El contrato de Tabárez caducó después del mundial y su renovación abrió la polémica. ¿Cuál es su postura?
Creo que el trabajo que hizo fue fantástico. Lo que logramos futbolísticamente en el proceso, más allá de los resultados. El Maestro buscó armar un grupo sólido y encontró los reemplazos en otros compañeros cuando no teníamos tanto cambio. Él cree a muerte en su grupo y el grupo lo protege a él. Maneja muy bien los tiempos y es la clave para mantenernos unidos. Cuando comenzó su trabajo, Uruguay empezó a crecer. Más allá de los éxitos deportivos, Tabárez logró armar un grupo de trabajo con Celso (Otero), Mario (Rebollo) y los doctores que fueron clave para devolver a la selección a su lugar. Él nos conoce como nadie.

En Italia se transformó en ícono de los napolitanos. ¿Se repite el fanatismo en Francia?
La hinchada de Napoli es muy efusiva, porque en Italia se respira fútbol. De ahí la calidez de los hinchas y su manera de idolatrarte. Francia es más fría por su cultura, que es diferente. Eso hace a la personalidad de la gente. En Francia no perdí la idolatría pero son maneras distintas de expresarla. En Italia no podía salir a la calle.

En Francia, ¿sale?
Sí lógico. No soy un cuco que vive escondido. La gente ya lo sabe. Hago mi vida normal. Por todo lo que tuve la suerte de vivir en mi carrera la gente te da muestras de cariño siempre, pero los franceses son más respetuosos para pedirte una foto o una firma. Vos podés caminar por la calle y te tratan de forma distinta.

A diferencia del vestuario italiano, llegó a un grupo repleto de figuras. ¿Cómo es la convivencia con Zlatan Ibrahimovic?
La convivencia con Ibra es buena. Siempre que no haya injusticias con un compañero en el vestuario o no tengan problemas conmigo yo no me meto. Me metí en el fútbol por amor y pasión, que la mantengo hasta hoy. La diferencia es que hoy es mi trabajo. No trato de ser un mala leche y busco aceptar la personalidad de todos mis compañeros, que pueden tener un carácter distinto al mío. En esos grandes vestuarios cada uno hace la suya. En Napoli era un vestuario compacto porque no había tantas estrellas y figuras y todos giraban alrededor del técnico para lograr cosas. Son experiencias diferentes.

Los jugadores de élite están acostumbrados a los rumores todos los días. ¿Cómo los asimila?
El fútbol es un deporte donde la confianza es total. Cuando un equipo quiere a un jugador, te llama y te busca para sumarte a su proyecto para involucrarte. En ese momento ellos me demuestran una confianza máxima. Estoy tranquilo cada vez que se habla de mi trabajo. Se habla en todos los países, pero lo cierto es que los clubes que de verdad me buscaron, como Palermo, Napoli y PSG pusieron lo que tenían que poner y confiaron en mi trabajo para sumarme. Creo que un cambio de club, no depende solo de la voluntad del jugador sino que tiene que haber movimientos de otros clubes. Yo tengo contrato por cuatro años más en Francia.

¿Hay alguna liga internacional que lo tenga frente al televisor?
La Premier League y la Bundesliga me gustan mucho, pero no soy un jugador que esté deseando todo el tiempo jugar en una liga o en otra. Alemania, España, Italia e Inglaterra son las más poderosas y las mejores. La francesa es muy buena también, está en crecimiento.

Es un Atleta de Cristo, un hombre de mucha fe. ¿En Francia sigue manteniendo contacto vía Skype con su pastor bíblico?
Después que empezaron mis problemas familiares uno se cierra un poco y busca evaluar, hacerse preguntas y no abrirse. Perdí un poco el contacto con mi pastor de Salto. Hoy en día estoy más apartado del lugar del que en algún momento estuve muy presente.

Sin ingresar en los detalles de la vida privada, ¿los problemas familiares llegaron a repercutir en su nivel?
Yo estoy muy tranquilo. Nunca le robé a nadie ni maté a nadie. Trato de estar presente para mi familia. Trato de caminar con dignidad. No hay nada más lindo que estar tranquilo para vivir. Siempre estuve igual, cada uno tiene su forma de pensar. Hago mi trabajo y lo disfruto. Ayudo a mi familia, a la gente que está al lado mío. A nadie le gusta vivir lo que viví yo que fue separarme de mis hijos. Pero trato de buscarle una manera a la vida.

¿En quién encontró contención?
En mi familia, mi pareja, mis amigos. Acá en el campo me siento bien, contenido y puedo disfrutar de las cosas de mi ciudad y de mi gente.

De joven sus espejos eran Gabriel Batistuta y Ruud Van Nistelrooy. ¿Hay algún jugador actual que lo deslumbre?
Nunca fui de tener ídolos. No era un niño que miraba televisión. Jugaba al fútbol al lado de mi padre. Esa fue mi vinculación con el fútbol y cuando estaba jugando ya de adolescente me fijé en esos dos. De Batistuta me encantaba su forma de definir en velocidad, con fuerza y de Van Nistelrooy su elegancia y la clase que tenía para moverse.

De niño jugó en Nacional y en Peñarol de Salto. ¿Qué le quedó de esa época?
Muchas anécdotas. En Peñarol no nos ganaba nadie, fuimos campeones tres años seguidos. Resulta que Bruno Fornaroli jugaba en Peñarol y yo en Nacional y el tío de Bruno era muy hincha de su sobrino y muy amigo de mi papá, entonces empezó a insistir para que yo me cambie de club y lo logró.

¿Pasó de Nacional a Peñarol con cuantos años?
Se puede decir que mi primer pase fue cuando tenía 10 años (risas). Dejé Nacional para jugar en Peñarol por un par de zapatos y ganamos todos los títulos.


Fuente: Danilo Costas @DCostas8

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