Lugano puede dormir tranquilo

José María Giménez debutó con la camiseta número 2 del capitán y, tras un fallo inicial, borró de la cancha a Falcao y terminó ordenando

La cara de susto con la que ilustró su perfil de Twitter corresponde a la presentación en Atlético de Madrid. Está con un micrófono en la mano y de saco. Es José María Giménez, un pibe de 18 años que dio el salto que todos sueñan. De Sudamérica a Europa. Es el zaguero de extraño corte de pelo, tipo mohicano, que ayer debutó en la selección mayor con la camiseta número 2 del capitán Lugano y se comió al superpromocionado Radamel Falcao. Porque en la cancha no se asustó, es su mundo, ahí manda y sueña.

Las suspensiones de Lugano y Godín, las lesiones de Victorino, Valdez, Coates y Cáceres le abrieron el camino. Y Giménez no lo desaprovechó. El capitán, que lo acompañó a todos lados antes del partido, puede descansar tranquilo.

Giménez no debutó con la celeste en un amistoso cualquiera. No, lo hizo en el peor momento de las Eliminatorias, cuando cada punto arde como si fuera un hierro candente. Tampoco lo hizo contra la décima selección del continente. No, debutó frente a la sensación de la competencia, frente a delanteros reconocidos en el mundo, que en Barranquilla le ganó 4-0 a Uruguay y que solo le falta un puntito para clasificar a Brasil 2014.

Demostró que le sobra clase. Desde el arranque del partido se colocó cerca de Falcao. Y perdió en las primeras de cambio. Pero no se desalentó. Al contrario, de a poco se paró mejor, ganó en confianza y terminó ordenando a sus compañeros, incluso a Scotti que lo dobla en edad.

A los dos minutos de juego, después de un ataque de Uruguay que terminó en un mal pase de Cebolla Rodríguez, nació el contragolpe de Colombia. La pelota fue hacia la izquierda y la corrió Falcao. Giménez se tiró al piso y falló. El colombiano se quedó con el balón y, cuando se acomodaba para picar hacia el arco, Giménez lo bajó.

Antes del final del primer tiempo, llegó tarde a cerrar frente al delantero de Mónaco. El disparo terminó afuera. Pero a esa altura del juego su participación ya estaba cobrando altura. Ganó dos veces de cabeza en el área y cuando Maxi Pereira le jugó la pelota atrás y por el rabillo del ojo vio que llegaba Falcao, el pibe le puso fuego al  piripicho y la pelota salió rajada hacia adelante.

Para el complemento ya estaba agrandado, pero no de altivez, sino de valor. Antes de los goles uruguayos le ganó un mano a mano a Falcao a la entrada del área y encendió el griterío del Centenario. Más de 40 mil personas lo apoyaron para que sintiera que no estaba solo.

Cuando el paraguayo Arias pitó el final, Giménez estaba sobre la Olímpica. Miró el cielo, se abrazó con Muslera y con Maxi Pereira y festejó. Nunca más se va a olvidar de este debut. Uruguay le ganó a uno de los rivales más complicados y alcanzó a Ecuador en el cuarto puesto de las Eliminatorias, cuando no hace mucho tiempo a la carta de defunción celeste solo le faltaba la firma.

Demostró Giménez que la antigua especialidad uruguaya de sacar excelentes defensores sigue vigente. Que el molde no se rompió y que, además de los formidables delanteros que surgieron en los últimos años, también surgen zagueros. Pasó con Lugano cuando se retiró Paolo Montero, con Godín, con Coates cuando le tocó jugar en la Copa América y ahora con Giménez, que no transpiró en vano la camiseta del capitán. 

Precoz entre precoces

José María Giménez (18 años, 7 meses y 21 días) se sumó a una lista de jugadores que debutaron precozmente con la camiseta de la selección mayor: Carlos Aguilera (17 años, 5 meses y 1 día) en la Copa Nehru de 1982, Walter Gómez (17 años, 7 meses y 29 días) en la Copa Newton de 1945, Cristian Rodríguez (18 años y 15 días) en un amistoso frente a México, Ruben Sosa (18 años, 1 mes y 19 días) en un amistoso contra Inglaterra, Marcelo Tejera (18 años, 3 meses y 14 días) en un amistoso ante México y Álvaro Recoba (18 años, 10 meses y 1 día) en un amistoso contra España.


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