Los sacrificios de Plaza: el DT es carpintero y varios tienen otro trabajo

Eduardo Espinel, que tomó al equipo con riesgo de descenso a la C, reconstruyó el plantel y hoy es líder del Clausura
Un buen día, un desconocido se apareció en el Complejo de la Mutual. Cargaba con un bolsito. Se apersonó al técnico de uno de los equipos que iba a jugar un amistoso y pidió para entrenar. El entrenador lo miró sin salir de su asombro. Le explicaron que el plantel estaba armado. Pero el muchacho insistía. Quiso el destino que Pablo Acosta, el zaguero titular, se durmiera y no asistiera el entrenamiento. Y ahí entró el desconocido del bolsito. Nadie imaginó que el muchacho en cuestión, que andaba buscando trabajo en Minas, terminaría siendo un tal Germán Ferreira, el mejor de la defensa de Plaza contra Nacional.

La construcción del equipo de Plaza, que es la sensación del torneo, que lidera el Clausura, y que venció a Nacional, está plagada de historias como estas.

El técnico Eduardo Espinel realizó el repaso de un camino lleno de contratiempos en el que jamás se perdieron los sueños y el hambre de gloria.

"La historia de Nico (Dibble) es otra...", anticipa. "Tuvo tres pasajes por Defensor. Como extrañaba a la novia se venía para Colonia. A la tercera vez lo sacaron del plantel. Andaba por Colonia y vino a entrenar al club. Vivía solo, no se cuidaba con las comidas y cuando llegué al club lo querían sacar. Le hicimos entender las cosas y comprendió", reveló el DT a Referí.

Para la construcción del plantel recurrió a gente conocida. Alejandro Villoldo ya había probado suerte en el fútbol profesional, pero no pudo ser. Y andaba por Nueva Palmira. Cuando Espinel tomó la conducción de Plaza lo fue a buscar. "Estaba jugando el torneo de OFI y terminó ascendiendo con Plaza".

El entrenador llegó en un momento complejo. El equipo marchaba último en la tabla de Segunda. Cinco jugados, cinco sin ganar. El descenso a la C rondaba Colonia. Poco le importó a Espinel. La tomó como su única chance. "Era mi única opción porque no tengo nombre en el medio, soy del interior, de un pueblo muy chico, no tengo amigos que me puedan colocar. Era la gran oportunidad. Si hubiera pensando no agarraba porque estaba último y yo no tenía experiencia. Pero era la mía, quería probarme".

Pero se embarcó en una pesadilla. Bajo su conducción, arrancó con otros cinco partidos sin ganar. Al cuarto juego se apersonó el gerente deportivo Carlos Manta. "Eduardo, ¿te sentís con fuerza para seguir?", le preguntó. "Carlos yo acá vine a crecer y quiero esta experiencia porque nunca más la voy a tener. Tengo las ganas para seguir", respondió. Lo apoyaron.

Fue el momento de quiebre. A partir de ahí el equipo no perdió más. Fueron 18 partidos hasta llegar a Primera.

El club tiene un orden establecido. Está gerenciado y los jugadores solo se dedican a jugar porque saben que el salario siempre está.

Al margen de eso hay jugadores que siguen trabajando. A modo de ejemplo, el golero Dawson tiene un negocio con el padre y muchas horas de la semana trabaja. "Es un detalle que se maneja cuando hay que aflojarles en la parte física. Hay tres o cuatro jugadores que trabajan", reveló Espinel.

Conforme el pase de las fechas del Clausura, y sin que nadie lo pudiera imaginar, el equipo se encontró ante la chance de su vida. Luego de la pelea que libraron los dirigentes y Carlos Manta, Nacional viajó a Colonia. El sábado había perdido Peñarol. Ganarle a Nacional, además de entrar en la historia por ser la primera vez, significaba quedar punteros.

"Vi que había muchos gurises con hambre. Les hicimos saber antes del partido que se ganaron el lugar de disfrutar de la noche. Iban a jugar por la gloria, que era ganarle por primera vez a Nacional. No olvidamos el pasado. Les dije que había muchos de ellos que estaban por dedicarse a las 8 horas y que de un día para el otro se encontraban con esto. La gloria estaba golpeando la puerta".

Y entraron. Sin pedir permiso, porque estaba en su propia casa, en su tierra. En Colonia. l

La ayuda

Carlos Manta
"Carlos, a mí, que recién empiezo, me dice cosas que me sirven para el manejo de grupos, que es jodido. En lo táctico no se mete, pero esos conceptos sobre cómo manejar situaciones me ayudan mucho"

Un técnico que trabaja

Eduardo Espinel recorre todos los días 200 kilómetros para asistir a los entrenamientos de Plaza. El entrenador vive en Cardona, donde tiene un taller. Espinel es carpintero desde los 15 años y no abandonó la profesión. Por el contrario, contó a Referí: "Tengo un taller de carpintería que trabajo por mi cuenta, porque el presupuesto no alcanza para vivir solo del fútbol".
El entrenador del líder del Clausura trabaja como uno más. "Si tenemos doble turno me quedo en Colonia, pero si entrenamos en un turno, al otro día me vengo a laburar".

La mano de Diego Lugano

Antes de empezar la segunda rueda del ascenso, Diego Lugano fue a entrenar a Plaza y el técnico Eduardo Espinel, que fue su compañero de zaga en el club, recuerda el momento. "Me ayudó mucho cuando estuvo entrenando con nosotros. Yo le conté las cosas que pasaban y él habló con algún jugador que no la tenía clara para ser profesional. Diego fue previo a la segunda rueda de la B y fue un paso fundamental porque no es lo mismo que yo le diga algo a los jugadores a que se lo diga Lugano. Fue una inyección de profesionalismo que le dio al plantel. Sobre todo para los que no entendían lo que era el sacrificio y el ser profesionales".

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