Los padres del proceso

Guillermo Almada y Alfredo Arias, en un hecho poco común en Uruguay, inician su cuarto año en sus equipos y se encaminan a los 100 partidos

Alguna vez se preguntó cómo llegó la selección uruguaya al cuarto puesto del Mundial de Sudáfrica, a ganar la Copa América, a los primeros lugares del ranking FIFA, a revalorizar los derechos de televisión y cobrar un buen cachet por jugar partidos amistosos? Si analiza, llegará a la conclusión de que es producto de un proyecto, de una idea de trabajo, de un proceso.

Para muchos, palabras de moda, para unos pocos, una realidad. ¿Sabe por qué? Porque habitualmente en Uruguay los dirigentes no apuestan a este tipo de ideas. No elaboran proyectos, se mueven de acuerdo a las necesidades y, por sobre todas las cosas, de acuerdo a resultados.

Es clarito. Los presidentes de la AUF no hubiesen respaldado a Tabárez si el equipo del Maestro no ganaba. De hecho, en 2007, cuando perdió 0-3 con Perú en el debut de la Copa América, el presidente de entonces, José Luis Corbo, puso en duda su continuidad. Otro tanto ocurrió cuando el barco parecía no llegar al destino de Sudáfrica 2010.

Por eso, el proceso de selecciones tiene nombre y apellido. En la búsqueda de una idea, en la apuesta a determinado perfil de jugador, en un proyecto a nivel selección que abarca a los técnicos de juveniles. Detrás de todo eso está Óscar Tabárez.

Ahora bien, si el pensamiento del gane o pierda gobernó durante tanto tiempo a nivel de selecciones, qué podemos esperar de los clubes…

Ahí, donde no hay recursos, donde se pelea con lo que se tiene y en condiciones desiguales porque los grandes juegan con determinadas ventajas, hay dos hombres que son la excepción a la regla.

Guillermo Almada confirmó su continuidad al frente de River Plate. Y no es un detalle que pasa desapercibido. Está a punto de cumplir 100 partidos dirigiendo a River en el Uruguayo y su saldo es sumamente positivo. Pero su mérito es mayor si se tiene en cuenta los recursos que dispone el club, la infraestructura de trabajo, las dificultades económicas y la cantidad de jugadores que se le van por año.

Sin embargo, el hombre que asumió en 2011 y va por su octavo campeonato, se las ingenió siempre para pelear arriba.

Otro tanto ocurre con su colega de Wanderers, Alfredo Arias, que llegó a 93 partidos por el Uruguayo con los bohemios, club en el que fue designado entrenador el 12 de diciembre de 2011.

Los primeros tiempos no fueron sencillos. De hecho, en la sede había una pintada que decía: “Arias vende humo”. Hoy dice “Arias vende fútbol”. El DT bohemio le ganó a las adversidades.

Los caminos de Arias y Almada son paralelos. Conviven casi con las mismas dificultades, pero se dan el lujo de pelear los campeonatos. En un fútbol donde no abundan los proyectos a largo plazo, ambos van hacia su cuarto año al mando de sus equipos. Y eso los pone como padres de los procesos a largo plazo.


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