Los milagros existen

Peñarol estaba liquidado en el Campeón del Siglo, se moría el partido y encontró en Affonso dos goles que le dieron un agónico triunfo

La resistencia de Rampla era titánica. El Campeón del Siglo hervía, era una caldera. Peñarol estaba herido de muerte en su lucha por el campeonato. El juez había marcado los descuentos y perdía 1-2 con Rampla. Una mancha que sería difícil de borrar.

Es que las enormes diferencias entre un equipo y otro no se vieron reflejadas en la cancha.

En Rampla pasan la latita por las tribunas del Olímpico para recoletar dinero para los jugadores. En Peñarol cobran al dia. En el club de la Villa comieron tallarines en la tribuna. En los aurinegros hay merienda, desayuno, cena, concentración. Las diferencias en salarios son abismales.

Pero el fútbol uruguayo cuenta con miles de estas historias de hazañas. Y Peñarol, que parecía muerto, lo dio vuelta con dos goles en los descuentos.

Apenas se puso a rodar la pelota en el ambiente aurinegro flotaba la sensación de que a Rampla lo goleaban.

Es que son tan notorias las diferencias entre un equipo y otro que los hinchas daban por descontado el triunfo.

Fuentes pitó y Peñarol se fue a plantar en la cancha de Rampla. A los 8 minutos llevó la pelota de derecha al centro y la definición del Cebolla se perdió apenas afuera.

Pero conforme el paso de los minutos el desengaño se fue apoderando de los habitantes del Campeón del Siglo.

Se percataron que el picapiedras, arropadito en su zona, le había cerrado todos los caminos al arco de Odriozola.

Y Peñarol se chocó contra un muro. Apenas fue capaz de generar una acción más. Sobre los 23 minutos Alex Silva desbordó por derecha y mandó un centro al corazón del área que conectó Affonso y contuvo bien abajo el uno picapiedra.

El equipo de Fernando Araújo fue llevando el juego a su terreno. Mucha pierna en el medio, defensa sólida y la espera de un contragolpe salvador. El tema es que Cristian Olivera no agarraba la pelota entonces no pudo generar juego.

En la última del primer tiempo se equicaron Alex Silva y el brasileño Ronaldo y le dejaron un regalito a Rampla.

Fueron a cerrar, se empujaron y Santiago Silva se llevó la pelota para el mano a mano con Guruceaga que salvó su arco.

Con el susto terminó un primer tiempo para el olvido del conjunto aurinegro. Para el inicio del segundo se incrementaron las imprecisiones en los futbolistas aurinegros. Todo se hizo cortado como consecuencias de las faltas.

Justamente producto de una falta Rampla encontró el gol cuando apenas transcurrían 8 minutos del complemento. Tiro libre. Le pegó Emiliano García, la barrera se abrió y la pelota le picó antes a Guruceaga y se le metió abajo y contra un palo.

Nadie lo podía creer. La gente miraba a Guruceaga protestar contra los que formaron la barrera. Ramos miraba sin entender. El técnico metió mano en el equipo. Rossi y Gastón Rodríguez a la cancha.

Peñarol fue un saco de nervios. La gente empezó a empujar desde la tribuna. Y el aurinegro fue más con impulso que con ideas claras.

El reloj comenzó a ser aliado de Rampla que aguantó a pie el primer envión carbonero.

Y cuando la necesidad de ganar es tan grande, nadie tiene ojos para mirar atrás. Peñarol quedó expuesto a un contragolpe.

Y cuanto menos lo esperaban y del jugador que menos se espera en ofensiva, Marcel Novick hizo revivir a Peñarol. Tomó la pelota cerca de la medialuna y abrió bien el pie para colocar la pelota lejos de las manos de Odriozola para poner el empate.

Surgió otro partido. El de la insistencia aurinegra contra la resistencia picapiedra.

El problema de Peñarol es que atrás fue un tembladeral. Los laterales se equivocaron seguido y Ronaldo no trasmitió seguridad.

A poco más de 10 minutos del final una pelota quieta le dio nuevamente a Rampla la ventaja con cabezazo de Alex Silva -el ramplense-.

Rampla, el de los mil problemas, le provocó una herida produnfa a Peñarol. Y cuando el partido se iba, cuando en el Campeón del Siglo se insultaba más de lo que se apoyaba, Affonso primero de cabeza y luego en posición fuera de juego, decretó la locura aurinegra para mantener con vida al equipo.


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