Los lusos le amargaron la vuelta

El retorno de Luis Suárez en el clásico de España distó mucho de lo esperado; el salteño estuvo perdido y pese a una asistencia, su equipo perdió 3-1 con goles de Cristiano Ronaldo, Pepe y Benzema

Justo ante Real Madrid en el Estadio Santiago Bernabeu, cuando todas las miradas estaban posadas sobre él, le tocó a Luis Suárez volver a la actividad luego de la necia sanción impuesta por FIFA en el episodio junto a Giorgio Chiellini.

Y por más que la historia del delantero salteño está repleta de capítulos insólitos, que hablan de la superación y el carácter como forma disciplinada de alcanzar el éxito, como los dos goles a Inglaterra luego de recuperarse de una intervención quirúrgica en la rodilla y de pisar la cancha casi sin entrenar, el capítulo de ayer no le regaló una sonrisa.

Mucho se habló en lo previo y Luis Enrique jugó a las escondidas hasta faltando 20 minutos, cuando se conoció la noticia de que Suárez sería titular.

El estratega blaugrana se dejó llevar por su instinto y, al menos por un rato, no se equivocó.
Apenas comenzado el partido, Suárez recibió hacia la derecha -jugó pegado a la banda durante todo el primer tiempo- y jugó la pelota hacia el medio para que Neymar, luego de un buen desmarque de Messi, pusiera el 1-0 a los cuatro minutos.

Todos intuyeron una fiesta blaugrana en el Bernabeu, menos los obstinados hombres de Carlo Ancelotti, quienes tenían el libreto del partido aprendido a la perfección.

Luis Enrique optó por un 4-3-3, con Busquets como pistón de marca junto a Xavi e Iniesta a sus costados.

El DT se jugó a un tridente ofensivo con Neymar hacia la izquierda, Suárez pegado por derecha y Messi con libertad para moverse por la calle central, pero la disposición de sus hombres rompió un circuito clave en el juego catalán.

Barcelona fue un equipo anodino, partido entre sus líneas y sin llegada de los volantes externos, sin capacidad física para recuperar metros cuando Real Madrid tenía la pelota.

Eso hizo que a la sociedad Messi-Neymar le faltaran dos aristas para completar el rombo ofensivo.

Suárez estaba descolgado en una posición que no siente como natural e Iniesta muy relegado.

Real Madrid tuvo la virtud de no perder la paciencia con el gol y seguir insistiendo con su juego vertical y dinámico de la medular hacia delante.

Carvajal y Marcelo dejaron su marca por las bandas, con desborde constante y clausurando sus laterales.

El tándem Modric-Kroos, titiriteros silenciosos de este Real Madrid, hizo olvidar la clase de Xabi Alonso y funcionó como una perfecta maquinaria de quite y distribución.

James Rodríguez por izquierda e Isco por derecha fueron el complemento ideal para un Benzema que volvió a demostrar su influencia.

Pero el juego de Suárez no terminó con la asistencia a Neymar, sino que a los 23 minutos volvió a ponerse el traje de asistidor para servirle a Messi el 2-0, aunque una magnífica intervención de Iker Casillas dejó todo en la nada.

El Pistolero tuvo una chance, ya que a los 27 recibió de Neymar en el área y fue Sergio Ramos quien impidió el remate del uruguayo.

Pero la tónica del partido marcaba que ante la dinámica de Real Madrid, Barcelona sufría en su zona defensiva.

Ancelotti planteó un equipo corto, agresivo y con la llegada de al menos seis hombres en ataque, con una clara predisposición a ofender por la banda derecha, dado el bajísimo nivel mostrado por Dani Alves.

Ya en el minuto 35, un desborde Marcelo no pudo ser contenido por Piqué que detuvo la pelota con su mano y el árbitro pitó penal.

El encargado fue Cristiano Ronaldo, que dejó sin invicto la marca de 755 minutos del arquero chileno Claudio Bravo.

En el complemento, la superioridad anímica de Real Madrid abrumó a un Barcelona que se dedicó a tocar el balón sin trascendencia.

A los 50 minutos el partido se quebró en favor del local para no tener retorno en el marcador.

La pelota quieta, reina en una liga donde se apuesta al juego bónito como prédica, fue la encargada de que Pepe ganara en las alturas y sentencie la suerte de Bravo para dar vuelta el partido.

Barcelona buscó despertar del letargo y se acercó al arco de Casillas con más ganas que ideas, pero un error garrafal entre Javier Mascherano y Andrés Iniesta a la hora de rechazar una pelota en la banda, provocó que Isco ganara la pelota y, previa combinación con James Rodríguez, Benzema pudiera ponerle la firma al 3-1 y bajarle el telón al partido.

Suárez fue cambiado y silbado por un Bernabeu que le temía.

El sueño fue una pesadilla.


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