Los jinetes de la tormenta

Bajo lluvia y granizo, River y Wanderers jugaron un partidazo yendo al frente con fidelidad a sus ideas: el bohemio lo ganó con un agónico tanto

Haga un simple ejercicio. Cada vez que se ponga frente a la tele o vaya a una cancha para ver un partido de fútbol uruguayo, anote cuántas veces los equipos le pegan a la pelota despiadadamente del fondo. Usted llenará de cruces su bloc de apuntes. Siempre y cuando no jueguen River Plate o Wanderers.

Porque estos dos equipos juegan a “otra cosa”. Tratan bien la pelota, salen jugando del fondo, proponen un fútbol veloz y miran el arco de enfrente sin reparos. Este domingo se enfrentaron en el Saroldi y si bien el resultado indica que ganó Wanderers 2-1, el que realmente ganó fue el fútbol.  

Los dos fueron al frente con sus irrenunciables ideas. River con un 4-4-2 con velocidad por afuera y buen trato de balón por adentro pese a alinear cinco suplentes con respecto al equipo que le ganó el jueves a Universidad Católica por la Copa Sudamericana.

El darsenero dominó los primeros 45’ con la salida rápida de Luis Torrecilla por izquierda, la adecuada distribución de balón de Gabriel Marques y la incisiva movilidad en ataque de Leandro Rodríguez.

Coqueteó el gol con un remate alto de Walter Vaz y un tiro libre de Torrecilla atajado por Cristóforo. Y su juego tuvo pendientes siempre a los carrileros bohemios que poco pudieron proyectarse en ofensiva para desarticular el sistema 5-3-2 en 3-5-2.

Pero aún maniatado por la mayor intensidad de juego rival, el bohemio se mostró peligroso cuando logró llegar en ataque conectando a Riolfo con los puntas Blanco y Albarracín que siempre que pudieron probaron de media distancia llevando peligro.

Sobre el final, Leandro Rodríguez metió un cabezazo que salvó Cristóforo. River mereció más, pero al entretiempo se fueron empatados.

En el complemento cambió el trámite. Wanderers se paró más arriba y sus sociedades de juego se activaron.  

La tormenta se desató y la cancha invitaba más al remate de afuera del área. Probó Blanco, Nicola Pérez dio rebote y Olivera, lateral pescador, la encontró para anotar el 1-0.

El partido, abierto, ganó más intensidad aún. Almada se jugó sus cartas: Techera, Santos y el Morro García.

Un tiro libre al borde del área le dio el empate tras precisa ejecución de Techera al palo del golero.

La resistencia de Wanderers, ya muy retrasado, parecía ceder.

Pero de tanto ir, River dejó espacios. Se dio cuenta Blanco que probó con un remate por derecha y una sutil asistencia de cabeza a Riolfo que estrelló su remate en el palo. Y en los descuentos se equivocó Ángel Rodríguez con un pase atrás y Colombino, que salió a presionar por las dudas, capitalizó el regalo ante floja respuesta de Nicola Pérez.

Wanderers se fue del vestuario escuchando una alegre cumbia en el equipo de música de Olivera. La banda sonora del de River debió ser la triste melodía de Riders on the storm, de los Doors.      




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