Los hermanos Hannibal

Lothar y Hans, nietos de alemanes pero bien uruguayos, son una de las revelaciones del Circuito Nacional de beach volley

Desde que en 1991 Jonathan Demme rodó El Silencio de los Inocentes, Hannibal (el crudo retrato que Anthony Hopkins le dio al Doctor Lecter) mete miedo. Lothar ni siquiera era nacido entonces. Su apellido ronda ahora las canchas del beach volley uruguayo y despierta curiosidad. Pero tanto él como su hermano Hans son buenos botijas. En la vida y para el deporte ya que este año se convirtieron en una de las revelaciones del Circuito Nacional de beach volley.

“Somos de San José, vivimos en el kilómetro 37 en Colonia Wilson, a cinco kilómetros de Playa Pascual”, contó Lothar a El Observador.

“Mis abuelos eran alemanes y mis padres siempre jugaron al vóleibol. Yo empecé con papá a los 12 años jugando en la Liga margata”, explica Lothar.

“Nos pusieron estos nombres por tradición y porque con el apellido pegaban bien”, dice.

Lothar, 1,80 metros, tiene 20 años y estudia Ingeniería. “Voy en ómnibus, me demora una hora”.

“Jugué al fútbol cuatro años en Campana (equipo de San José), de Cuarta a Primera donde estuve dos años hasta que dejé por la facultad”, explica.

Hans, 1,90 metros, tiene 16 y cursa en Libertad Quinto científico. También jugó al fútbol pero un solo año ya que cuando recibió la convocatoria para la selección sub 15 de vóleibol optó por este deporte. El año pasado jugó en la sub 17.

“En 2011 se nos dio por jugar el Circuito Nacional. Fuimos sin entrenar. Debutamos en Punta del Este y ganamos en la categoría C. Después fuimos terceros en la B y ascendimos a la A donde estuvimos dos etapas. Nos dimos cuenta de que podíamos competir”, recuerda Lothar.

El año pasado se entrenaron más fuerte. “Papá es personal trainner y nos hace los planes de entrenamiento y en casa montamos una casa de beach para entrenar. También consultamos un médico deportólogo para tomar complementos alimenticios”, explica.

“En 2012 estuvimos todas las etapas en la A salvo una que descendimos. Nuestras mejores posiciones fueron un octavo puesto”.

Este año elevaron el nivel. En la cuarta fecha, en Atlántida, alcanzaron por primera vez el podio al terminar en el tercer lugar.

“Este Circuito Nacional creo que empezó débil en organización pero en las etapas siguientes mejoró mucho. Ahora se piensa mucho más en el jugador. El año pasado pagábamos $ 600 y no nos daban nada. Ahora nos dan indumentaria para jugar en cada etapa, regalos, Gatorade, nos consiguen alojamiento. Todas esas cosas incentivan al deportista”, afirma Lothar.

Matemáticamente, Lothar y Hans ya están clasificados al Gran Masters Final de Pocitos (están cuartos, clasifican ocho) porque van a competir este fin de semana en la última etapa puntuable para el ranking, en Trinidad.

“Ese era nuestro objetivo para este año y nos tiene contentos. Para más adelante queremos seguir entrenando y mejorando porque no nos hemos planteado metas a largo plazo”, concluye Lothar. El mayor de los Hannibal, que de a poco empiezan a meter miedo en el beach volley.
 
 
 
 


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