Los grandes y la Libertadores: sin margen para ilusiones

El sorteo de una nueva edición de la Copa renueva las ansias en Nacional y Peñarol, pero lo mostrado en el último año tira los sueños por el excusado

El martes a la noche se sorteó en Asunción una nueva edición del torneo más importante a nivel clubista de nuestro continente, una suerte de espectáculo donde hubo tiempo para la emoción de los homenajes y para calcular ilusiones sobre los rivales de turno.

Pero estamos fritos. Ya desde los homenajes quedó clara la tendencia. La familia Forlán fue galardonada por su historial de gloria por Copa América defendiendo a la selección y Nacional recibió una distinción por haber participado de forma consecutiva en las últimas 20 ediciones de la Copa.

Ambos galardones son meritorios y nadie puede discutirlos, pero el primero fue con la camiseta de la selección y en el segundo el mejor resultado en 20 ediciones fue llegar a una semifinal. De gloria a nivel de clubes, no hay rastros.

La historia de los grandes del fútbol uruguayo está grabada a fuego en sudamérica, cinco libertadores para un lado, tres para el otro, seis copas intercontinentales entre los dos y una cantidad de finales perdidas que también son meritorias por el camino recorrido.

Pero hay una realidad que duele, lastima y hace un diagnóstico que muchos no quieren ver: las imágenes son en blanco y negro.

Nacional, último campeón del certamen, tuvo que esperar hasta 2009 para ilusionarse con un equipo que fue despachado por Estudiantes de La Plata en semifinales.

Peñarol, el más ganador de este torneo, estuvo a un gol de la gloria ante Santos pero volvió con las manos vacías. Pese al temblor que genera una derrota de esa magnitud, los mirasoles encontraron en 2011 una oportunidad deportiva (se invirtió en un Centro de Alto Rendimiento y se revolucionó la estructura de juveniles) y de negocios, ya que explotó el padrón social para sumar nuevos socios.

Sin embargo, la campaña de 2011 fue un oasis en el fútbol uruguayo, ya que en las posteriores ediciones los grandes dieron lástima y solo Defensor Sporting se animó a meterse entre los cuatros mejores del continente.

El cierre del año nos regala la maravillosa oportunidad de la autocrítica y todos debemos hacer el ejercicio, jugadores, entrenadores, dirigentes, jueces y periodistas, para no hacer llegar el mensaje equivocado.

Sin embargo, ayer se volvieron a escuchar las voces del "vamos por la cuarta" y "vamos por la sexta", nada más alejado de la realidad y más cercano a la exportación de humo.

Para intentar ganar la Copa Libertadores, los equipos deberían apostar a un plantel competitivo, planificar la temporada en base a los partidos que el equipo jugará en esa competición y dejar el campeonato local en un segundo plano, porque la conformación de los planteles uruguayos (con una base de juveniles y tres o cuatro veteranos que llegan para cerrar el círculo) no está apta para la doble competencia, al margen de que la idea de juego de los grandes es precaria desde el contenido.

Bengoechea y Munúa se someten a la picadora de carne de la presión, donde solo vale ganar sin importar las formas, pero son las formas las que llevan a los logros duraderos a través de un patrón de juego.

Pero el déficit mayor no lo tienen jugadores ni entrenadores y está en las pequeñas disputas que los grandes se tiran de un lado al otro. Que la maqueta, que el estadio FIFA, que el año 13, que el acta de fundación, que el debate del decanato y la bandera gigante.

forlan y fernandez

Los grandes, que de entrecasa están para la chiquita de comprar localías y protestar por los arbitrajes de turno, son chiquitos afuera y eso quedó demostrado cuando equipos como Liga de Loja, Real Garcilaso, Olmedo, Godoy Cruz y hasta Atlético Nacional humillaron a los grandes en Montevideo.

El fútbol se globalizó, las tendencias de entrenamiento son mundiales y los reclutadores están a la orden del día. El mundo donde los grandes ganaban con la camiseta ya no existe.

Por más que los fanáticos no lo entiendan, Nacional y Peñarol deben funcionar como hermanos, potenciarse, alimentarse, competir y exigirse, para que no los devoren los de afuera. Eso es posible, aún cuando los hinchas del folclore (no del fútbol) reclamen las bromas del fin de semana.

Un reparto adecuado y equitativo de los derechos económicos de la televisión, una inversión a juveniles con un proyecto a largo plazo y la competencia por potenciar cada club con la mirada hacia afuera, pueden devolver a bolsos y carboneros al sitial de privilegio.

Ojalá cuando termine la Copa, usted se indigne con esta columna y pueda criticar a quien escribe con el título de campeón en la vitrina.

Yo creo, humildemente, que vamos a seguir esperando.


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