Los fantasmas del ayer

Sin fútbol, con 10 jugadores, pero con mucho corazón, Nacional le empató en la hora a Peñarol

Diego Polenta bancaba solo el fondo, Diego Arismendi era un soldado de primera fila que marcaba el norte con la espada y Rodrigo Aguirre estaba dispuesto a llevarse 11 muros por delante como si fuera una topadora humana. El tic tac del reloj era ya desesperante. Nacional no jugaba a nada y Peñarol tenía uno más en la cancha. Pero los fantasmas del pasado reciente se agitaron, una vez más, y lo que era triunfo cantado aurinegro terminó en empate. Y sabor a victoria tricolor.

Porque Nacional se lo empató de atrás 1-1 en la hora a Peñarol, estiró una racha invicta de tres años ante su clásico rival y quedó como líder exclusivo del Torneo Apertura.

Jugó mejor el equipo de Leonardo Ramos el primer tiempo con Gastón Rodríguez sorprendiendo como volante externo por derecha pasando Nahitan Nandez, que venía fenómeno por esa banda, al doble 5 donde estaba suspendido Marcel Novick.

Con más decisión para pelear las segundas pelotas, en un partido donde jugar en largo desde el fondo fue regla, el aurinegro marcó la cancha en los primeros 45'.

El equipo de Martín Lasarte, que apostó a mantener su sistema 4-2-3-1 con Tabaré Viudez y no con Álvaro González para reforzar la marca del mediocampo,, jugó un pobrísimo primer tiempo.

Lejos de ser el equipo explosivo que desbordaba a sus rivales con el 2-1 por afuera de extremos y laterales, fue una expresión tímida, mucha más preocupada por minimizar al rival que por potenciar sus fortalezas.

Por eso se lo vio al Colo Romero jugando hacia las bandas para cortar la conexión de volantes y laterales aurinegros y a Arismendi bien recostado sobre los centrales para tomar a Mauricio Affonso en los envíos largos.

Y más que minimizar a Peñaro, Nacionall lo hizo crecer, sobre todo cuando Nandez copó la parada en el medio, los externos se soltaron y los laterales acompañaron por afuera.

El aurinegro llegó en ofensiva con mucho más gente que su rival donde Hugo Silveira quedó aislado del resto y donde Kevin Ramírez fue una pálida sombra de ese puntero potente y veloz que deslumbró en las primeras fechas del campeonato.

Iban 30' cuando Hernán Petryk trepó con previo aviso –a los 24' le puso un centro a Junior Arias que cabeceó desviado– y sacó un centro pasado que terminó en la apertura del marcador.

Affonso forzó a Rafael García a un defectuoso despeje al medio, el Cebolla probó suerte y la tuvo porque un rebote en el travesaño le dejó servida la pelota a Arias que cabeceó con notable intuición de arco.

Pero cambió el viento en el complemento. Forzado por las circunstancias, Nacional adelantó líneas, Romero comenzó a dar su clásico paso al frente y Arismendi se transformó en el eje del partido: cortó tirándose a los pies rivales, distribuyó y empujó a los suyos.

Polenta desactivó todos los esbozos de contragolpes. Peñarol no aprovechó nunca el espacio. Ni 11 contra 11 y mucho menos con el jugador de más, producto de la expulsión de Brian Lozano que entró a los 58' y se fue a los 73' por dos faltas contra Nandez.

Y Aguirre, que había entrado por Lozano, lo cambió todo. Puso primero la potencia que Ramírez no tuvo por izquierda y luego la movilidad de la que careció Silveira por el centro del ataque.

Es cierto que tuvo que ser expulsado a los 75' por una durísima entrada sobre Nandez. Pero fue el hombre que olió la racha que Nacional arrastra con Peñarol.

A los 78' Guruceaga le sacó un gol con una atajada imposible. Y aún así no bajó los brazos. En la hora, contagiado por Arismendi que se fue a jugar de 9, pescó un rebote afuera del área y clavó un misil imponente en un ángulo y lo que era derrota tricolor se transformó en empate con sabor a triunfo.


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