Los costos inviables del fútbol uruguayo

Los ingresos ínfimos y los enormes gastos de varios clubes demuestran que el fútbol profesional uruguayo navega en el mar del absurdo; Fénix tuvo que hacer un seguro para no perder plata ante Peñarol

El Contador Damiani solía decir que los fines de semana se levantaba de madrugada para ver como estaría el tiempo para el partido de Peñarol. Su inquietud estaba incentivada en saber si esa tarde contaría con una buena recaudación, una preocupación que resiste el paso del tiempo.

El dirigente decía en 2002: “Se habla de millones de dólares y la plata que entró por el partido ante Central no alcanza ni para pagar un desayuno en Los Aromos”. ¿Sabe cuanto le quedó a Peñarol por ese juego?: 126 dólares.

Si esta realidad la padecía Peñarol desde hace tiempo, ¿qué queda para los clubes chicos, jugados toda la vida a la recaudación de los partidos contra los grandes? Si Damiani se levantaba de madrugada a mirar la ventana los dirigentes de los equipos en desarrollo deben prender velas la noche anterior para que no llueva.

Es que la cruda realidad marca que la mayor parte de los partidos de Primera División se juegan a pérdida. La conclusión no es nueva, pero para colmo de males, en los últimos tiempos tanto la violencia como las medidas de seguridad complican a los aficionados que aún tienen intención de ir a las canchas.

¿Cuánto cuesta organizar un partido, habilitar el Centenario o abrir las puertas de su propia cancha? ¿Cuál es el costo operativo de un club para tener a su equipo competiendo a nivel profesional?

Fénix es el antecedente más reciente de un equipo que negoció con un grande para asegurarse un seguro por concepto de venta de entradas. El club de Capurro recibirá esta noche a Peñarol en el Estadio Centenario.

Fénix no tiene su cancha habilitada para recibir a Peñarol. Analizó la situación y llegó a la conclusión de que los aurinegros venden un promedio de 6.200 entradas por partido. Conclusión: abrir el Centenario reportaría un déficit que no estaban dispuestos a cubrir. Por eso querían llevar el partido al Tróccoli, ya que les ahorraba un ítem importante en gastos. Pero se encontraron con la negativa de la Policía, que no estaba dispuesta a tener un partido a metros del masivo operativo retorno por Semana Santa en los accesos. Pidieron Jardines, pero Danubio argumentó que el jueves jugaba la Sub 20 y no quería que le rompieran la cancha. En el Franzini no se puede por feria de los domingos. El Viera tenía la Rural.

El presidente Álvaro Chijane no tuvo más remedio que se sentarse a negociar con Peñarol para jugar un lunes de noche en el Centenario, y terminó consiguiendo un seguro: los aurinegros le aseguran el equivalente a 12 mil entradas, lo que garantiza que la visita al Centenario, si no da beneficios, al menos no se transforma en una pesada carga. El técnico Juan Tejera había pedido hacerlo en una cancha de dimensiones chicas pero la directiva hizo lo contrario, yendo contra los intereses deportivos. ¿Cómo se explica?

Los gastos del partido.

A Fénix, habilitar el Centenario le cuesta unos $ 600 mil. Tiene un costo de $ 300 mil de alquiler y otros $ 300 mil más entre seguridad, $ 22 mil de gasto de luz –porque el partido se juega de noche-, porteros, boleteros y los gastos comunes de siempre, como los siete jueces entre Primera y Tercera, en lo que se gastan $ 18 mil.

Bajo estas condiciones, ¿cuántas entradas tendría que vender para salvar los costos? “Si se venden 4.000 tenemos para cubrir alrededor de $ 280 mil de gastos”, reveló el presidente del club albivioleta, Álvaro Chijane, a El Observador, lo que graficaría un pésimo negocio para el club. La línea de flotación para un partido cómo éste rondaría las 9 mil entradas. Con el seguro de 12 mil entradas, Fénix se asegura una ganancia de $ 300 mil, que penas le da para cubrir un apenas un poco más del 10% del presupuesto mensual.

Si Fénix hubiese fijado el Parque Capurro, abrir la cancha ya tiene un gasto de $ 115 mil. A ello sume que merma la recaudación porque es menor la capacidad y porque los socios entran gratis. “Para que tengan una idea, en el partido contra Miramar perdimos $ 52 mil”, comentó Chijane.

El elenco de Capurro tiene un presupuesto de US$ 110 mil, repartidos entre su plantel principal y las formativas. A los gastos de salarios debe sumar: mantenimiento de cancha, luz, agua, mantenimiento del complejo deportivo, gastos en sede social, BPS. “En diciembre se abonaron $ 215 mil al BPS”, reveló Chijane.

Los ingresos mensuales.

Los ingresos que se perciben no alcanzan para los gastos. La empresa Tenfield paga 28 mil dólares destinados a pagar 25 contratos mínimos de los jugadores. Mientras que Antel, por ser sponsor en la camiseta, brinda US$ 18 mil anuales y el teléfono gratis (unos 23 mil dólares).

La cuota anual en Fénix vale $ 1.500 y habilita al socio a entrar gratis cuando el equipo es local. El club de Capurro tiene alrededor de 2 mil socios, lo que le da 12.500 dólares por mes.

Pura pérdida.

Todos esos ingresos mencionados significan US$ 44 mil mensuales, lo que de entrada de una pérdida de US$ 66 mil por mes, a no ser por los de sponsor en la camiseta, que los clubes declinan informar. La única que brindó dineros importantes fue la selección (ver infografía) pero muchos equipos se quejan de que el reparto no es justo porque jugadores y cuerpo técnico se llevaron la tajada más grande de la torta.

El caso de Danubio

La vieja creencia de que los clubes en desarrollo salvan el año jugando contra los grandes se cae ante la evidencia empírica. El presidente de Danubio, Oscar Curuchet, reveló a El Observador: “El club pierde dinero en todos los partidos. Cuando se juega con Peñarol y Nacional se ganan entre 30 mil o 40 mil dólares que no cambian en lo más mínimo el presupuesto de un mes. El presupuesto de Danubio es de 300 mil dólares mensuales. Por socios y derechos de TV entran US$ 700 mil anual. Si tenemos egresos por US$ 3.600.000 saquen la cuenta de cuanto estamos abajo”.

¿Cómo se logra el equilibrio? “Con la transferencia de jugadores”, dijo Curuchet, pero ahí ingresa la batalla con los representantes por los porcentajes.

Danubio tiene otras cosas que Fénix no cubre como presupuestos de formativas, el fútbol infantil de AUFI, la escuelita, y un sistema de captación de juveniles que es muy profesional. Pero el presidente Curuchet agrega más: “Los gastos de técnicos, profesionales como médicos, viáticos de juveniles. Tenemos un presupuesto de US$ 80 mil dólares en juveniles, más los gastos operativos del complejo Del Campo”.

“Es arena movediza porque vendés a uno, pagas para atrás, y otra vez te metés en créditos. Lo ideal sería vender un jugador por año pero ¿cómo lo logras?”, reveló Chijane.

“La mayoría de los partidos dan pérdida y la competencia de juveniles es costosa. Normalmente tenemos un promedio de no menos $ 200 mil pesos por mes de gastos”, dijo el presidente de Rentistas Mario Bursztyn.

Aquella vieja preocupación de Damiani perdura al paso del tiempo. “Las dos veces que a Racing le tocó jugar con los grandes llovió torrencialmente y perdimos US$ 25 mil”, dijo un dirigente del club. Otro tanto le ocurrió a Miramar Misiones que se fue a la B no sin antes generar un enorme déficit en el partido contra Peñarol, todo porque la naturaleza le jugó una mala pasada.

Esta noche Fénix juega con Peñarol. Y vistos estos números, los del tanteador serán quizás los que menos importen a los dirigentes. Síntoma de que el fútbol uruguayo vive en el mundo del revés.


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