Los conservadores

Gutiérrez y Bengoechea jugaron a no perder y se blindaron tras anotar sus goles

El miedo a perder marcó el pulso del clásico. Desde los planteos originales de los entrenadores. Desde la ejecución en la cancha de los jugadores. Y, sobre todo, desde las modificaciones que los técnicos propusieron inmediatamente al anotar.

Fue bien grande el empate. Peñarol jugó mejor los 30’ iniciales cuando Pacheco se combinó con Zalayeta y Urreta por derecha y con Diogo-Japo haciendo un 1-2 más explosivo por izquierda.

Nacional, diagramado para defender y anular el potencial rival, se refugió. Salió 10 veces del fondo con pelotazos largos y defendió exitosamente tres pelotas quietas picantes.

Su momento más crítico se dio entre los 25’ y los 30’ cuando Urreta intercambió su puesto con el Japo y puso en serios aprietos a Sebastián Gorga.

Pero fue el lateral tricolor, el que con un par de subidas criteriosas, cambió el curso de las acciones.

Nacional mejoró en los 15’ finales y Peñarol terminó arrinconado contra su campo saliendo a puro pelotazo del fondo.

El tricolor terminó cumpliendo así sus cometidos defensivos. Entre Porras y Romero controlaron a Pacheco mientras que Espino mandó toda la tarde por el lateral izquierdo con gran capacidad anticipadora.

En el complemento, Nacional adelantó sus líneas –inicialmente muy retrasadas– y controló más la pelota, sobre todo a partir del ingreso del Chino Recoba.

Entonces fue Peñarol el que extremó controles para evitar zozobras defensivas.

Así se fue dibujando un juego entreverado y deslucido donde abundó el pelotazo: Nacional optó por dividir el balón del fondo 18 veces y Peñarol lo superó ostensiblemente con 27 envíos largos, tan estériles como insoportables a la vista.

El gol, el táctico del fútbol, apresuró a ambos entrenadores al cambio. Nacional pasó a jugar con línea de cinco y Peñarol apostó por un enganche, Hernán Novick, en lugar de un doble 5, Sebastián Píriz.

El empate de Novick trajo idénticas e inversas consecuencias. Gutiérrez rompió la línea de cinco (le duró cinco minutos) y Bengoechea mandó a un zaguero, Gonzalo Viera, como volante tapón.

El resultado de tanto conservadurismo estaba escrito: empate.


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