Los caprichos del hincha

En la sexta final de la Liga Uruguaya, los parciales coparon los pasillos y la organización intentó desalojarlos pacíficamente pero no pudo: se jugó como ellos quisieron

Platea baja del Palacio Peñarol. Decenas de hinchas copan los pasillos que deben estar despejados por si se genera cualquier situación de emergencia. Caso contrario el partido no arranca, así lo anuncian por altoparlantes. Además, la seguridad privada y hasta un juez intentan un desalojo pacífico. No logran mover ni a un parcial. El partido se jugó como si nada.

Así es el hincha. Visceral. Tozudo. Ingobernable. No más se acercó el primer seguridad, enfundados sus tatuados músculos en una remera anaranjado flúo, se encresparon. Jóvenes y viejos. Flacos y gorditos. “No rompas las pelotas”, empezaron a espetar.

Se les explicó con buenos modales las razones por las cuales los pasillos debían estar libres. No hubo caso.

Después le tocó el turno al periodista-presentador Alberto Sonsol dar el aviso. Le llovieron insultos de todo tipo y color.

Más tarde se arrimó un integrante de la terna arbitral. Con buena cara y en un tono muy correcto… “Idiota, cobrá bien, hacé bien lo que tenés que hacer”, le gritó un hincha aguatero. Desencajado porque sí. “Yo no tengo nada que ver”, contestó el juez encogiéndose de hombros.

Un fotógrafo se arrimó a retratar el episodio. También lo insultaron. De yapa.  

No hubo caso. Los parciales no se movieron de la zona prohibida y dos minutos después de la última advertencia del árbitro, que el partido no comenzaba y que parecía no tener vuelta, el encuentro de la sexta final de la Liga Uruguaya de Básquetbol entre Aguada y Defensor Sporting en el Palacio arrancó como si no se hubiera dicho nada al respecto.

La única que logró el cometido de que un par de hinchas (¡un par de hinchas!) se sentaron fue una joven que no podía ver desde la cuarta fila de la platea. El encanto femenino pudo más.

Pero desde que en el segundo tiempo Jeremis Smith se hizo echar los nervios del hincha aguatero se dispararon y ya todos lo siguieron de pie.

Fueron los momentos de mayor tensión en el partido. Algunos parciales saltaron las barandas para insultar a los jueces. Reclamaban la expulsión del estadounidense Gary Hamilton, quien provocó con un codazo la reacción de Smith.

A veces, las tensiones que genera un encuentro deportivo hacen pensar que todo puede estallar en forma violenta. Y sin embargo no pasó nada. Y no porque Aguada haya ganado: ya perdió tres veces en la serie final ante Defensor Sporting y siempre todo se desarrolló en paz.

Pero claro. Hay aspectos que tienen que ver con la construcción cultural del ser hincha. Y ahí es donde rige el “a mí no me manda nadie” o el “yo no armo lío, pero después hago lo que quiero”.

Y ese comportamiento se enmarca, dentro de estas finales de la Liga Uruguaya de Básquetbol, en el armado de un espectáculo excelente que intenta hacer del deporte lo que el deporte es en todo el mundo: show. Espectáculo.

Y a modo de balance, esos pequeños comportamientos caprichosamente rebeldes, terminan siendo una anécdota al lado de la fiesta deportiva. Del encuentro. De Defensor Sporting que esta vez sí, alentado por la posibilidad de ser campeón, llenó su tribuna y la decoró con globos violetas. Para disfrutar su cantera y un nuevo éxito que refleja un modo de sentir el deporte.

Y de la enorme hinchada de Aguada. Color. Empuje del alma y sostén del ánimo. Aliento incondicional que esta vez sirvió para mantener la ventaja que sacó su equipo. Y para darle forma al milagro del campeonato.

El lunes sigue esta historia, con los hinchas de siempre y con el Palacio Peñarol colmado.


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