Los cambios de Nacional: madurez y caracter

Con una defensa y un mediocampo que promedia los 30 años, Lasarte logró seguridad y triunfo

Nacional presentó el sábado en el Centenario frente a Fénix un equipo con un equilibrio anímico y futbolístico que no había conseguido en las primeras tres fechas del Uruguayo Especial. En la difícil tarea de encontrar la mejor alineación, una formación que le brinde seguridad defensiva, continuidad y triunfos, Martín Lasarte realizó cuatro cambios de un fin de semana a otro.

También propuso variantes posicionales y poco a poco va dejando de lado el guión de Gustavo Munúa en el semestre anterior y que intentó respetar en sus primeros partidos como una forma de saludar un trabajo bien hecho (aunque los resultados fueron esquivos) y al que los futbolistas se habían acostumbrado.

Lasarte probó distintas fórmulas, retocando, buscando, a veces por bajos rendimientos y otras por suspensiones o lesiones. El equipo del sábado tal vez se aproxime más a su idea, a su forma de concebir un equipo, con carácter, con personalidad, pero también con magia y con velocidad.

Nacional había recibido dos goles en cada uno de los tres partidos anteriores. La defensa no era el fuerte y fue quizá el cambio más brusco que presentó el tricolor. La entrada del colombiano Sergio Otálvaro le agregó experiencia porque el que salió fue Alfonso Espino, con lo que Jorge Fucile al lateral izquierdo. Además regresó el capitán Diego Polenta, hombre clave en la jugada que terminó con el gol de la victoria. Pero más allá de eso, fue sólido en su misión defensiva, aunque vale acotar que Fénix careció de peso en ataque.

Lasarte armó una línea de fondo con un promedio de 30 años. Esteban Conde (33), Otálvaro (29), Mauricio Victorino (33), Polenta (24) y Fucile (31). Mucha experiencia. El de menor edad es el capitán y referente del plantel, lo que marca la importancia que tiene Polenta en la vida actual de Nacional.

Delante de ellos presentó un mediocampo renovado, pero también experimentado. Santiago Romero (26), Diego Arismendi (28) y Martín Ligüera (35). No jugó Gonzalo Porras, cuyo nivel había decaído y lo hizo por primera vez Ligüera desde el arranque. El floridense, autor del tiro libre que definió el encuentro, agradeció al DT la confianza que le brindó de jugar los 90 minutos, aunque terminó con un dolor en la zona de aductores. El promedio de este sector del campo es de 29,6 años.

La juventud estuvo adelante, donde es necesario desnivelar con descaro, con velocidad y frescura. Brian Lozano (22), Kevin Ramírez (22) y Hugo Silveira (23). Acá la idea no varió. El técnico buscó desborde por los extremos y fuerza en el área.

Lo consiguió en el segundo tiempo. Lozano jugó sus mejores 45' desde que llegó a Nacional. Desfachatez para encarar a los rivales, pegada y buena triangulación con los compañeros, tanto por izquierda como por derecha.

Tal vez no rindió el máximo Ramírez, pero Lasarte tiene para ese sector a Tabaré Viudez, que mientras el físico se lo permita puede ser un jugador desequilibrante. De hecho, lo fue durante los minutos que estuvo en la cancha. Desafió a los defensores con su habilidad y Pallas lo desparramó en la medialuna. Ligüera se encargó del resto.

Tampoco fue un buen partido de Silveira de cara al arco, pero su físico permite molestar a los zagueros, desacomodarlos y no dejarlos jugar con tranquilidad. Le falta motricidad fina con la pelota. Pero ahí, la variante que tiene el técnico es Sebastián Fernández, para buscar por abajo.

En resumen, Nacional se hizo fuerte en defensa, ganó las pelotas aéreas que tanto le preocupaban a Lasarte y sacó adelante un partido difícil, ideal para moldear el carácter.


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