Los argentinos están desesperados por una copa

Tras 23 años sin títulos y dos finales seguidas, Argentina tiene un desafío gigante
Argentina es vice campeón del mundo. Tiene al mejor jugador del planeta. Cosecha el respeto de todo el mundo futbolístico. Tiene una generación elegida que ha demostrado una adhesión sin par.

Pero...

Messi tuvo una de sus mejores noches con la albiceleste el sábado en Foxborough en la goleada por 4-1 ante Venezuela que le dio el pase a semifinales y además por su logro personal al alcanzar al legendario Gabriel Batistuta como goleador histórico de la albiceleste, con 54 tantos.

Pero...

"Mi cabeza está en conseguir esa Copa que tanto deseamos", afirmó tras el partido del sábado.

El mejor jugador del mundo lidera una generación de grandes futbolistas integrada por Sergio Agüero (Manchester City), Angel Di María (Paris St. Germain), Javier Mascherano (Barcelona) y Gonzalo Higuain (Nápoles), que perdió dos finales consecutivas en menos de un año, el Mundial de Brasil-2015 y la Copa América Chile-2015.

El capitán argentino vio el vaso medio lleno, rescatando haber llegado a esas instancias.

"A veces no se habla tanto de lo que ha hecho este grupo, la gente se queda con el ganar o no ganar, no es fácil meter dos finales seguidas, y ahora estar nuevamente en una semifinal de Copa América tiene mucho mérito lo que hace y ha hecho este grupo", dijo Messi en la zona mixta del Gillette Stadium, en Foxborough, cerca de Boston.

23 años sin nada
No ganar quema, más en un grande como Argentina. Y si la espera es de 23 años, el título termina transformándose en una obsesión capaz de minimizar todo lo que ha hecho esta generación, y que las finales perdidas, como las del 2014 y 2015, se vuelvan fuego entre las manos.

Argentina también perdió las finales de Copa América en Perú-2004 y en Venezuela-2007, en ambos casos ante su archirrival Brasil, que también lo venció en la Copa Confederaciones de 2005, algo difícil de digerir.

Entre 2004 y 2015, la albiceleste, que llega como favorita a casi todos los torneos, jugó en total cinco finales (tres de Copa América, una de Confederaciones y una de un Mundial) y las perdió todas.

Esas derrotas están clavadas como una daga.

El equipo que dirige Gerardo Martino está muy bien enfocado en esta Copa América: ganó sus cuatro partidos con solidez, con una cosecha de 14 goles y apenas dos en contra.

Su defensa meses atrás no daba garantías y fue durante mucho el talón de Aquiles albiceleste, pero ahora parece bien plantada y segura, resguardando el potente poder fuego de su ofensiva que puede causar severos daños al rival.

"Antes de que empiece (el campeonato) ya nos planteamos un objetivo que es ser campeón, ya ni siquiera alcanza con llegar a la final. Llegar a la final y perder ya no sirve", dijo el experimentado Javier Mascherano, compañero de Messi en el Barcelona, el mismo que hace un año, tras perder la final de la Copa por penales ante Chile, lloraba y se planteaba hasta dejar la selección por ese perenne sufrimiento de no poder levantar una copa. "No encuentro una explicación... la verdad quisiera disfrutar con esta camiseta como nadie y, bueno, me toca sufrir", decía entre lágrimas.

Messi, el jugador que hace la diferencia, está enfocado, se lo nota participativo, con ganas, como un pocas veces se lo vio con la casaca albiceleste. Y todo vale para levantar la Copa el 26 de junio en el MetLife Stadium de East Rutherford, frente a Nueva York, hasta dejarse crecer la barba como cábala. Por ahora le está resultando. Pero desde mañana ante EEUU empieza el tiempo sin revancha, y la prueba de fuego para que esta generación por fin pueda ganar algo.