Lo que más le duele a la selección uruguaya

Para sufrir: la mayoría de los goles se recibieron de juego aéreo y media distancia

El 12 de octubre es un día para sufrir. Como pasó en las Eliminatorias. Como ocurrió en la Copa América con alargue y penales incluidos. Claro que se puede ganar, pero nadie podrá negar que el sentimiento de sufrimiento está impregnado al partido.

Uruguay enfrentará a uno de los equipos que reúne a tres o cuatro de los mejores delanteros de las principales ligas del mundo. Y es inevitable pensar que a Uruguay le van a apedrear el rancho.

Al poderío de un equipo que tiene a Messi, Di María, Higuían, Agüero, Lavezzi y Palacio entre otros, se suma una de las principales preocupaciones de los uruguayos que es la situación que le toca vivir al capitán Diego Lugano. Fue amo y señor en todos los clubes donde jugó hasta que desembarcó en Francia. De nada le sirvió el idilio cosechado en San Pablo. Mucho menos la locura que se generó cuando anunció su salida de Fenerbahce. Tampoco la cosecha en la selección. Después de una serie de partidos lo mandaron al banco. Y el inicio de la presente temporada lo encontró sin solución. Definitivamente el técnico no lo tuvo en cuenta.

Claro que Lugano tiene carpeta y oficio y ante Ecuador en el Centenario jugó un buen partido, lo que llevó un poco más de tranquilidad al fondo.

Está claro que el partido contra Argentina será de espera y no de propuesta. Pelota y protagonismo serán del elenco argentino. Como ocurrió en la Copa América de 2011, por lo que el trabajo defensivo cobra vital importancia en un juego de estas características. Al margen de las situaciones puntuales vividas por algunos jugadores celestes el equipo uruguayo tiene sus vulnerabilidades. Curiosamente, un arma con que Uruguay suele martirizar a sus rivales, como la pelota por elevación, también se padece. El juego aéreo y los remates de media distancia le duelen al elenco celeste. Por esa vía se recibió la mayor parte de los goles desde que Óscar Tabárez tomó la conducción del equipo. La selección uruguaya recibió 12 goles de cabeza y 10 con remates de media distancia. Pero hay un detalle más: los centros al segundo palo. Un arma que duele porque se necesita de extremo cuidado para contrarrestarlos. Son situaciones en las que se debe cerrar la ventana del fondo. En las pelotas detenidas el equipo de Tabárez es infalible. Que lo diga esta misma Argentina que la noche de Santa Fe sufrió con cada centro que viajó al área.

Ese es un aspecto del juego donde el entrenador dedica tiempo especial, tanto para defender como para atacar. La estadística es elocuente: de los 12 tantos recibidos por elevación solo uno fue producto de pelota quieta, el tiro de esquina en el amistoso contra Holanda en el que salió mal el golero Muslera. Después recibió goles  por esa vía, pero de rebote o de segunda pelota como ocurrió contra Paraguay en el duelo de Asunción. El tema es en situaciones de juego. Los balones metidos entre los dos zagueros suelen ser letales y después el centro al segundo palo.

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Los goles recibidos por Uruguay

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