Lo que cuesta, vale

En un durísimo partido, Peñarol le ganó 1-0 a Emelec y es líder del Grupo 4 de la Copa Libertadores

No jugó bien. Estuvo lejos de la compacta imagen mostrada ante Iquique de visitante. No fue efectivo por momentos, y después sufrió y se aferró al empate con uñas y dientes. Pero así es la Copa, y esta noche ganar era más importante que jugar bien. Así, dejando dudas pero haciendo lo que debía, Peñarol le ganó 1-0 a Emelec en el Centenario, quedó como único puntero del Grupo 4 y dio un importante paso hacia la clasificación.

A Peñarol le costó agarrar ritmo en el arranque. Como había hecho el aurinegro de visitante hace una semana en Chile, Emelec salió a presionar en toda la cancha, y provocó que la tenencia de pelota no fuera lo cómoda ni lo prolija que el equipo de Da Silva necesitaba para dominar.

Así, con un mar de piernas e n la mitad de la cancha, Zalayeta empezó a bajar para tener un poco más la pelota, mientras Estoyanoff y Aguirregaray, bien abiertos, buscaban ganar espacios.


A través del pelotazo largo, aprovechando la altura de Zalayeta y Olivera para pivotear, fue que el carbonero empezó a tener sus chances. Primero fue Olivera ganando por arriba para que la pelota le quedara a Aguirregaray, que se la dejó a Torres que venía por afuera y probó un zurdazo cruzado. Luego, a los 14’, fue Estoyanoff, tras asistencia de cabeza de Zalayeta, aunque el arquero ecuatoriano Dreer tapó bien.

De todos modos, el equipo ecuatoriano volvió a ajustar piezas en la zaga, y en la marca en todos los rincones de la cancha, aún cerca del área aurinegra, lo que impedía que laterales y volantes se soltaran más. Eso, y la falta de claridad de Peñarol con la pelota, hicieron que el carbonero tuviera el dominio territorial y de pelota, pero no pudiera tener opciones claras.

Entonces, la falta de claridad ofensiva de Peñarol le dio pie a los ecuatorianos para tener la chance más clara: a los 34, un mal despeje de Alejandro González le sirvió la pelota a Caicedo, que pateó y estrelló la pelota en el palo.

En el final de la primera parte Peñarol se fue desinflando: cada vez fue más difícil encontrar dos pases seguidos, y el dominio de 10 minutos antes desapareció. De todos modos, los ecuatorianos tampoco respondieron con pelota, y así el primer tiempo se fue entre bostezos.
El segundo tiempo arrancó con un Emelec con más dominio de balón, y la misma intención de mantener gente arriba para no dejar que Peñarol desprendiera hombre en ataque. El peligro aurinegro siguió llegando por arriba, aunque siguió careciendo de prolijidad con el balón. Y para peor, daba la sensación de que los ecuatorianos jugaban más cómodos que nunca, apostando al pelotazo con criterio, buscando a delanteros que siempre esperaban bien parados para la contra.

Pero si una virtud ha tenido el carbonero esta noche es que, aún sin claridad, nunca se cansó de buscar. Entonces, en la primera en que Alejandro González pudo desbordar, llegó el pase al medio, el rebote, el buscapié de Estoyanoff y la definición de Olivera para el 1-0.

Como si el gol hubiese sido un esfuerzo supremo para lo que era el partido, allí acabó el juego ofensivo aurinegro. En los minutos finales se tiró –demasiado.- a defender el empate, y Emelec se le vino. Entonces el carbonero terminó el partido aferrado al tanto, guapeando y esperando que el tiempo pasara. Poco le importará al hincha de Peñarol, que ganó en la noche que debía ganar, es líder del Grupo 4 con puntaje ideal, y se acerca a la clasificación.


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