Lo que andaba no anduvo

Uruguay pasó de dominador a dominado y tuvo, en el global, varios puntos flojos en defensa y ataque
Enviado a Chile
El fútbol es maravilloso por cosas como las que sucedieron ayer. Un intervalo de 15 minutos puede cambiar el trámite de un partido y hasta la andadura de un equipo en una Eliminatoria.

En el triunfo de Chile ante Uruguay por 3-1, el partido tuvo dos capítulos bien diferentes, con Uruguay, que pasó de dominador a dominado en apenas 90 minutos, y que reflejó que Chile tiene jugadores de calidad y carácter para revertir el escenario desfavorable del principio.
Dominador en el inicio

Uruguay tuvo un inicio demoledor desde el juego, con una aceitada dupla entre Luis Suárez y Edinson Cavani, que tranquilamente pudo haber anotado dos o tres goles en la primera media hora. ¿El secreto? Un pressing en tres cuartos de cancha fue la herramienta de la que se valió Uruguay para pisar fuerte en Santiago.

Para Chile reventar la pelota es un pecado y esa intensidad de Uruguay lo incomodó. Sus volantes no entraron en juego con la pelota, los delanteros estaban aislados y hasta el propio Claudio Bravo tuvo que lidiar con los compromisos que le tiraron sus compañeros de la última zona.

Una combinación desde la derecha del ataque uruguayo dejó a Suárez en posición de asistidor y Cavani, que remató a la carrera sin parar la pelota, obligó a Bravo a la primera ovación de la noche.

Minutos más tarde, otra jugada colectiva de Uruguay terminó en una descarga atrás que el propio Cavani tiró por encima del travesaño. Uruguay era un torbellino, generaba situaciones, tenía a su rival acorralado pero no concretaba, algo que a la larga le costaría muy caro.
Hasta el gol. Carlos Sánchez peinó una pelota que obligó al error defensivo de Chile, Suárez tuvo un gesto técnico acorde a su calidad y Cavani, cumpliendo el viejo dicho de que la tercera es la vencida, no perdonó para enmudecer al Estadio Nacional.

En el primer tiempo Uruguay ejerció un dominio psicológico y colectivo ante el actual doble Campeón de América y eso es un mérito relevante.

Pese a estar en ventaja, Uruguay fue por más, siguió atacando ante un Chile que había sentido el impacto y otra vez Cavani fue protagonista de una jugada que levantó temperatura.

El salteño del Paris Saint-Germain fue a buscar una pelota al área cuando fue derribado por Bravo y el zaguero chileno Gary Medel. Era penal, pero el paraguayo Enrique Cáceres desestimó la acción, apeló al siga-siga y los celestes masticaron la bronca.

Una distracción fue fatal. Por los méritos para irse al descanso ganando y por el peso de un gol psicológico en los minutos finales. Eduardo Vargas puso el 1-1 en un ataque en el que Matías Vecino, de gran partido hasta ese momento, perdió las marcas en su zona de influencia. ¿El partido cambiaba si se cobraba el penal? Es probable, pero Chile mostró también en el segundo tiempo sus armas para dar vuelta una noche negativa.

Dominado en el final
En el segundo tiempo el partido fue totalmente diferente, Uruguay careció de peso, Chile impuso su fútbol con comodidad, le quitó la pelota a los celestes y jugó a sus anchas. En esas condiciones, Suárez y Cavani fueron meros observadores de los goles de Alexis Sánchez que liquidaron las chances celestes.

Fue una pesadilla porque, al margen del resultado negativo, Uruguay tuvo puntos bajos que hasta el momento no había tenido. Maximiliano Pereira sufrió como nunca por el lateral derecho, le ganaron siempre la espalda y nunca pudo proyectarse con peligro, Fernando Muslera tuvo una noche muy floja con incidencia en los dos últimos goles, Cavani erró dos goles en el primer tiempo y Suárez, cuando fue llamado a actuar desde el punto penal, tampoco pudo festejar.

Para colmo, el árbitro paraguayo, de muy mal trabajo, amonestó a Muslera y a Suárez en una muestra de exageración y dos de los referentes del equipo celeste no estarán ante Brasil en el Estadio Centenario en la próxima fecha.

Sin embargo, no todo es negativo. En muchos partidos, Uruguay obtuvo puntos sin generar muchas situaciones y en Santiago tuvo cerca de media docena, algo que debe valorarse en forma positiva.

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