Lo ganó con la camiseta

Tras sufrir un martirio ante Rentistas, Nacional reaccionó y revivió su ilusión de pelear el título
Sábado 21 de noviembre, Jardines del Hipódromo. Tras perder 2-0 contra Danubio, el entrenador de Nacional Gustavo Munúa declara: "Si Peñarol le gana a Wanderers, este Apertura está cerrado". Pero Peñarol empata y reparte vidas extra a sus enemigos. Jueves 26, Los Céspedes. La inyección de optimismo genera escaso efecto esperanzador en Munúa: "Queremos ser campeones uruguayos y el Campeonato Uruguayo se definirá en junio". Pero el sábado Peñarol vuelve a resbalar. Empata contra Plaza Colonia y reaviva ilusiones ajenas. Nacional necesita ganarle a Rentistas. Sea como sea.

Y así fue. El tricolor le ganó este domingo, de atrás y a los ponchazos al bicho colorado (3-2) y quedó a un solo punto del aurinegro cuando queda una fecha por disputarse.

Jugó mal y fue fácilmente maniatado cuando el partido le exigía protagonismo.

Cuando quedó en desventaja, exhibió problemas defensivos inconcebibles para un equipo que está definiendo un campeonato.

Pero así y todo, ganó. Con ganas y con ímpetu, pero también con algunas ideas futbolísticas que afloraron en el medio de la tormenta.

Rentistas llegó al Parque Central a recitar de memoria el manual sobre cómo incomodar a Nacional.

Le presionó la salida con sus dos puntas, Gonzalo-Mastriani y Guillermo Maidana, sobre los zagueros, y su enganche, David Terans, sobre Sebastián Eguren que cada vez que Nacional tomó posesión de la pelota se hundió en la zaga para ser distribuidor y eje de equilibrio.

Por detrás de ese trío, el entrenador Valentín Villazán paró una sólida línea de tres (Rodrigo Vázquez-Hugo Soria-Matías Mier) que frenó el avance de los laterales albos y el armado que procuraron los Gonzalo Porras (incómodo al no ser él el organizador del juego), Matías Cabrera (muy impreciso) y Rodrigo Amaral (el más lúcido, ya que cada vez que entró en contacto con el balón, encaró y generó juego).

Con esa escenografía, Sebastián Abreu debió sacrificarse corriendo pelotazos largos y Sebastián Fernández pasó inadvertido.

Sin embargo, un grosero error arbitral de Christian Ferreyra abrió el partido al ver penal en una acción donde Amaral se tiró hacia la pelota desde afuera del área y tocó apenas el pie de apoyo de Erick Cabaco. Insólito. Abreu anotó, con suspenso, el 1-0.

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Pero había jugado tan mal Nacional que el empate llegó sin que Rentistas hiciera grandes méritos para alcanzarlo.

Terans le puso veneno a un tiro libre (también mal cobrado), Esteban Conde reaccionó fuera de tiempo y Cabaco la empujó.

El rojo, que en el primer tiempo había insinuado una precisión y velocidad de juego asociado mucho mayor al recuperar el balón, le pasó por arriba a Nacional en el arranque del complemento.

Con el fútbol de un inspirado Mier y con la complicidad de una defensa de Nacional vulnerable, muy mal articulada y falta de confianza.

Un despeje largo de Cabaco se transformó en asistencia que Mier aprovechó para estampar el 2-1 ante una inexplicable inacción de Malvino.

Fucile se vio desbordado, Malvino perdió la confianza mostrada en su sólido primer tiempo y el equipo quedó hecho un manojo de nervios.

Munúa reaccionó a tiempo. Mandó a la cancha a Alejandro Barbaro e Ignacio González.

Es cierto, el equipo quedó desbalanceado. Pero Rentistas no lo aprovechó. Porque Vázquez apareció solo dos veces en el área y falló. Y porque la figura de Conde –a pura personalidad– se agigantó al sacarle del ángulo un tiro libre de Mier y un penal de Mastriani.

La Abdón Porte pasó así de sensación desconcierto a modo huracán y el rugido del Parque fue demasiado para Rentistas.

Barbaro reactivó viejos circuitos oxidados. Y Polenta invocó un par de musas ajenas para darle forma épica a la victoria: primero quebró la cintura y metió un preciso centro de derecha. Después puso un taco que inventó un espacio para el desborde de Espino que apareció como lateral derecho. El desorden de la rebeldía desatando ideas que alguna vez fueron trabajadas. Fernández primero y Nacho después materializaron el triunfo. Una victoria alcanzada a pura camiseta.



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