Lleyton Hewitt, el luchador eterno

Subestimado ante la gloria deFederer, polémico y perseguido por las lesiones en toda su carrera, a los 33 años el australiano se niega al retiro

Jugar en el circuito y ganar con asiduidad a los 33 años es normal solo para Roger Federer. Para el suizo es natural hacer valijas y recorrer el mundo, porque el balance entre esfuerzos y victorias le sigue favoreciendo.

Pero no para el resto. Por algo es tan difícil ver jugadores que vayan mucho más allá de los 31 años. Por allí andan los top 20 David Ferrer y Tommy Robredo, eternos especialistas en arcilla, y más atrás Youzhny, Nieminen, Stepanek, Haas y Víctor Estrella.

Un poquito más atrás, en el puesto 87, está Lleyton Hewitt. El eterno ídolo australiano, el hombre al que le tocó aparecer detrás de la generación de Patrick Rafter y Mark Phillipoussis, con la presión de estar a la altura de la leyenda Rod Laver. Llegó al número uno durante 2001 y 2002, pero a su vez las lesiones lo han perseguido y han desgastado un físico siempre frágil.

El australiano saltó a la cancha ayer, y con su victoria 6-3, 1-6, 6-0, 6-4 en primera ronda ante el chino proveniente de la qualy Ze Zhang se convirtió en el jugador con más apariciones en el torneo: 19 desde  el año 1997, cuando la mayoría de sus rivales ni siquiera estaba en la escuela. Ahora enfrentará en segunda ronda a otro veterano, el alemán Benjamin Becker.

Lejos están los días en que Hewitt era la cara del poster, en la que era top ten y la gran esperanza local de conseguir la siempre esquiva corona en el primer Grand Slam del año. Quedó a un paso en 2005, cuando cayó ante Marat Safin en una dramática final a cuatro sets. Luego no tuvo grandes resultados: siete primeras rondas, dos segundas, dos terceras y seis octavos de final.

Es un caso curioso el del australiano. A pesar de tener dos Grand Slams (US Open y Wimbledon) y esas dos temporadas como número 1, su carrera esta signada por la sombra de su compañero de generación, Roger Federer. Explotó antes que el suizo, quizás también porque fue mucho más precoz: debutó con 15 años, pero cuando Roger aceleró se convirtió en el monstruo que es.

Pero Lleyton no se rinde. En el otoño de su carrera tiene el mismo instinto y agresividad que lo llevó a mil peleas –una de las más recordadas fue con los argentinos en Copa Davis–.  Siempre fue más un jugador de pelea que de talento, pero ya no tiene la velocidad ni los golpes de otrora, y cada punto le cuesta más que antes.

Las lesiones también son otro capítulo que lo marcaron y explican su personalidad. Pasó tres veces por el quirófano:  una operación de cadera en 2008, otra en el pie en 2011 y la más radical en 2012: debido a una constante artritis en el dedo mayor del pie izquierdo, se injertó una placa de metal que le reemplazó todos los cartílagos. Resultado: no puede mover más el dedo, pero el dolor desapareció y le otorgó algunos años más de carrera.

Ya no tiene la presión que soportó durante la mayoría de su trayectoria, algo que la nueva camada australiana tiene más repartida, si bien por el momento ninguno llegó ni cerca de lo que él: Nick Kyrgios (52),  Bernard Tomic (66),  Marinko Matosevic (81) y Sam Groth (82). De momento, seis australianos han pasado a segunda ronda, algo que hace tiempo no ocurría, y que muestra como el viejo lobo está pronto para pasar la posta con tranquilidad.

De acá en más Hewitt la tendrá difícil para seguir avanzando. Pero “difícil” seguramente es la palabra a la que Lleyton esté más acostumbrado. l


Populares de la sección

Comentarios