Llegó otro Murray

El británico cambio la mentalidad, se convenció de que puede pelear arriba y está para más. El oro olímpico le dio confianza y con el US Open se ganó el respeto

Las cosas cambian. El británico Andy Murray ya es dueño de una confianza que no tenía. Tras ganar los Juegos Olímpicos cambió el chip y se dio cuenta de que podía estar a la altura de los mejores. En el escalón más alto del podio de Londres 2012 tomó impulso para luego apoderarse del tercer peldaño de la clasificación de la ATP. Claro que la ausencia del español Rafael Nadal, quien terminó cediendo ese lugar, fue de gran ayuda.

Pero lejos de ser solamente hechos anecdóticos, estos datos de la realidad están más cerca de ser lo que se viene y lo que depara el futuro en el circuito profesional.

Antes del Abierto de Australia se señaló que ese torneo podía implicar el salto de Murray, pero no sucedió. Que era momento de entreverarse y pelear por llegar a la cima, aunque para ello debía ganar un Grand Slam. Que tenía que potenciar su gran técnica, sus golpes y aprovechar el duro año que debían enfrentar sus tres rivales, a los que miraba desde abajo, en la posición número cuatro del ránking y de preclasificación de los grandes torneos.

Para el serbio Novak Djokovic iba a ser muy difícil mantener el nivel de 2011 -y más aun los puntos- ya que había sido una máquina de sumar títulos. Por su parte, Nadal ya estaba recibiendo las facturas de su físico y, sin pensar en el desenlace que provocó tanto tiempo de ausencia, era lógico que su tenis, basado en el despliegue de sus piernas (y sus rodillas), empezara a declinar.

El otro integrante de la trilogía, el suizo Roger Federer, acusaba problemas en su espalda y la aproximación al final de su carrera. Todo eso ambientaba una escalada de Murray si se hacía cargo de que tenía que ponerse los zapatos de número uno, aunque durante un tiempo le quedaran grandes.

Algunas cosas fueron sucediendo y otras demoraron. Djokovic ya no fue imbatible y las rodillas de Nadal le dijeron basta y lo alejaron de las canchas. Pero Murray no estuvo a la altura en los primeros Grand Slams del año y quien aprovechó fue el suizo.

Federer se salió de los esquemas y pasada la mitad de 2012 rejuveneció su tenis, su actitud y, con excepción del US Open, volvió a tener la solidez de antes para cerrar los partidos, sin mostrar los baches del último año. Tanto es así que, casi de manera inesperada a principios de temporada, el suizo recuperó el liderazgo en la ATP, consiguió su quinto título en Wimbledon y se convirtió en el mayor ganador del All England Club. Además desplazó al estadounidense Pete Sampras como el jugador con más semanas en la historia al tope del ránking.

En tanto, Murray siguió viéndola de afuera hasta, justamente, la final de Wimbledon que perdió frente al suizo, en la misma cancha que semanas después se tomó revancha para ganar el oro olímpico.

Fue un antes y un después de ese episodio. Murray por fin se convenció de que podía estar a la altura, y no sería justo obviar que la pieza clave fue la contratación del checo Iván Lendl, multicampeón y exnúmero uno como pocos.

Murray parece haber asimilado toda la experiencia de su nuevo entrenador y el clic lo experimentó en su cabeza. De aquella imagen de falta de jerarquía en los momentos claves, pasó a ganarse el respeto de colegas y público, de coterráneos y de otras partes, porque el británico ahora sale a cualquier cancha pensando en llegar al último día de la competencia y alzar la copa, sin importar cuál ni dónde sea.

Más allá de que por fin ganó un Grand Slam al quedarse con el US Open, la imagen que pinta al nuevo Murray es la del último juego del torneo. Mientras Djokovic solicitó asistencia para recuperarse de los calambres, enfriar el partido y ponerle minutos de presión a la cabeza del británico, éste abandonó su silla cuando se cumplió el tiempo de descanso y se paró al fondo de la cancha para terminar el partido y el torneo.

Por si fuera poco, recibió el premio del aplauso y el impulso del público, ese que en otro momento idolatró y endulzó los oídos del serbio, de Federer y de Nadal cuando del otro lado de la red estaba Murray.

Parece haber llegado el nuevo Murray, el que está para seguir ganando Grand Slam y para pensar en que algún día los zapatos de número uno serán de su talle.


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