Llegó el final de Blatter

Blatter consiguió una victoria a medias: evitó dimitir y dijo que se mantendrá hasta febrero, pero tras eso se retirará definitivamente


La pelea, por el momento, quedó en tablas. Ya se sabe que el presidente de la FIFA Joseph Blatter perderá finalmente, y ayer terminó de confirmarse, cuando ratificó que no se presentará a la elección anticipada como se venía rumoreando, tras envalentonarse por el apoyo de decenas de naciones africanas y asiáticas. Pero al menos el suizo logró imponerse en pequeñas batallas: postergó la elección hasta 26 de febrero, y se impuso a Europa, que quería realizarla en diciembre.

Y sobre todo, siguió construyendo un discurso de héroe, atribuyendo a complots políticos y de medios de comunicación la tormenta de mayo, cuando varios de sus colaboradores –incluido el uruguayo Eugenio Figueredo– fueron detenidos por acusaciones de corrupción. Como si la imagen contra las cuerdas que mostró en ese entonces, cuando parecía que su caída era cuestión de horas, hubiese quedado atrás, y pudiera recuperar su aura de hombre todopoderoso.

Al final, la tan esperada reunión del Consejo Ejecutivo, que se realizó ayer en Zúrich, transcurrió sin mayores novedades. La UEFA no llevó a la práctica el pedido de renuncia inmediata, y en cambio el francés Michel Platini aprovechó para seguir construyendo poder (ya tiene el apoyo de Europa y Sudamérica) y dio un paso más: anunció que en 15 días decidirá si presenta su candidatura, algo que parece cada vez más inexorable.

"Estoy muy feliz de estar aquí hoy entre ustedes porque esto demuestra que estoy vivo. Y que el tsunami que ocurrió después del 27 de mayo no me llevó con él", indicó un desafiante Blatter nada más empezar su rueda de prensa, minutos después de que un comediante lo ridiculizara al arrojarle billetes falsos frente a su cara (ver apunte).

Acto seguido, recordó que fue reelecto por quinta vez el 29 de mayo con el apoyo de 130 federaciones, pero que cuatro días después, el 2 de junio, puso su cargo "a disposición" ante las presiones que recibió. "La presión vino no sólo de lo que ocurrió, sino también hubo interferencias políticas, y presiones de algunos medios de comunicación", señaló.

"Ante esta situación y no para defenderme, que yo puedo defenderme solo, sino para defender a la FIFA, decidí sacar la pelota fuera del campo. Decidí poner mi cargo a disposición, lo que no significa renunciar. Yo nunca renuncié, por lo que sigo siendo el presidente electo", dejó claro.

Podría haber sido el preludio de un anuncio de continuidad, pero no: recordó que la campaña por la presidencia comenzó. "Tras dejar el cargo me dedicaré al periodismo radiofónico", dijo.

El "legado"
Así, Blatter no solo logrará llegar a 2016, sino también podrá poner en marcha su intento de lavado de cara, y de dejar un legado. Informó de que el Comité Ejecutivo decidió que debe establecerse una "fuerza de trabajo de once personas" para conducir la reforma de la institución. Asimismo, anunció que la idea es que se hagan "controles de integridad" a los directivos de la FIFA, e insistió en que los límites a los mandatos son importantes, a pesar de que haya pasado cuatro décadas ostentando solo dos puestos.

"Pero estos límites tienen que hacerse a todos los niveles, en las confederaciones, en las asociaciones, porque la FIFA no puede controlar a todo el mundo", insistió una y otra vez, a la vez que declinó toda responsabilidad sobre el hecho de que estrechos colaboradores suyos hayan sido procesados. "Yo no puedo ser declarado responsable del comportamiento moral de personas que no he elegido", se excusó.

Un grupo de trabajo de esas características recuerda al conocido como Comisión 2000, con el que el Comité Olímpico Internacional (COI), a finales del pasado siglo, salió al paso del escándalo de corrupción relacionado con los Juegos Olímpicos de invierno de Salt Lake City-2002. El entonces presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, fallecido en 2010, se rodeó entonces de personalidades como el político estadounidense Henry Kissinger para impulsar reformas. Samaranch no se presentó a la reelección en 2001, y dejó paso a Jacques Rogge, con lo que el COI superó la crisis y salió con una imagen reforzada.

En el caso de la FIFA parece más difícil de lograr.

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