Llegaba con una mochila pesada, pero el rendimiento fue de terror

Antes del clásico muchos dirigentes defendían al DT, pero se quedaron sin argumentos

La salida de Gerardo Pelusso era una opción bien polémica –y poco probable– hasta el domingo, cuando la goleada 5-0 rompió todos los esquemas, y como dijo el vicepresidente Menéndez, los ojos de los hinchas de Nacional.

Ache lo había ido a buscar como el hombre con personalidad  y palmarés que arreglara el vestuario tricolor. Tenía el crédito presidencial, pero la goleada cambió todo.

A su favor
Aun después del 5 - 0, el DT tenía motivos para ser defendido: por un lado, algunos directivos entendían que Pelusso llegó en el medio de una situación delicada, con un plantel que no había armado y que tiene notorias deficiencias. Que empezó a desarmarse antes de fin de año con la partida de Sebastián Abreu, un jugador que había llegado con bombos y platillos por su condición de referente y no rindió, y al que encima Nacional siguió destinando un enorme presupuesto, ya que le paga parte del sueldo mientras juega en Rosario Central.

Y también con situaciones insólitas como las del Cacique Medina, que está en el plantel pero Pelusso no podía usarlo porque si entra un partido más renovará su contrato automáticamente. En ese sentido, muchos dirigentes pensaban –el secretario Claudio Puig lo dijo explícitamente– que este plantel “se ha comido” varios entrenadores, como el Chavo Díaz y Rodolfo Arruabarrena. La solución no pasaba por cortar el hilo más delgado sino meter cambios de fondo a fin de temporada, y darle una oportunidad más.

En contra
Pero la versión contraria terminó pesando más. Pelusso tenía espalda ancha, pero este pasaje 2014 como entrenador principal de Nacional ha sido cercano a lo desastroso. La peor campaña en la historia de la Copa Libertadores (apenas un punto y el peor de los 32 equipos), apenas seis partidos ganados y seis perdidos en lo que va del Clausura, la peor derrota de la historia de Nacional en los clásicos, y la chance cierta de, por primera vez en 18 años, quedarse afuera de los tres puestos de Copa Libertadores. Pero además, nunca pudo encontrar el equipo, y lo sufrió más que nunca en el clásico, cuando apeló a los juveniles de entrada y en el entretiempo cambió la apuesta completamente. La campaña es históricamente mala, y por eso, el cambio terminó siendo inexorable para la amplia mayoría de la directiva. l


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