Liverpool dio un salto chiquito

El negriazul fue mucho más que Rampla pero no le pudo ganar para quedar como único puntero

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Liverpool hizo muchos más méritos de los que reflejó el resultado. Pero al final empató el domingo 0-0 con Rampla Juniors y no pudo aprovechar la oportunidad de quedar como el único puntero del Uruguayo Especial.

Los dos tenían la chance servida tras los resultados del sábado. Ganar y disfrutar de la sensación de ser líder.

Los dos lo intentaron con sus armas en el primer tiempo.

Los dos perdieron a uno de sus volantes centrales en las primeras de cambio (Christian Latorre en Liverpool y Nicolás Rocha en Rampla) y sufrieron luego una expulsión en esa misma zona del campo durante el periodo inicial (primero Christian Sención por un planchazo y luego Johny Gally que entró por Rocha y cometió dos faltas de amarilla en dos minutos).

Todo bastante parecido hasta que comenzó el segundo tiempo. Porque ahí hubo un solo equipo: Liverpool.

El negriazul lo hizo todo bien para pasar a tomar pulso y control del partido. Pero falló allá donde se definen los mismos: en el arco rival.

Mérito de un Rodrigo Odriozola imponente. El golero de Rampla Juniors sacó remates de distancia con voladas cinematográficas, se jugó el físico ante los delanteros rivales –chocó un par de veces con Nicolás Royón y otra con Carlos Bueno– y salvó en situaciones de mano a mano, ahí donde la intuición y el corazón pesan más que la técnica y la capacidad de reacción.

Por sus manos y el valor de sus atajadas, Rampla se terminó aferrando a un empate que por la esencia misma de su propuesta bien le pudo dejar gusto a poco.

Porque el equipo del argentino Germán Corengia apuesta al buen juego. A salir prolijamente por abajo, a hacer transiciones rápidas y a poner la pelota bajo la circulación de un jugador hábil para encarar y pícaro para resolver: Cristian Olivera.

Una jugada de una baldoza del mago picapiedra casi termina en el gol en el cierre mismo del primer tiempo. Pero Liverpool también tuvo manos seguras en el arco. Guillermo De Amores pasa por un gran momento. Firme y seguro en el juego por elevación y elástico cada vez que el equipo necesita de una reacción que lo sostenga en el resultado.

Con su estilo directo de balón largo, Liverpool fue al combate desde el arranque. Con mucha pierna firme para hacerse de la segunda pelota y con Nicolás De La Cruz como objetivo de pase para buscar el desequilibrio.

El mediapunta que fue determinante el domingo pasado como suplente ante Nacional, jugó de arranque ante el picapiedra por detrás de la referencia neta de ataque, Nicolás Royón, y fue una pesadilla cada vez que aceleró sacándose hombres de encima o cada vez que buscó el arco desde media distancia.

Le faltó profundidad al negro en el primer tiempo. Pero la ganó en el complemento con el ingreso de Carlos Bueno, ajeno una vez más a las barbaridades que le gritan las hinchadas contrarias y bien metido en el partido desde que pisó la cancha.

Pero para abastecer a los puntas, Saralegui contó con un jugador con toques majestuosos: Walter Aprile.

El rasta zurdo arrancó como volante externo y pasó a doble cinco con la lesión de Christian Latorre y terminó como único volante central luego de que Christian Sención –jugador de muy buenas condiciones– se hizo expulsar por ir en plancha sobre Santiago González en campo picapiedra. Irracional e innecesario.

Aprile puso el manejo de pelota por encima del juego rústico con que se plantó el equipo. Y Liverpool lo terminó desbordando a Rampla. El problema fue que Royón falló dos goles imposibles y que De La Cruz no capitalizó un rebote en el área. Ah, y que Odriozola las atajó todas. Por eso los dos son segundos detrás del líder Danubio.


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