¡Líos en un partido a puertas cerradas!

En el mejor momento de Nacional del segundo tiempo, el partido se tuvo que interrumpir por gases lacrimógenos que llegaron de afuera

Si alguien cuenta que en un partido que se jugó a puertas cerradas hubo que parar el partido cuatro minutos debido a gases lacrimógenos, no lo van a creer. Pero eso pasó ayer entre Nacional y Palestino. La hinchada tricolor, que estaba impedida de asistir al Parque Central, se enfrentó con la Policía en las afueras del estadio y los gases lacrimógenos llegaron hasta la cancha, lo que determinó una suspensión temporaria de cuatro minutos durante el segundo tiempo.

El aire se volvió irrespirable. Los ojos de todos los presentes comenzaron a arder. Y el juez tuvo que detener el pleito unos minutos. Era el mejor momento de Nacional en el segundo tiempo, el tiempo que futbolísticamente le fue menos favorable.

Había mucho viento ayer en el Parque y no iban 10 minutos de juego cuando se largó a llover.

Los periodistas se amontonaron en las dos puertas de acceso a la bancada de prensa. Preferían perder visión que mojarse en una tarde-noche que de pronto se volvía inhóspita.

Más abajo, en la tribuna José María Delgado, la delegación de Palestino vivaba a sus jugadores con remeras y banderas. No eran hinchas –aunque actuaron como tales– sino oficiales debidamente acreditados para la ocasión.

Nacional jugaba a puertas cerradas por los incidentes ocurridos en marzo del año pasado ante Newell’s Old Boys en el Estadio Centenario. La Conmebol le impuso una sanción de jugar un partido a puertas cerradas, además de una multa.

“Chi-Chi-Chi, le-le-le, Palestino de Chile”, cantaban los hinchas trasandinos. Ese cantito debe ser adaptable hasta para alentar a Universidad de Concepción sin recurrir a abreviatura alguna.

El Parque era un inmenso silencio. Chalecos naranjas –la seguridad privada de Nacional– custodiaban las tribunas vacías.

A la hora 19.55 explotó una bomba allá atrás de la Atilio García, por la calle Urquiza.

También se escuchó un rumor lejano. Una hinchada cantando que se quería resistir a no poder ver al club de sus amores.

Pero cuando Nacional salió a la cancha, cuando sus jugadores se quedaron sin levantar sus manos a las cuatro tribunas y –sobre todo– cuando el partido comenzó, el silencio fue amo y señor de la jornada.

Allá a lo lejos, siete hinchas se treparon a la azotea que está en la esquina de la Atilio García con la Héctor Scarone. Uno portaba la camiseta celeste que Nacional usó en el pasado Apertura ante Danubio.

“En cierta manera pesó porque el envión anímico de la gente de Nacional es muy importante y se podía dar parar esos últimos minutos cuando teníamos que empujar porque son momentos donde los partidos se pueden ganar con más corazón que fútbol”, dijo Álvaro Gutiérrez en la conferencia de prensa.

“Se hizo raro jugar así”, admitió. Fue la misma sensación de los pocos que pudieron entrar.

No hubo caso. Los mismos hinchas se condenaron. Esta sanción fue por aquellos brutales incidentes que se dieron contra la policía en la Colombes. Y sin ese aliento, el equipo se quedó sin llegar a la fase de grupos de la copa. Y, para colmo, los que se arrimaron al Parque genereraron líos afuera y el equipo lo sufrió. l


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