Líber Quiñones: En el barrio del gol

El delantero se transformó en el goleador histórico de Racing y le contó a Referí su dura infancia, los fantasmas de su peso y este presente lleno de festejos
El hombre se siente como pez en el agua. El pitazo de un juez rompe el sonido de una tarde de domingo en Sayago. Coloca la pelota y como un atrevido, la cuelga en un ángulo. La gente delira y él levanta el puño en señal de saludo.

El fútbol tiene esas curiosidades, los protagonistas levantan las manos para saludar, pero escriben la historia con los pies.

Y en la historia de Racing, Líber Quiñones escribió el domingo un capítulo único: el de ser máximo goleador del club.

La vuelta del goleador

"Es el lugar donde me siento más cómodo. Adentro de la cancha y afuera, porque el respaldo que te da la gente de Racing hace que uno se sienta muy cómodo para poder rendir", cuenta Quiñones sobre Racing, mientras disfruta el día después en su casa del Prado.

Cuando se pactó la nota, al dar las indicaciones de cómo llegar a su casa, dijo "es para el lado de Sayago".

El pasaporte puede sellarse y Quiñones se puede mudar, pero lleva a Sayago en el corazón.
Criado en las formativas de Defensor Sporting, club en el que nunca llegó a debutar en Primera, Quiñones quedó libre en 2005 y recaló en Racing, que ya lo había disfrutado a préstamo y decidió adoptarlo.
LIBER QUIÑONES

"Después que me dejaron libre fui goleador del Campeonato Uruguayo con Racing. Iba al Franzini a ver a mis amigos de formativas y los dirigentes me dijeron que se habían equivocado", se sincera Quiñones, quien conserva la amistad con jugadores de su generación como Maxi Pereira, Martín Cáceres o Ernesto Goñi.

Con un año más de contrato en Tiburones Rojos de Veracruz, equipo mexicano al que deberá volver en diciembre, Quiñones reconoce que estando en el exterior hubo varios cerveceros que "le comieron la cabeza" para que retornara: "Cada vez que estaba en Montevideo me entrenaba en Racing y Juan Pablo (Rodríguez), Raúl (Rodríguez) y Darío (Larrosa) hacían fuerza para que volviera. Por un papel que tenía firmado, yo tenía que volver a Danubio -club desde el que salió hasta México-, pero ellos sumaron a Juan Manuel (Olivera) y se portaron bárbaro para dejarme venir al club que yo quería".

Con Larrosa, gerente deportivo y técnico interino tras la salida de Santiago Ostolaza, tiene planes a futuro: "Fuimos compañeros muchos años y siempre tuvimos la idea de trabajar juntos en un cuerpo técnico. Yo quiero ser su ayudante, ojalá me espere".

El día después de entrar en la historia de Racing y con la jornada libre, Quiñones todavía no cayó de su logro histórico: "Cuando volví a Racing ya me comentaron que me faltaba un gol para alcanzar los 60 y por suerte ya hice tres, pero todavía no caigo de la dimensión".

La dura infancia

Curtido por la experiencia de ser el distinto en una familia llena de hermanas, Quiñones sabe lo que es probarse la ropa de hombre de la casa con siete años. "Mi viejo nos abandonó cuando tenía seis años. No sé como fue pero no lo vi nunca más. Mi madre, mi abuela y todas mis hermanas me llevaban al baby fútbol", confiesa Líber, quien empezó hacer goles temprano en el Mauá, mientras iba al Colegio Nuestra Señora del Líbano y luego a la Escuela 110.

"Me tocó laburar cargando casilleros de Coca-Cola pero siempre tuve la idea fija de jugar al fútbol. Mi madre y mi abuela me apoyaron en todo. Mi vieja dice que me descubrió y se saca cartel (risas)". Líber Quiñones.
Apuntado por los hinchas rivales por su complexión física, al goleador la palabra gordo le hace ruido, pero responde en la cancha: "Me gusta que se hable de lo que hago dentro de la cancha. Nunca erré un gol o hice un gol por mi peso. Eso es mentira. Estando en juveniles de Defensor era muy flaco, me daban vitaminas y todo eso. Después me volví más ancho. Mi madre me dijo que mi padre tenía la misma complexión".

A su vez agrega: "Cuando estaba en México les dije a los de Veracruz, 'vos cuando viste los videos y me contrataste, ¿me viste flaco? mentira. Yo soy así'".

Clarito, como en el área.

Las cifras del goleador

30 años. Quiñones está maduro y eso se nota en la cancha. Tiene dos hijas: Zoe y Lucila. Vive con Carolina, su mujer.

62 Goles. Los que marcó en Racing superando a Osvaldo Vega (60) para quedar como goleador.

7 Clubes. Son los que defendió Quiñones: Defensor Sporting, Racing, Gimnasia y Esgrima La Plata, Cobreloa, Danubio, Veracruz y Universitario.

Anécdota: Un defensa que amenaza
"En el fútbol viví muchas cosas lindas y feas. Lo peor que me pasó fue cuando un defensa de un equipo chico, que no conocía personalmente, me dijo que me iba a pegar un tiro. Eso fue lo más desagradable que me tocó dentro de una cancha", le contó Líber Quiñones a El Observador en una nota publicada el 18 de diciembre de 2013. El delantero se acordó ayer de la anécdota y agregó: "Esto que te conté a vos no lo sabía nadie. Solo mi familia y mis compañeros en el vestuario. A mí no me dio miedo ni nada, ni siquiera me calenté, porque tenía claro que no me iba a hacer nada y eran cosas de la cancha".

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