“Le hago goles a los grandes y viajo en ómnibus”

Romario Acuña, con 13 años como futbolista profesional, pasó por Argentina, Honduras, Chile y México, pero tuvo que pintar casas cuando jugaba en Cerrito para poder vivir un poco mejor

En la esquina que une las calles Dr. Carlos María Ramírez y Vigo se encuentra la cancha de Baby Fútbol Cerromar. Hace 23 años, en ese mismo lugar, “Tatín” se paraba bajo los tres palos y se divertían corriendo atrás de la pelota Denis, Rafa y Pelé. El tiempo pasó y cada uno siguió su camino. Jorge “Tatín” Bava se volvió el dueño del arco Nacional, Denis Elías en un cantante de música tropical referente en el Cerro de Montevideo, Rafael Cotelo es figura del carnaval, la radio y la televisión y Pelé sufrió una metamorfosis de ídolos norteños, al convertirse en Héctor Fabián “Romario” Acuña.

El “Chapulín” de la Villa creció en el Cerro bajo el espejo de sus padres, donde solo se veía el sacrificio de papá Héctor, un emprendedor que se dedicaba a la limpieza de vidrios y cortinas, y de mamá Patricia, que trabajaba como limpiadora en el Hospital de Clínicas. Con nueve años tuvo el valor de pararse frente a su padre y decirle que quería ser futbolista. La cara de su papá no movió un músculo. Fue así que comenzó en las categorías juveniles de Rampla Juniors donde “me trataban bien, yo era muy chico de estatura y como nacía después de mitad de año, en octubre, siempre repetía en todas las categorías. Ahí fue cuando me pusieron `Romario´ porque hacía goles de punta” lanza a las risas.

Goleador temible en todos los equipos que jugó, Acuña también hace gala de una buena memoria cuando recuerda que “yo debuté en el año 2000, el día de mi cumpleaños (27 de octubre). No estaba en los planes del entrenador que yo jugara ese día, pero esa mañana nació la hija de Marcelo Segales y él se tuvo que ir volando. No había otro delantero en la vuelta y me pusieron a mí”.

Un año después convirtió el mejor gol de su carrera “con una chilena bárbara que se metió contra el palo. El arquero era Álvaro Escames y fue en el año 2001”. Pero su estadía en el primer equipo de Rampla Juniors fue corta porque “me debían tres meses de sueldo y en aquella época, bajo esas condiciones, eras jugador libre. Me fui de Rampla y pasé a Rentistas donde me fue espectacular y pude dar el primer salto al exterior”.

Para ese morenito de 1.64 de altura, llegar a Chile significó un cambio “porque es otro fútbol. Estuve un año donde pude hacer varios goles pero me volví a Rentistas al año siguiente. Extrañaba un poco a la familia y siempre viví en el Cerro” afirma Acuña que cursó primaria en la Escuela 169 y llegó hasta cuarto de Liceo en el 11.

Hincha de Peñarol desde niño, el actual goleador de Cerro reconoce que el fanatismo por un equipo se pierde al ser profesional y que hoy no le pasa nada al ver un partido del equipo carbonero ya que “hoy tengo una familia que mantener. Tengo una mujer, Natalia, y dos hijos preciosos que se llaman Benjamín y Renata. Hoy con 32 años, a la hora de optar por un equipo, me interesa el proyecto deportivo y la propuesta económica porque la carrera es corta”.

Justamente su esposa es su principal aliada en su carrera como futbolista. Con sus dos hijos “siempre me sigue a todos los partidos. La mejor anécdota que tengo con ella fue una vez que jugábamos un domingo de mañana en la cancha de Danubio. En El Tanque solo había un par de zapatos para cada uno y yo me los llevaba para casa. Un día me los olvidé y no tenía qué ponerme en los pies para jugar. La tuve que llamar y ella se tomó un taxi hasta Jardines. En el camino me fue diciendo de todo”.

Si hay algo que caracteriza a Héctor Acuña es que jugó en Rampla, Cerro, Rentistas y Cerrito. Consultado sobre el pase de facturas que le pueden hacer los hinchas en la calle, el delantero agregó que “jamás me dijeron algo. Por ahí hubo gente que le dolió que me fuera. Pero no te insultan porque saben que tenés que darle de comer a tu familia. Yo soy un tipo común, voy en ómnibus para todos lados”.

Al máximo artillero del Campeonato Apertura pasado no le molesta utilizar el transporte público para movilizarse, aunque reconoce que las reacciones de la gente son extrañas “porque me ven en la televisión hacerle dos goles a Nacional o a Peñarol y el lunes te ven en el ómnibus. Muchas veces me pasó de ver gente leyendo el diario conmigo en la tapa y yo ir al lado de ellos sentado”.

En tiempos de sensibilidad social donde los resultados afloran la xenofobia y el racismo en algunos hinchas, Acuña se desmarca como en el área y cuenta que “a mí nunca me dijeron nada por mi color. En Uruguay te dicen `negro´ pero no como un insulto. Es natural acá. Lo peor que me dijeron es que era un fracasado, pero no le doy bola a los hinchas porque me concentro en el partido”.

El futuro del actual goleador de Cerro estará dentro de una cancha al menos por cinco años más, ya que se plantea llegar hasta los 37 años. Aunque realiza el curso de entrenador no tiene muy claro si se parará detrás de la línea de cal una vez que se haya retirado. “En algo voy a seguir vinculado porque voy a tener que trabajar toda la vida. La diferencia económica en el fútbol es para muy pocas personas. Yo tengo 13 años como profesional,  cuatro salidas al exterior y ando en ómnibus. Gracias a dios los dos años que estuve en México me sirvieron para comprarme mi casa, porque a la vuelta tuve que jugar en Cerrito y pintaba paredes de apartamentos para llegar a fin de mes”.


Fuente: Danilo Costas - @DCostas8

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