Le ganó una botella de Jerez al rey de España

Sienra compitió en yachting en Londres 1948; hoy, a los 100 años de edad, contó su historia para Referí
Su voz se entrecorta y necesita una esfuerzo para abrir el libro imaginario de las anécdotas, pero lo disfruta repasando fotos que tienen más de medio de siglo de historia.

Félix Sienra recibió en su casa a Referí y habló como protagonista de un tiempo que quedó en el pasado.

A sus 100 años de edad, Sienra rememoró sus vivencias en los Juegos Olímpicos de Londres de 1948, a los cuales accedió en la clase Firefly al ganar la selección nacional.

Terminó en el sexto lugar, pero el resultado es lo de menos si se comparan las anécdotas que Sienra trajo en la valija olímpica.

"En el puerto había como 10 o 15 personas trabajando y a mi único ayudante le gustaban mucho las mujeres por lo que andaba siempre revoloteando por ahí. Uno de los que se me acerca a hablar se presenta y me dice que se llama Carlos. A los minutos me dice que era español y que vivía en Portugal. Nos quedamos hablando de la política en Argentina, que en esa época era un lío bárbaro y se fue. Al otro día seguimos la charla y me dice: `Con Estados Unidos e Inglaterra al lado, ¿vos que vas a hacer?. No tenés asistentes ni experiencia'. Yo le dije que en el agua éramos todos iguales; entonces le aposté una botella de Jerez a que le iba a ganar a uno de los dos. Le aposté sólo sabiendo que era español y que se llamaba Carlos. Un día me invitó a su barco. Yo salí de entrenar y no tenía ropa buena. Andaba con una ropa que me había hecho mi hermana de forma casera. Al llegar se me acerca un hombre uniformado y me pregunta mi nombre. Cuando me identifico me querían hacer subir a un barco oficial y yo no entendía nada. El que me había invitado era Juan Carlos de Borbón", dijo Sienra al abrir el baúl de los recuerdos.

Juan Carlos de Borbón (el abuelo paterno del actual rey Felipe VI de España) era el heredero de la corona y jefe de la casa real española durante su exilio en Portugal en tiempos del franquismo, y nunca llegó a asumir el cargo. En ese tiempo fue que invitó a Sienra a su casa, algo que nunca se concretó, pese a que intercambiaron cartas durante un buen tiempo.

Los Juegos Olímpicos de 1948 fueron especiales porque sucedieron a la segunda guerra mundial que, además de cobrarse muchas víctimas, dejó truncas las dos ediciones olímpicas anteriores de Helsinki 1940 y Londres 1944.

"De Uruguay corrimos dos tripulaciones. Yo corrí en una clase inglesa hecha para correr dos tripulantes y corrimos solos. Acá esa categoría no existía; antes de irnos llegaron a Uruguay cuatro barquitos y con eso hicimos la selección", contó Sienra.

El viaje, con la tecnología de ese momento, fue una tortura: "Viajamos con dificultades a la ida porque contrataron a una compañía argentina que tenía aviones buenos pero muy mal mantenidos. La delegación fue en cuatro aviones y todos tuvieron fallas. Nosotros tuvimos un desperfecto en la nave y tuvimos que aterrizar en una zona de África bajo dominio español. El grupo de ciclismo, que era el más divertido de la delegación, se acercó a unas carpas que tenían luces adentro y había gente. Las carpas estaban con cuerdas muy tirantes al ras del suelo y cuando estos del ciclismo golpean, los que estaban adentro salieron furiosos tirando tiros al aire. Los ciclistas salieron corriendo y se tropezaban con las cuerdas. Nosotros, que estábamos a 100 metros de distancia, no podíamos aguantar la risa".

Al llegar a Londres, la delegación tuvo tiempo para recorrer Londres pero Sienra debió emprender un viaje rápido al sur donde las dificultades continuaron: "Los barcos que nos iban a entregar para competir nos los daban dos días antes y nosotros no podíamos entrenar. Los europeos hacía un mes que estaban entrenando como locos. Conseguimos un club que nos prestó unos barcos para entrenarnos y a la mañana siguiente el barco estaba sin vela y sin timón. Habían desaparecido. Reclamamos y nadie decía nada. Yo me enojé y quería ir a la Policía a hacer la denuncia pero no me dejaban. Yo hice la denuncia igual y cuando volví habían aparecido. Hasta hoy me pregunto si los sacó alguien de la organización o algún rival para que no pudiéramos entrenar".

Sienra terminó sexto y en su retina Londres está muy cerca.

El anecdotario


Problemas con la cena

"En York la cena era a las 8 de la noche: como todo uruguayo bajaba a cenar 8.15 y no nos querían dar de comer. Un día me tocan el timbre y alguien me empieza a hablar de carne. Los frigoríficos uruguayos nos mandaban carne para allá. Había que poner la carne en las heladeras del hotel y tampoco nos dejaban. No nos podían ni ver y nosotros no sabíamos qué hacer. Cuando les regalamos la carne para que la usaran en todo el comedor nos pasaron a querer todos. Éramos unos campeones".

Cambio en el vuelo

"Yo cambié el vuelo a la vuelta y me fui gastando la plata. Prefería volar de vuelta con los ingleses que arriesgar el pellejo con los argentinos. Cuando llegué a Lisboa por la conexión aérea ya no tenía un mango. Dormí en el aeropuerto porque no tenía dinero y no pude ir a ver a Carlos de Borbón, que me había invitado a la casa. Después nos mandamos varias cartas".

Un viaje por poca plata

"El viaje a Europa para los Juegos Olímpicos nos parecía un sueño. Con el grupo de nadadores y waterpolistas nos regalaron US$ 100, que era lo que había sobrado. Yo tenía US$ 350 que eran míos y con ese grupo recorrimos Suiza, Austria, Venecia, Florencia, Roma y dimos la vuelta por el Mediterráneo. Ahí volvimos a París, hicimos Montecarlo, Barcelona, Madrid y de ahí a Portugal. Hoy con U$S 450 no dormís ni dos noches en Europa. Yo tenía acreditación de periodista y entraba a todos lados gratis. Viajar en ese momento era una cosa maravillosa".



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