Lástima que no te escuchan, Cuerito

Uruguay enfrenta a Senegal en busca de la clasificación arrastrando el cansancio del desfile

La participación de Uruguay en el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos le quitó al equipo dos actividades, que por menos trascendentes que sean, forman parte de la preparación de cualquier plantel que trabaja ordenadamente.

El movimiento del día posterior al encuentro y el reconocimiento de la cancha, de Wembley en este caso.

El primero, sin dudas, mucho más importante que el segundo. Si no fueran importante, ¿para qué los hacen de aquí en más?

Y le cargó cerca de cinco horas de caminar y estar de pie en la ceremonia que se desarrolló el viernes de noche en el parque olímpico y que terminó para los celestes a la 1.30 del sábado, según reconoció Tabárez.

Lo escribí antes y lo reafirmó ahora, no fue una buena decisión participar en el desfile, más allá del deseo de los jugadores y de la ilusión de ellos, y de que acepto que muchas veces es tan importante la motivación como la preparación. Sin embargo, en estos casos en los que se juega cada tres días, con viajes de por medio, el desfile fue un despropósito del que, al menos yo, estaba seguro que iba a suceder por más puntualidad y organización que prometan los ingleses. Porque sistemáticamente se repite lo mismo cada cuatro años. Tal vez en el partido de esta tarde no pasa factura el plantón y la caminata de más de cinco horas del viernes, pero los Juegos siguen, la carga de partidos también y el físico, que ya acusó cansancio en Manchester contra Emiratos Árabes no se olvida. Y, como siempre, recuerdo la historia que una vez me contó Cuerito Rodríguez, medalla en los Juegos de Tokio 1964, quien renunció al desfile para subir al podio y desfilar en la Clausura con el reconocimiento en el pecho.


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