Las razones del éxito Teros

Despedida con derrota 60-3. Uruguay enseñó que en el deporte hay mucho más además de ganar

La imagen

La opinión del mundo del rugby fue unánime: el respeto y la admiración por un equipo amateur en un torneo súper pofesional que no de escudo en eso, y que dio pelea los 80 minutos ante rivales con los que tenía diferencias gigantescas de preparación. No fue una simpatía condescendiente, sino el genuino respeto por un equipo que estuvo a la altura del desafío.

Los resultados

¿Con qué se puede comparar la actuación de Uruguay desde lo numérico? Con la anterior actuación mundialista, en Australia 2003, con la salvedad de que desde esa época el desarrollo del profesionalismo explotó, y las condiciones del rugby profesional se distanciaron dramáticamente del amateurismo. En ese sentido, los resultados mejoraron ostensiblemente: en 2003 la diferencia promedio fue de 70 puntos, y en este de 50. Ese cálculo excluye a Georgia en 2003 –victoria de Uruguay– porque era un rival al alcance que Los Teros no tuvieron en esta ocasión.

Los números

El Mundial resultó un éxito en algunas estadísticas. Por ejemplo, el capitán Santiago Vilaseca fue el tercer jugador con más tackles de toda la primera fase, con 50, mientras que Juan Gaminara quedó 15º con 38 y 10º en la tala de pelotas recuperadas en el ruck: 15. Dos estadísticas que reflejan el enorme esfuerzo defensivo de Uruguay.

La preparación física

Es uno de los grandes puntos altos del Mundial. Enfrentar a cuatro potencias en semanas consecutivas era una gran incógnita, y las diferencias físicas un problema latente y urgente a resolver. Sin embargo, el equipo estuvo a la altura, y se fue del torneo con una foja física impecable: apenas un lesionado durante el Mundial –Felipe Berchesi– por un golpe fortuito en la clavícula. Mientras tanto, los cuatro rivales se fueron con lesionados de los partidos de Uruguay, producto de la dureza física que plantearon Los Teros.

Para poder estar a la altura, para tacklear y defender como lo hizo el equipo, el físico era fundamental. Y uno de los encargados de reconocerlo fue el DT de Inglaterra Stuart Lancaster, que en la conferencia de prensa previa dijo que Uruguay había mostrado el mismo rendimiento físico durante los 80 minutos de sus partidos.

Por eso, una parte enorme del éxito mundialista fue el trabajo del área física comandada por Santiago Alfaro y Federico Izeta, que ratificaron el gran trabajo que se viene realizando en el área física hace tiempo, y que durante todo el año tuvo la meta de que el equipo llegar al 100% a este punto.

El ataque

Otro punto que reconoció el mundo del rugby: la intención, pese a la inferioridad de condiciones, de atacar cuando se tenía la pelota. En ocasiones fue con el maul –como ante Australia, con los 15 empujando– pero otras atacando con los backs, de pelota recuperada o dándole dinámica al juego.

Lo más seguro hubiese sido apelar a un estilo conservador y de riesgo mínino, pero Los Teros se largaron a jugar y demostraron que tienen una generación de backs para brillar por mucho tiempo.

Los jóvenes

Mateo Sanguinetti, Germán Kessler, Jorge Zerbino y Matías Beer no fueron parte del proceso eliminatorio. Y cuando en noviembre se podía pensar que la lista de 31 ya estaba definida, el cuerpo técnico de Uruguay le dio paso a una nueva generación que tuvo otros varios integrantes peleando por su lugar para el mundial.

Esos cuatro, además de Manuel Blengio, se ganaron el lugar en la lista y se destacaron cuando tuvieron su oportunidad, además de darle tamaño a un pack históricamente chico. Beer y Zerbino fueron más allá, se ganaron el puesto de titulares y fueron revelaciones del torneo, por su capacidad defensiva y por su importancia para obtener en el line.

Beer fue una de las grandes revelaciones del torneo. Con 22 años tuvo un tremendo torneo, fue uno de los mayores tackleadores y aportó un físico que, con 1,93 más un aporte de kilos, es de un tercera línea internacional.

El scrum, negativo

Histórica bandera de Los Teros, incluso en el camino a este Mundial cuando dominó a Estados Unidos, Hong Kong y Rusia, en el Mundial sufrió muchísimo. Se juntaron varios factores. El peso fue el principal: con diferencias de packs de hasta 100 kilos, significaban hasta un jugador menos.

Además, la primera línea se tuvo que ir adaptando a varios cambios durante el torneo, como la lesión de Klappenbach en Japón, y a reaprender movimientos. Tras 3 partidos difíciles, ante Inglaterra fue el mejor partido del scrum.

El line evolucionó

Uruguay siempre se caracterizó por tener un gran scrum y un flojo line debido a su falta de altura. En este mundial los papeles se invirtieron, y el line terminó siendo una plataforma segura en varios momentos. Buena preparación y anuncios del capitán Santiago Vilaseca, además de tirada de Arboleya. Y los receptores, Beer y Vilaseca, también hicieron un buen trabajo, para que, después de mucho tiempo, Uruguay pudiera mantener la mayoría de sus pelotas en la hilera.

La proyección

El Mundial fue una gran vidriera para muchos jugadores que seguramente reciban en los próximos tiempos una oferta para irse al exterior: Juan Gaminara (entre los 15 con más tackles del mundial y entre los 10 con más robos en el ruck), Zerbino, Beer, Sanguinetti, Prada. Vilaseca y Silva jugaron un Mundial como para sumarse a legión extranjera, un paso clave como para crecer.

El boom

El Mundial fue un éxito deportivo y de imagen para el rugby uruguayo.

Es esperable que se venga un boom, con miles de niños queriendo sumarse a este deporte, además de los 15 mil niños y niñas de escuelas públicas jugaron al rugby este año gracias a una cuerdo entre Anep y la URU, que se espera se amplíe en 2016. El rugby tendrá que estar preparado para recibirlos, cobijarlos y enseñarles, y para eso tendrán un rol clave los clubes, que hoy atraviesan dificultades ya para mantener sus estructuras.

El futuro

A nivel deportivo Los Teros pasaron la prueba. Ahora habrá que volver a clasificar para Japón 2019, ya con la ventaja de ser considerado un país Tier 2, lo que hará que los fondos anuales que aporta World Rugby aumenten considerablemente (aproximadamente de 90 a 150 mil libras anuales), así con la competencia, incluido el Seis Naciones Americano y la ventana de. Pero para poder desandar el camino de competencia que requiere el Tier 2, habrá que dar más pasos aún hacia el profesionalismo. Se vislumbra un sistema mixto, con muchos jugadores en el exterior y otros bajo un plan, como mínimo, semiprofesional en el Centro de Alto Rendimiento del Estadio Charrúa, y con una dedicación aún mayor de lo que fue este año, cuando los jugadores tuvieron que destinar medio día a los entrenamientos del día.

Eso requerirá mucho esfuerzo de todos: jugadores, entrenadores y dirigentes, para buscar un sistema que satisfaga a todos, y también tomar algunas decisiones difíciles, relacionadas a poder hacer frente o no a esa exigencia. Ante todo, el equipo necesitará la tranquilidad de tener un plan claro para llevar adelante. El trabajo con World Rugby, Estado y empresas para apoyar ese plan será fundamental.


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