Las historias de... Edinson Cavani

Conocé quien introdujo al delantero de la celeste en la religión, su convivencia con el fanatismo de los napolitanos, la comida que recomienda comer en Palermo y su pelea con Daniel Fonseca

Los jugadores de la selección nacional tienen la particularidad de recorrer el mundo y compartir vestuario con las principales estrellas del fútbol mundial. Ahí, en el recinto sagrado, surgen historias, anécdotas que muchas veces quedan escondidas. Estas son algunas de las historias que Edinson Cavani reveló a El Observador.

La religión

"Soy de los Atletas de Cristo desde que jugaba en Danubio y me ayudó a tener una vida ordenada. Frecuentaba la iglesia y conocí a Dios por César González, excompañero en Danubio. Me lo puso en mi camino y esa confianza que tengo en Dios me ayudó mucho en la vida".

El fanatismo napolitano

"Me encontré con situaciones de salir a comer y no pagar, de ir a un negocio y que me hagan descuentos, que te paren 200 veces en la calle para pedirte un autógrafo. En esos momentos uno se siente en otro mundo, en una burbuja. Con el tiempo me hicieron hasta una pizza con mi nombre. La probé, claro. ¡Estaba buena!".

La comida que recomiendo

"El que va a Palermo tiene que comer la pasta al horno, la hacen con tuco y con muzzarella, es espectacular, la recomiendo".

Vestuario de otro mundo

"En clubes como estos tenés todo, lo que pidas te lo consiguen. En mi primera salida a Palermo la marca que viste al club apareció con una caja con todo, zapatos, championes, chancletas. Luego firmé contrato con una marca y hasta te pagan para usarla".

El incidente con Fonseca

Fue famoso el problema que vivió Cavani con Daniel Fonseca. Resulta que el empresario no se había percatado de que estaba al aire en un programa televisivo en Italia y lo tomaron pegándole duro a Cavani: “Me da asco. Y después le reza a Dios, pero ¡¿qué le reza a Dios!? Me viene un odio… El pibe por el que me jugué la vida, le di un apartamento, viáticos de US$ 20 mil, me traicionó”, dijo el exfutbolista.

 


Fuente: Jorge Señorans, enviado a Sete Lagoas, Brasil

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