Las dos caras de Olivera

Luego de un Torneo Apertura en un gran nivel, el delantero aurinegro bajó su producción en el Clausura y se ganó un lugar en el banco de suplente; sin embargo, en este certamen, es quien más goles hizo en los aurinegros

En julio de 2012, Nacional ya había conseguido su bicampeonato Uruguayo y el Peñarol del Polilla Da Silva deambulaba entre pobres resultados que lo dejaron cuarto en el torneo.

Allí, gracias a muchas situaciones que se dieron, Juan Manuel Olivera retornó a Peñarol. Fue una movida muy interesante de Juan Pedro Damiani, quien recibió todo el apoyo del representante del futbolista, Flavio Perchman (actual presidente de Aguada al que acaba de sacarlo campeón luego de 36 años) y también del delantero quien no aguantaba más en Emiratos Árabes y quería volver a Uruguay.

El mismo día de su presentación, el Comité Olímpico Uruguayo decidió que fuera Rodolfo Collazo el abanderado uruguayo en los Juegos Olímpicos de Londres.

En  su pasaje anterior por el club, Olivera solamente había marcado 10 goles, pero dejó un gran recuerdo en los dirigentes y, sobre todo, en los hinchas en aquella recordada Copa Santander Libertadores en la que el club perdió la final en 2011 ante Santos.

“Llego a Peñarol para intentar terminar con la racha adversa que tenemos contra el tradicional rival”, explicó ese día. Y no dudó al disparar: “Vengo a llevarme el título”.

Damiani, a su vez, dijo: “Siempre quisimos contar con él, quien ha hecho un esfuerzo (económico) importante, y el club también”.

Claro, Peñarol se quedó con parte de la ficha, pero le abona el sueldo más alto del plantel, unos US$ 50 mil mensuales.

El mejor resultado
El 28 de julio, en plena pretemporada, volvió a ponerse nuevamente la camiseta mirasol.

Fue en un amistoso por la Copa Ciudad de Trinidad y Peñarol goleó 4-1 a Wanderers con dos tantos de Olivera.

Luego llegó el Apertura y allí apareció el goleador que todos esparaban.

Fue el mejor momento de Juan Manuel Olivera, inclusive superior a lo que había realizado en su primer pasaje por el club.

“Ya hablé con Zalayeta, es un gran jugador y sé que no vamos a superponernos en la cancha”, había dicho el futbolista a El Observador el mismo día de su presentación.

Y con el paso de los partidos quedó demostrado. Pese a que en gran parte del Apertura –sobre todo, al principio– existieron muchas críticas sobre este tema, la dupla goleadora no falló jugando junta.

Olivera fue el único futbolista de Peñarol que disputó todos los encuentros del campeonato que inició la temporada, el que consiguió el club después de 16 años sin poder hacerlo.

Y, como si faltara la frutilla en la torta, fue el goleador del mismo con 13 tantos.

El que más lo sufrió fue Cerro Largo nada menos que en el Ubilla. Allí en Melo, Olivera anotó tres de los cuatro tantos aurinegros para conseguir el primer triunfo del club ante dicho rival como visitante.

Además, no se limitó solamente a los goles. También colaboró en todo el campeonato con tres asistencias para sus compañeros.

Se le vino la noche
El momento de Juan Manuel Olivera cambió drásticamente en la segunda mitad de la temporada. Desde el verano en adelante, el delantero no fue el mismo. Tanto fue así, que le costó el puesto como titular.

El arco se le había cerrado de un día para el otro y estuvo varios partidos sin convertir en el Clausura. Y vaya si Peñarol lo sintió.

El Polilla Da Silva sorprendió a todos –inclusive a él– cuando en la mañana del clásico dio a conocer el equipo titular. El único que sabía de antemano que jugaría era el Tony Pacheco.

A la semana siguiente, el propio técnico dijo que iba a hablar personalmente con el goleador sobre esta situación. Siguió en el banco, pero ante Progreso en el encuentro anterior, en pocos minutos que jugó, fue determinante con su gol para la victoria por 1-0 que los mantuvo bien arriba.

De aquel Olivera al que muchos pedían para la selección en el segundo semestre de 2012 a este, existe una diferencia de juego importante.

No obstante, el futbolista jugó igualmente en todos los partidos de este Clausura salvo uno –ante Racing– porque estaba suspendido.

Además, pese a la sequía goleadora, es el máximo artillero del club en el torneo con cinco tantos y sigue al tope en el Uruguayo con 18.

Olivera tuvo un antes y un después. Como dos caras en un mismo Uruguayo. Pero apunta a volver por sus fueros.


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