Las dos caras de Corea

Gozado y sufrido, el Mundial mostró los extremos de Uruguay: El balón de plata de Valverde y el castigo de Amaral, que jugó el torneo menos esperado

El cuarto puesto que Uruguay logró en el Mundial sub 20 de Corea del Sur dejó por primera vez en mucho tiempo la sensación de insatisfacción para el fútbol uruguayo. Una señal muy diferente a la que venían brindado desde hace dos últimas décadas (a partir del vicecampeonato en Malasia 1997) las selecciones mayores y juveniles, que recibían la aprobación pese a la ausencia de títulos, salvo los del Sudamericano sub 20 de este año, la Copa América de 2011 y los Juegos Panamericanos de 2015.

El hincha esta vez no se conformó con quedar entre los cuatro mejores. Tras la eliminación con Venezuela, bloqueó la euforia y expectativa que había generado durante el avance en el torneo, y el técnico lo subrayó a través de su mensaje tras perder por penales con Italia: “Estar entre los cuatro mejores es importante para el fútbol uruguayo, pero también creo que teníamos equipo para estar más arriba”.

Esa lectura algo más crítica de las que se solían escuchar no deja de subrayar el éxito del trabajo que se desarrolla en juveniles, el valor de repetir la clasificación entre los cuatro mejores del mundo, pero la inquietud que genera el hecho que Uruguay pudo ser campeón y no supo conseguirlo.

Uruguay culminó cuarto en el Mundial tras perder 4-1 en la madrugada de ayer ante Italia en la definición por penales, luego de igualar 0-0 en los 90’. Por tratarse del partido del tercer puesto, no jugaron alargue, y desde los 12 pasos Amaral tuvo otra tarde mala y marcó el camino para la caída celeste.

Durante el encuentro, de típico trámite deslucido de partido consuelo entre dos equipos eliminados en semifinales, Uruguay mereció la victoria, jugó mejor, asumió el protagonismo, pero no quebró la resistencia italiana. En la definición por penales, los europeos fueron implacables y Mele estuvo lejos de ser el salvador como ante Portugal.

De Valverde a Amaral

El Mundial ofreció para Uruguay dos caras que se representan en dos futbolistas del grupo, producto de la forma en que llegaron y cómo vivieron el torneo. Esos dos extremos van de Federico Valverde a Rodrigo Amaral.

Despojado de presión, Valverde se transformó en la figura de Uruguay, en el titiritero del equipo, en el volante exquisito que se hundió entre los zagueros para manejar desde el fondo, con una pegada excepcional, y guiar a Uruguay por el mejor fútbol del campeonato.

El jugador de Real Madrid participó en los siete partidos, anotó un gol y recibió ayer la recompensa de ser elegido Balón de Plata del Mundial, junto al inglés Dominic Solanke, que fue de Oro, y al venezolano Yangel Herrera, de Bronce.

Por su parte, sumamente expuesto, desde la preparación que comenzó en febrero, para Amaral el Mundial se transformó en una tortura. Jugó solo tres de los siete partidos y no completó 180 minutos de fútbol, marró dos penales en la definición desde los 12 pasos y sufrió un esguince de tobillo que le llevó a perder su mejor forma física. Como saldo favorable le quedó apenas que anotó un golazo ante Italia y que cerró con un correcto partido ayer, también ante los italianos.

Cargó con una mochila innecesaria, no disfrutó en el campo y terminó jugando el Mundial que no quería y al que, de alguna forma, lo habían inducido al ponerlo en el aprieto de condicionarlo a jugar el mejor torneo para concretar su pase a Europa, como si fuera la última oportunidad en su carrera.

Coito lo definió ayer en diálogo con los enviados de AM 770 radio Oriental: “Cuando le hacemos creer a un chiquilín de 18 años que es un fenómeno nos estamos equivocando, porque el chiquilín no lo entiende y el contraste con la realidad se le hace duro”.

Con esas dos miradas, que resumen y marcan los extremos del recorrido futbolístico de Uruguay en Corea del Sur, queda planteado el marco de una buena actuación celeste, la confirmación que el técnico de la mayor tiene futbolistas a los que recurrir y que con procesos de juveniles a largo plazo, bien elaborados y regados con suficientes partidos amistosos la AUF pueden seguir construyendo selecciones uruguayas protagonistas.


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