Las batallas de Santiago

Los partidos entre Uruguay y Chile jugados en el Estadio Nacional han tenido hechos que quedaron en anécdotas

Históricamente los choques entre Chile y Uruguay en Santiago han tenido de todo un poco. Algunos protagonistas celestes incluso han considerado algunos de estos compromisos en los que les tocó formar parte, como “verdaderas batallas”.

La rivalidad no solo se remonta a lo que tiene que ver con las diferentes ediciones de las Eliminatorias mundialistas con el paso de los años, sino que también hubo inconvenientes –y muy serios- en alguna edición de la Copa América.

El hecho real, tangible, es que Chile hace 17 años que no le puede ganar a Uruguay por las clasificatorias al Mundial.

Y eso es lo que buscarán cambiar en la jornada de hoy en uno de los partidos más trascendentes en lo que va de esta competencia, porque es muy importante para ambos seleccionados.

Por eso es que los chilenos no consideran como su “bestia negra” –así lo llama parte de la propia prensa trasandina– ni a Argentina ni a Brasil. Para ellos es Uruguay.

Después de aquel partido de 1996 en el que Chile venció 1-0 al combinado del Pichón Núñez, nunca más pudo con los uruguayos por Eliminatorias.

Sin embargo, sí pudo ganarle como local a Brasil en el Estadio Nacional rumbo a Corea-Japón 2002 y a Argentina en las pasadas clasificatorias hacia Sudáfrica 2010.

Las distintas batallas
En 1969 fue la primera vez que uruguayos y trasandinos se enfrentaron por Eliminatorias.

En esa época, la televisión no emitía los encuentros ni siquiera en diferido y el ambiente en la cancha era mucho peor que hoy.

El partido fue muy friccionado: terminó 0-0 y Uruguay se fue luego de más de una hora hacia el vestuario porque llovía toda clase de proyectiles.

Pero eso no significa casi nada si se lo compara con lo que ocurrió algunos años después.

Todo comenzó en la edición de la Copa América que ganó Uruguay en 1983.

Los celestes fueron a jugar a Santiago el 11 de setiembre, justo el día en que se cumplían 10 años de la muerte de Salvador Allende y, como consecuencia, el comienzo del golpe de Estado.

Para enmarcar en qué situación anímica se jugaba el partido para los celestes, cabe consignar que se disputó una semana después de la fractura que sufrió Fernando Morena ante Venezuela por la misma competición.

El técnico uruguayo era Omar Borrás y en esa edición del torneo sudamericano, no había una lista de buena fe, ya que se jugaban encuentros alternados.

Borrás citó como delantero para ese partido a Alfredo “Polilla” De los Santos, quien comenzó como zaguero a mediados de los años de 1970 en Nacional, pero también jugó con suceso –y hasta hizo goles clásicos– jugando arriba.

En un momento del compromiso, el Indio Olivera le pegó un codazo a Óscar Arriaza que le bajó un diente. El codo le quedó sangrando y entraron varios fotógrafos.

“En realidad, la mayor parte de ellos no eran fotógrafos sino matones pagos que revoleaban las cámaras y a alguno de mis compañeros les pegaron”, recuerda Eduardo Acevedo –quien hacía pareja de zagueros ese día con Olivera– para El Observador.

Chile ganó 2-0, pero cuando llegaron al túnel, el Pato Aguilera –quien entonces era un botija– iba caminando al camarín, un fotógrafo intentó agredirlo. Detrás suyo iba el Polilla De los Santos, quien golpeó al chileno.
Todo terminó con el futbolista detenido. “Nos encerramos en el vestuario y cuando salimos, nos esperaban como 200 carabineros. Nos pegaron con todo, por arriba, por abajo y alguno de ellos también cayó. Como era una batalla campal, empezaron a tirar gases lacrimógenos y volvimos al vestuario. Fue una locura”, dijo Wilmar Cabrera a El Observador.

Chile debía enfrentar a Venezuela del Cata Roque en Caracas y ganando clasificaba. En esa época, casi todos le ganaban a la vinotinto. Pero terminó 0-0 y Uruguay clasificó a la siguiente fase y con el tiempo fue campeón. Los futbolistas se enteraron en Escocia –cuando ya pensaron que habían quedado eliminados– por un llamado que recibió el Pato Aguilera en una época en que internet no existía.

Ese partido de 1983 fue el preámbulo de lo que sucedería en las Eliminatorias de 1985. Chile tenía muy buen equipo y era dirigido por Pedro Morales, quien había sido ayudante de Luis Álamos en el Mundial de 1974.

Poco antes del encuentro hubo un terremoto en el que se registraron varios muertos. Borrás, quien seguía siendo el técnico, dijo por esos días que era un gran riesgo jugar allí. Ese fue el detonante para que el partido fuera una locura.

Ese día, Víctor Diogo jugó de lateral izquierdo y fue bailado por el puntero Hugo Rubio, quien hizo el primero. Aravena –quien le pegaba como los dioses– anotó el segundo tras un tiro libre casi desde la posición del córner que Rodolfo Rodríguez no pudo atajar.

Ganaban cómodos 2-0, pero un parcial local tiró un proyectil que impactó en la cabeza del juez colombiano Jesús Díaz Palacios. Cayó al piso, el partido se paró durante más de 10 minutos. Entró el veedor, Abilio D’Almeida, acompañado por Roberto Recalt, jefe de la delegación celeste que pretendía que se suspendiera el partido. Abilio le dijo al juez que lo siguiera. “El árbitro tenía un miedo bárbaro”, dijo Acevedo consultado por este tema.
Minutos después, Wilmar fue a tirar un córner y una botella le pegó en la espalda. Quedó tendido. “Hoy se suspendería el partido. Se había transformado en una guerra. ¡Y eso que iban ganando!”, recordó para El Observador.

Tras el encuentro, el plantel se fue al hotel –el mismo en el que hoy está Uruguay–. “Había un casamiento en uno de los salones y cuando llegamos, algunos nos empezaron a gastar con la derrota: nos tomaban el pelo. Entonces se armó otra batalla campal”.

Mario Saralegui también agregó que “era un ambiente lamentable. Pasó de todo”.

Acevedo, por su parte, dijo que “Álvez, Diogo y hasta Eugenio Figueredo pegaron como locos”.

A la vuelta, a Carlos Caszely le pegaron un huevazo en la cabeza ni bien llegó al aeropuerto y ganó y clasificó Uruguay al Mundial.

En 1996, la segunda y última vez que ganó Chile, el técnico era el uruguayo Nelson Acosta, y al regreso a Montevideo fue cesado Héctor Núñez, campeón de América un año antes.

La última vez, en 2009, Chile jugó gran parte del partido con 10 hombres por la expulsión de Isla, pero Baldassi no pitó un claro penal a favor de los celestes en la hora. El Maestro le increpó al final, algo fuera de lo común en él.

Uruguay, esta vez, sueña con una nueva victoria y espera ensanchar la brecha de largos años sin caer en Santiago.


Fuente: Marcelo Decaux, enviado a Santiago de Chile

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