La vida de Gonzalo Bueno a un paso de la frontera caliente con Crimea

Gonzalo Bueno madura con sus experiencias en un país distinto como Rusia

No es una aventura más para un botija que acaba de cumplir 21 años. Irse de Montevideo a Rusia es toda una expedición que le ha servido, entre otras cosas, a madurar. El futbolista de Kuban Krasnodar alterna poco, pero vive una experiencia totalmente diferente. Espera que no suceda nada con la crisis de Crimea que casi termina en una guerra, porque no está lejos de allí y se acostumbró al asado ruso.

“Una de las cosas que más me sorprende es el idioma, es muy especial cómo se habla. Muy complicado y con letras muy difíciles”, cuenta a El Observador.

“La gente es bastante cerrada. No sé si será por los resabios del comunismo, aunque Rusia se abrió al mundo, no son cerrados”, agrega.

Otro de los temas cantados en ese país es el frío terrible que hace.

“No se sufre tanto como en Moscú que está más al norte. Igual me tocó entrenar con nieve y es una experiencia muy linda”.

Gonzalo recuerda que “cuando vamos a jugar al norte sí se complica mucho. Ni con 10 camperas aguantas, es un frío terrible. Nunca viví una cosa así. Aparte, a mí casi siempre me tocó ir al banco de suplentes y entonces te dan mantas y calzas para que aguantes las temperaturas gélidas”.

Y agrega: “En las canchas con mejor infraestructura como la de Lokomotiv y Dínamo Moscú, tienen bancos de suplentes calefaccionados. La primera vez que fui yo no lo sabía y empecé a sentir el calor que venía de abajo y me reía. De vez en cuando, en casi todas las canchas, te dan un té también para que mantengas la temperatura corporal. Entrar a jugar después de pasar tanto frío en el banco, es complicado”.

“Ahora está empezando la primavera, pero en invierno, a las 5 de la tarde es de noche y cuando son las 21.30, parece las 4 de la madrugada”, indicó.

Y el frío sigue siendo tema recurrente: “Un día me iba de mañana al entrenamiento con mi viejo y estaba todo nevado de la noche anterior. No sabía cómo limpiar el parabrisas del auto que estaba congelado, lleno de nieve y hielo. Al final me explicaron que usara agua caliente, porque sino, se podía romper”. Gonzalo formó un lindo grupo con los latinos, sobre todo, porque también hablan español. En su equipo están el costarricense Marcos Ureña, el paraguayo Leonardo Melgarejo –quien jugó en Benfica– y, por supuesto, con su excompañero Mauricio Pereyra, quien defiende a FC Krasnodar, el otro equipo de la ciudad.

“A Mauricio lo veo casi todos los días. Él vivía en un lugar muy lindo y cuando se enteró que yo vivía en un complejo, se mudó para estar más cerca. Se vino con su esposa”, explicó Gonzalo.

Con respecto a la comida, no tiene demasiados problemas y menos porque “hace poco abrió un restorán de un argentino que atienden unos rusos que se llama ‘La Vaca’. Hay chorizos, asado –que no está tan bueno como el de Uruguay– pero algo es algo. Vamos seguido con Mauricio y su esposa”.

Hace poco, su padre Gustavo volvió a Uruguay y viajó hacia Rusia su mamá. Fue un cambio importante, porque lo ayuda en todo, entre otras cosas, con la comida.

“Por suerte me da una mano bárbara. Cocina casi todos los días. Extrañaba sus milanesas y acá las hace y siguen estando buenísimas”, dice.

Pero él también colabora. “La acompaño al súper a hacer el surtido. En Montevideo era casi imposible que la acompañara. Acá lo hacemos juntos”, expresó.

A su vez, sostuvo que “Rusia no es un país caro. Se puede vivir sin demasiado dinero”.

Pero, ¿qué come? “En los restoranes te dan pescados raros, un arroz distinto al nuestro y algo parecido al yogur que acá se toma mucho, tanto en el almuerzo como la cena y que es rarísimo”.

La crisis de Crimea en el sur de Ucrania, es algo que no está exento. Es que Gonzalo vive a unos 500 kilómetros y es una de las ciudades rusas más cercanas al conflicto que se desató hace poco.

“Se habla mucho de una posible guerra. Pero acá el fútbol se sigue jugando, no es como en Ucrania que se paró. Tengo la tranquilidad de que parece que no es algo grave. En la calle, los rusos no se ven nerviosos, yo vivo igual que siempre. En la televisión es diferente. Hablan mucho más del tema y como que dicen que Estados Unidos quiere intervenir. Lo que sé es que a la mínima bomba que caiga me voy caminando al aeropuerto”, indicó.

Respecto a la infraestructura del club explica que “me sorprendió, pero negativamente. Si bien no te falta nada y pagan al día, las canchas de entrenamientos están mal debido al frío. La pretemporada la hicimos durante un mes y medio en Turquía justamente para zafar de las bajas temperaturas”.

Y claro, extraña estar en Nacional con sus compañeros y amigos.

“A Nacional y al fútbol uruguayo lo miro siempre por Internet. Se sufre un poco con Nacional por este momento que atraviesa, tengo muchos excompañeros y amigos de las juveniles. Quedar afuera de la Copa cuando restan dos fechas es un golpe duro porque Nacional por historia, como mínimo debería clasificar a la tercera fase y esta vez, no se dio. Hay que apoyar porque esto pasa. En lo local, la Tabla Anual está ‘ahí’, queda mucho para el final”, indicó.

Y vivió una experiencia distinta con su padre. “Lo tuvieron que operar de un golpe que recibió acá en un gimnasio. Todavía estaba Djibril Cissé en el plantel que veía a mi viejo en los entrenamientos. Cissé lo saludó y le preguntó cómo estaba. Mi padre quedó muy contento. Conmigo se llevaba bárbaro y siempre me decía lo impresionante que es Suárez en Liverpool”.


Populares de la sección

Comentarios