La vida después de Roma

Mauro Goicoechea, que jugó un año en un grande de Italia, la pelea ahora en Arouca de Portugal

En la temporada 2012-2013, Mauro Goicoechea tocó el cielo con las manos. Pasó de Danubio a Roma sin escalas, fue titular buena parte del campeonato, enfrentó a fenómenos y compartió vestuario con Francesco Totti. Si el fútbol son momentos, ese fue el suyo. Por eso, ahora busca un nuevo impulso en Arouca de Portugal.

De jugar en la Roma y relegar al banco al holandés Maarten Stekelenburg, Goicoechea, tuvo que volver a Danubio a ser suplente de Salvador Ichazo durante el Apertura 2013.

Por eso, volvió a dar vueltas por el mundo. En el primer semestre de 2014 se fue a Rumania y a mitad de año recaló en Arouca.

“Estoy muy bien, es un lugar tranquilo, de 4.500 personas, en una zona montañosa ubicada a 40 kilómetros de Oporto”, contó el golero de 26 años a El Observador.

“En lo deportivo me está yendo muy bien, soy titular aunque el objetivo es pelear por no descender”, reveló.

Arouca está 14º en la liga lusitana a solo cuatro puntos de la zona del descenso.

“El club está muy bien; es familiar: el padre es el presidente, el hijo el gerente deportivo. Además, hay dos brasileños, dos argentinos y tres españoles. El idioma lo estoy aprendiendo con profe particular junto con mi señora”.

Goicoechea, el golero de aquella sub 20 donde jugaban Edinson Cavani y Luis Suárez, en 2007, se juntaba frecuentemente con Jonathan Urretaviscaya: “Paços Ferreira está a 40 minutos”. Pero ahora Urreta volvió a jugar en Peñarol.

El ex Danubio vive horas de tranquilidad en materia económica. Algo que no le pasó en su breve paso por el fútbol rumano: “De los seis meses solo cobré dos. Ya hice el reclamo a la FIFA. Algún día lo cobraré”.

Otelul Galati fue el cuadro donde recaló. “La temporada pasada había jugado Champions pero cuando yo llegué peleábamos para evitar el descenso. Los dueños estaban recalientes y vivían amenazando con que no iban a pagar más los sueldos”.

Goicoechea fue preparado: “Sabía que lo económico no iba a ser sencillo. En cambio, con la ciudad me llevé una grata sorpresa, era muy linda, muy tranquila y el costo de vida muy económico”.

De hablar rumano ni gracias: “El entrenador hablaba español y el gerente deportivo era argentino”, justificó.

Todos sus caminos lo llevan a Roma: “Fue el mejor momento de mi carrera deportiva. Hubo tres partidos que me dejaron marcado: uno contra Milan que ganamos 4-2 y anduve muy bien, otro contra Fiorentina por Coppa Italia (ganaron en alargue) y el último fue el más especial, también contra Fiorentina pero por la liga”.

¿Por qué tan especial? “Porque cuando perdí la titularidad no jugué más ni fui al banco, solo en ese partido, y de casualidad. Y justo me tocó entrar en el segundo tiempo”. Se atajó todo.

Pero en Roma también le tocaron verdes. “A mí me llevó el técnico (Zdenek Zeman) y cuando pisé el club los dirigentes me hicieron saber que no me querían. Fue complicado. Cuando le gané el puesto a (Maarten) Stekelenburg se cuestionaba que tenían un golero famoso en el banco. Y después me tocó cometer un error grave que me costó el puesto y al técnico también. Cosas del fútbol”, dice.

Cosas del puesto. Hermoso pero ingrato. Volver y ser suplente en Danubio. “Igual me sentí campeón”, afirma. Rumania, ahora Portugal. Y la valija llena de esperanza para poder dar otro salto europeo en grande.

 


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