La victoria que más duele

Peñarol goleó 3-0 a Deportes Iquique y quedó esperando por un gol de Vélez ante Emelec para clasificar a octavos de final

"Si no nos traemos un punto de Guayaquil, estamos afuera”. Esa fue la frase que Alejandro González le dijo a El Observador el mismo día que partieron hacia esa ciudad para enfrentar a Emelec. El desenlace es conocido.

“La clasificación la perdimos nosotros”, comentó en voz baja un dirigente anoche cuando se retiraba del estadio con bronca.

Claro, es que sabe muy bien que este de Peñarol es el plantel más caro de la historia. Por el que se apostó mucho para esta Copa.

También sacaba cuentas mentalmente: se perdieron de ganar cerca de US$ 1 millón por no clasificar a los octavos de final.

Las caras de frustración de los jugadores al llegar al vestuario luego de una victoria por goleada 3-0 ante Deportes Iquique sintetizaban el momento.

Eran conscientes del fracaso de haber quedado afuera en la fase de grupos de la Copa.

Poco importaba la goleada. Vélez, que llevaba 30 partidos seguidos convirtiendo como local por Copa Libertadores, esta vez no pudo con Emelec. Y todos saben que no se le puede echar la culpa. Como dijo claramente el dirigente, la culpa fue de Peñarol.

¿Que el árbitro en Guayaquil lo perjudicó? Sí, es cierto. Pero también lo es que Peñarol perdió con Vélez en Montevideo en los minutos finales y no supo cerrar el partido, como tampoco lo supo cerrar la semana pasada en Guayaquil.

El martes de noche sí el equipo del Polilla Da Silva hizo lo que tenía que hacer. Un poco entreverado, por varios minutos –sobre todo en la primera mitad– jugó apurado –que no es lo mismo que hacerlo velozmente–, pero se llevó una victoria incuestionable ante un rival que supo marcar muy bien, pero que no se metió atrás, sino que también buscó varias veces el arco de Bologna.

Pero fue la victoria más triste, la que más duele. Los 25 mil hinchas que acompañaron una vez más al equipo, se fueron masticando bronca.

Por eso no importó la goleada, no importó el despliegue con dos corazones de Marcel Novick en la mitad de la cancha. No importó que el ingreso de Pacheco –quien jugó su mejor partido desde la fractura– dotara de más fútbol, de mayor ductilidad de manejo de la pelota. No importó nada. Solo el hecho de haber quedado eliminados con un plantel muy importante por el que el club paga aproximadamente US$ 500 mil por mes si se tiene en cuenta al cuerpo técnico.

El Polilla vio todo desde el palco número 2 del estadio. Cómodamente instalado, lejos de los flashes y del frío, igualmente se debe haber calentado como todos los manyas.

En la cancha, sus jugadores esta vez cumplieron, mostraron una importante actitud y chispazos de fútbol. Ganaron por el tanteador que debían –al menos tres goles–, pero no alcanzó.

El más cabizbajo era él. Más que los jugadores porque sabe que este es el peor golpe que recibió desde que dirige a Peñarol. La ilusión era mucha, la realidad lo enterró en el presente.

La eliminación de Peñarol en esta Copa Bridgestone Libertadores era impensada tras haber ganado los dos primeros encuentros de la misma. Pero todo se vino abajo por irregularidades futbolísticas del plantel que no pudo trasuntar en la cancha, lo que el técnico quería.

Fue la noche del adiós, la más dolorosa para los manyas que esperaban el milagro en Liniers.

El fracaso es un hecho y no caben excusas. Todos en Peñarol lo tienen muy claro.


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