La última bala de Joel Burgueño

Joel Burgueño la peleó siempre en el fútbol. Jugaba y hacía changas para vivir. Fue pintor y tapicero. hoy, espera una hija y un pase que le permita consolidarse
Joel no se arrepiente de su pasado. "Siempre anduve correteando a la tortuga. Siempre peleando. Buscando changas para poder vivir porque con la plata del fútbol no me daba. Fui pintor, laburé de tapicero y fui hasta piquetero en el Liceo 13 cuando lo ocupamos", señala.

Dice que del sufrimiento aprendió a disfrutar. Por eso la felicidad de este momento la valora y la siente con otro sabor. A punto de ser padre, vive el presente con la tranquilidad de cobrar todos los meses y con la mente de dar bien el que considera su "último tiro" en el fútbol: meter un pase para consolidarse económicamente.

Joel Burgueño, con dos goles ante River Plate el pasado fin de semana, dejó a Rentistas en la puerta de la salvación. El club mira la tabla del descenso con otro aire. Y mucho tiene que ver este hombre de 28 años que, a fuerza de goles, se hace un nombre en el fútbol.

"Jugué al baby fútbol en La Lata de Piedras Blancas y de ahí me fui a una práctica de aspirantes en River. Era una cantidad de gurises, pero quedé. El tema es que el técnico no me quería por la altura y me limpió. Sí, me decían que con el físico que tenía no podía ser delantero", dice Burgueño a Referí, rememorando sus primeros pasos en el fútbol.

Se fue a Cerrito donde hizo todo el camino hasta llegar a Primera. Eran tiempos duros. Se ganaba poco y había que trabajar.

Llegó un momento en que entendió que el ciclo en Cerrito estaba cumplido. Quedó libre. Viajó a Santa Fe a probar suerte en Colón, pero por problemas contractuales no quedó.

Se vino a Cerro Largo para jugar la Copa Sudamericana. "Para mí era un salto, un paso adelante, pero jugaba poco y a los seis meses me mandaron en préstamo a Rocha, donde tampoco me ponían porque no era del paladar del entrenador", expresó.

Cuando le dijeron de Villa Teresa, no lo dudó. Pese a estar en la B encontró un club organizado "que pagaba en fecha, con buenos lugares para entrenar".

"Casi ascendemos, perdimos la final con Rampla", afirma.

Concluida la temporada se fue a El Tanque Sisley. Otra vez a sufrir. A pasar meses y meses sin cobrar. Aquella fue una pelea continua. Pero Joel respondía con goles.

Cierta vez, cansado de las promesas de pago, disparó un tuit contra el presidente del club, Freddy Varela.

"Una vez escribí una cosas en Twitter porque Varela me estiró el reclamo a seis meses porque yo estaba en Libertad de Paraguay y me calenté. Me pasa que cuando me nublo, no pienso y digo lo que pienso. Pero cuando vas a El Tanque vas a buscar que te vean, porque en un club de la B si no televisan el partido, no te ve nadie. Entonces me fui a mostrar, vas a buscar gloria".

A fuerza de goles Burgueño se ganó un lugar y se lo llevaron un tiempo a Libertad de Paraguay, no encontró su lugar y volvió para fichar en Rentistas.

El delantero dice haber encontrado en los rojos estabilidad económica. Sigue viviendo en Piedras Blancas. "Al barrio no me lo toques", dice, antes de revelar que vive con su suegra y su esposa. "Y viene en camino mi primera hija. Es una nena", cuenta.

La llegada de la niña lo hace mirar a futuro.

"Ahora tengo que buscar una diferencia económica. Me queda un tiro y lo tengo que aprovechar. Ahora es más sencillo salir al exterior que antes y a mí me queda el último tiro", reconoce.

Joel dice que espera tres cosas para el futuro inmediato: que su hija venga "con mucha salud", salvar a Rentistas del descenso –que está "a un paso"–, y clasificarse a una copa internacional.

"Después... los temas económicos son secundarios. Si tengo que salirle al laburo, no le temo. Qué me van a decir de sacrificio... Querer es poder", concluye.


Manteca, el maestro
Joel Burgueño dice que aprendió a definir con Sergio Daniel Martínez. "Lo tuve cuando vino en el cuerpo técnico de Mario Saralegui a Cerrito y me quedaba con él a entrenar. Me decía que mirara al golero, que viera los palos y que definiera siempre abajo".

Joel el piquetero

Entre risas, Joel Burgueño no olvida su última etapa de estudiante. Le tocó vivir un momento complicado de la enseñanza. Cursaba 4º año de liceo en el N° 13 del barrio Ituzaingó cuando se desató un conflicto y ocuparon el local. "Me comí esa época de los paros y ocupamos el Liceo 13. Fui piquetero. Yo estaba atrás porque había representantes que hablaban. El tema es que había comenzado a jugar en Primera y me tenía que esconder un poco", recordó el delantero de Rentistas. "En cuarto tuve que abandonar los estudios porque estaba fundido. Trabajaba, jugaba al fútbol y estudiaba. No me daba el cuerpo".

El problema del nombre

Desde que apareció en Primera división su nombre es escrito de dos maneras: Yoel y Joel. Referí fue directamente al protagonista para conocer cómo se escribe su nombre. Y respondió con una historia de vida increíble pero real. "Eso de mi nombre es un dilema. Pero les aclaro que es con J. El tema es que en la cédula figuro con Y. Pasó que la señora que me hizo la partida de nacimiento escribió la J de forma extraña y quedó la duda". El problema lo vivió cuando fue a sacar el pasaporte. "¡No saben lo que fue! Me volvieron loco y estuve como ocho meses dando vueltas por el tema del nombre".

Yo no era de hacer esquina. Tengo mis amigos del barrio, pero me cuidaba. Yo quería ser profesor de matemáticas pero no pude seguir con los estudios" Joel Burgueño Delantero de Rentistas

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