La tribuna, del respeto al delirio

El público de la selección uruguaya sigue siendo especial: no silbó al himno colombiano y terminó gozando
De un buen tiempo a esta parte, el público de la selección uruguaya cambió. Acompasando el ritmo del proceso de selecciones de Óscar Tabárez el hincha uruguayo difiere muchísimo del que puebla cada fin de semana las tribunas en el torneo local.

Y es otra cosa. Basta pararse en las afueras de la América donde el público colombiano espera su ingreso a la tribuna.

Los cafeteros dan saltos, alientan a su tribuna sin vallas ni guardia de seguridad.

A su lado, pasan cientos de hinchas uruguayos. Sin provocaciones. Sin la menor intención de hostilizar a los visitantes.

Y son los colombianos los que insinúan un lío que finalmente no llega a mayores. Un hincha, joven y muy molesto, denuncia que le vendieron una entrada trucha. Y se la agarra con un camarógrafo de su país y el resto de los hinchas colombianos.

Al final, lo dejan protestando solo y siguen su fiesta.

Plena de confianza. Con el recuerdo latente del 2 a 0 en el Mundial de Brasil y muy tranquilos por la ausencia de Luis Suárez, los colombianos sueltan entre risas. "Hoy ganamos", "2 a 1 con goles de Teo y Cuadrado".

Y se sienten como en casa. Cuando los equipos salen a la cancha y se entona el himno de su país no hay abucheos ni silbidos. Es otra cultura la de estos hinchas uruguayos. La del respeto. Y es para aplaudir.

Que este público es más frío también es cierto. No lo disimulan ni los tambores que le dan clima de previa al partido ni que intentan insuflar el ánimo de los celestes cuando el partido se pone 1 a 0 en un gol donde las banderas se agitaron con rabia y alegría.

Es el hincha que después delira en el segundo tiempo perfecto de la Celeste.

Que riega de "ole" el Centenario ante el toqueteo de los uruguayos. ¡Justo ante los colombianos!

Que le canta desde la Ámsterdam a Carlos Sánchez "Ole, ole, ole... Pato, Pato" cuando se retira de la cancha.

Y que aplaude hasta dejar picantes las manos al Tata González, símbolo de la entrega y el perfil bajo. Igual a esos 40 mil hinchas uruguayos que siguen creyendo en esta selección. Con respeto. Y, anoche, a pura fiesta.


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