La tragedia del oro

Hace 100 años un indio piel roja llamado Jim Thorpe ganó dos medallas doradas en Estocolmo 1912, pero en los años posteriores el racismo, el alcohol y la suerte lo condenaron

Un rayo partió en dos una noche de mayo de 1888 cuando nació en Oklahoma. Sus padres lo llamaron Wa-Tho-Tuk, que en kikapú, la lengua de los indios fox estadounidenses, significa Sendero Brillante. Pero el mundo lo conoció como Jim Thorpe, el héroe más trágico que tuvo la historia de los Juegos Olímpicos. 

El pasado sábado se cumplieron 100 años de la obtención de su primera medalla de oro olímpica ganada en la prueba atlética de pentatlón en Estocolmo 1912.

Diez días después comenzó a disputar –en tres jornadas– el decatlón y también fue oro.

Sin embargo, detrás de la felicidad se asomaba la tragedia. Una historia tejida por un castigo con tintes racistas, desprecio, olvido, alcohol y muerte.

En su niñez, Thorpe ya le había visto la cara a la muerte. A los 9 años sufrió el fallecimiento de su hermano gemelo Charlie. Dos años después su madre moría en un parto y cuando tenía 16 perdió a su padre por gangrena.

Estudió en la Escuela Industrial India Carlisle de Pensilvania que fue fundada para la americanización de los indios.

Y ahí se vinculó con el deporte. Practicó béisbol, atletismo, básquetbol y lacrosse pero se decidió por el fútbol americano.

Fue un fenómeno. Dos veces lo eligieron para el All American, es decir, la selección amateur de los mejores de la temporada.

En 1912 defendió a su universidad en los trials de atletismo que se celebraron en Nueva York. Se clasificó en salto largo, salto alto y pentatlón. También lo anotaron en decatlón, prueba en la que nunca había competido.

Las dos pruebas combinadas se estrenaron en los Juegos de Estocolmo, y Thorpe las ganó.

Fue recibido en su país como héroe. Cerró el año nuevamente como All American y se casó al año siguiente. Su felicidad era el mismísimo sueño americano.

Sin embargo, en setiembre de 1913 el diario Worcester Telegram de Massachusetts publicó que en los veranos (boreales) de 1909 y 1910 había jugado en las ligas profesionales de béisbol.

El deporte olímpico era entonces exclusivamente amateur. Thorpe había cobrado por jugar. La cifra percibida difiere según los historiadores, pero oscila entre US$ 24 y US$ 70.

Thorpe reconoció haber jugado pero alegó su inocencia en la ignorancia de las reglas. Dijo que era común que los universitarios jugaran al béisbol. Pero los jugadores se cambiaban el nombre...

La respuesta, para el indio, fue inflexible: fue desposeído de sus medallas aunque quienes lo secundaron en Estocolmo jamás aceptaron el oro.

Un dato accesorio ayuda a entender el castigo: los indios de Estados Unidos no eran ni siquiera considerados ciudadanos. 

Thorpe se dedicó al béisbol (1913-1919) y al fútbol americano. Se retiró a los 41 años, en 1928, y al año siguiente fue presa de la Gran Depresión.

Su primer hijo murió de meningitis y el olvido lo arrastró.

En la película All American, de Michael Curtiz (el director de Casablanca), que protagoniza Burt Lancaster, hay una escena que retrata este período de su vida: Thorpe intenta ingresar al estadio Olímpico de Los Ángeles 1932 pero no tiene dinero para la entrada y son los hinchas, que lo reconocen, quienes lo hacen entrar.

Operado en un hospital de caridad de un cáncer de labio en 1950, divorciado y devenido un alcohólico crónico, Thorpe murió en la miseria el 28 de marzo de 1953. Las medallas olímpicas se las restituyeron en 1982.

Toda la información sobre los Juegos Olímpicos está en el Especial Londres 2012 de El Observador.


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