La seguridad ganó el clásico

En un partido aburrido, los parciales de Peñarol y Nacional le pusieron calor y color a la tarde y salvaron el pobre espectáculo que dieron sus jugadores

Los clásicos son una historia aparte para los hinchas. No importa el momento del equipo y la única consigna válida es ganar para alimentar la estadística positiva de uno o para darle material para las bromas al otro del día después.

Cada clásico es un capítulo diferente y como tal, los hinchas lo preparan con varios días de anticipación. Rifas de camisetas donde los propios jugadores le hacen un guiño a la fiesta y colectivos en casas de cobro para ganar el clásico de los hinchas.

Fuerte operativo
El primer impedimento lo puso la Policía, que implementó un vallado táctico perimetral en el Centenario para el ingreso de los hinchas a las distintas localidades.

Los tricolores llegaron por la Avenida Centenario directo a la Colombes y hubo tres puntos de patrullaje policial con controles de espirometría, que determinaron que el avance fuera lento.

Cuando el mal humor, las quejas y los insultos para la Policía ganaban en intensidad, algunos parciales tricolores divisaron a Richard “El Chengue” Morales quien caminaba rumbo al palco de la Tribuna América y varios parciales albos corrieron para sacarse una foto.

En la Ámsterdam se dieron los mismos controles y una larga fila de hinchas aguardaba en las veredas vecinas al Estadio que las vías de acceso se descongestionaran para poder ingresar.

Varias botellas al suelo, algún termo que fue revisado por la Guardia Republicana y muchos hinchas que canalizaron los nervios previos cantando en la puerta, lo que motivó -por precaución- la llegada de la Policía Montada.

En las dos cabeceras populares se pudieron observar a tres ovejeros alemanes especialmente entrenados bajo el programa K9 al servicio de las fuerzas de choque, que no debieron ser utilizados.

El trabajo previo de la seguridad dio resultado: la Guardia Republicana encontró en la Tribuna Olímpica 38 balas calibre 45, cuatro balas calibre 38, cortes caseros y más de 30 proyectiles pequeños como baldosas y partes de ladrillos, que estaban escondidos en un baño, como para hacer dudar si la ‘Tribuna de la familia’ no empieza a perder su crédito y su esencia.

Incluso varios hinchas de Peñarol de la Olímpica saltaron hasta la platea para de ahí trepar hasta el talud de la Ámsterdam desafiando a la Policía.

Visto lo acontecido, que la Olímpica fuera exclusiva para los hinchas de Peñarol y que se implementara un pulmón policial grande para separar a los mirasoles de la Colombes, parecieron aciertos.

Con la prohibición de ingresar pirotecnia como medida preventiva de seguridad más destacada, los tricolores se las ingeniaron para colocar las baterías de fuegos artificiales fuera de la puerta central de la Tribuna Colombes, para tener un recibimiento a puro color.

Del otro lado, los mirasoles utilizaron más de 22 mil banderitas amarillas y negras para formar un mosaico con la bandera de Peñarol en la Olímpica.

Luego de un primer tiempo sin goles donde lo único que levantó la temperatura fue el duelo de hinchadas, el gol de Alonso sacudió la modorra e instaló la alegría en la Colombes.

Los aurinegros redoblaron esfuerzos buscando alentar a sus jugadores y la brillante ejecucción de Novick hizo estallar el Centenario en tres colores.

Al final hubo algún incidente aislado entre hinchas de Nacional y la policía en la Colombes, pero no pasó a mayores.

El clásico se saldó con empate, los jugadores estuvieron lejos de su mejor versión y el calor corrió por cuenta y cargo de los hinchas. La que ganó fue la seguridad.


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