La revancha de Cebolla

La gran noche. Cristian Rodríguez fue la figura de la cancha y se desahogó de lo que fue el encuentro de 2009, cuando tras un error lo expulsaron ante Argentina y se perdió el Mundial

Cuatro años atrás se perdió un clásico ante Argentina por Eliminatorias. Uruguay dependía de sí mismo para mandar al combinado que dirigía Diego Maradona al repechaje. Sin embargo, fue al revés.

El ambiente dentro de la cancha estaba muy caliente como en casi todos los partidos ante los argentinos, de alto voltaje. Y con el encuentro ya terminado, sabiendo que la celeste debería enfrentar a Costa Rica en la repesca, el Cebolla Rodríguez reaccionó mal, golpeó en el rostro a Gabriel Heinze y cuando varios se estaban yendo hacia el vestuario, el árbitro Carlos Amarilla lo expulsó.

Ese instante de irreflexión, ese momento de calentura, no solo le costó al Cebolla el hecho de perderse los encuentros contra los ticos, sino que además lo privó del Mundial porque el Maestro Tabárez decidió no llevarlo en la lista de 23. Se perdió la gloria que tuvo el grupo en Sudáfrica con una Copa del Mundo que quedó en el mejor recuerdo de los últimos años.

Anoche fue jornada de revancha, de regocijo, todo lo contrario a lo de 2009.

Primero, inauguró las redes nuevas italianas, intactas que mostró el Centenario. Con un remate cruzado luego de un error defensivo del rival, la metió cruzada de zurda, como a él más le gusta y como manda el manual.

Allí comenzó a soltarse, a mostrar sus piques, su rotación cuando pasaba de izquierda a derecha. Estaba enchufadísimo, y daba la sensación de que había esperado cuatro años para un partido como este.

Entonces, de a poco, comenzó a tejer su mejor encuentro en estas Eliminatorias con la celeste en el pecho, como diciendo “acá estoy y quiero estar en el próximo Mundial”.

El Maestro Tabárez dijo que no se había dado cuenta de que podía ser su revancha, pero que era así (ver página 5). Y le dibujó una sonrisa en el rostro.

Lo mejor del Cebolla estaba por venir. En un segundo tiempo que hizo recordar a cuando debutó con Peñarol ante Villa Española en una tarde de lluvia. “¿Quién es ese botija que puso Gregorio?”, se preguntaba la gente. Fue el 18 de agosto de 2002 y entró por el Lolo Estoyanoff a los 73 minutos.

Su velocidad hizo estragos por el andarivel zurdo y formó un tándem casi perfecto con Gastón Ramírez –quien dicho sea de paso, le dio otro aire al equipo con su ingreso en el complemento–.

Hugo Campagnaro –excompañero de Cavani en Napoli– lo veía pasar y seguramente anoche soñó con el número 7 porque le vio su espalda en la enorme mayoría del partido.

La gente sabe de fútbol y coreó su nombre más de una vez en ese segundo tiempo soñado para el Cebolla.

También tuvo tiempo de perder dos goles increíbles. El primero, tras un tiro libre de pelota preparada en la que se entreveró y se le fue por encima del palo. El otro, fue cuando Stuani estrelló un cabezazo en el travesaño, la pelota derivó hacia él y con un zurdazo casi le rompe el palo derecho al arquero Sergio Romero.

Pero igualmente siguió con su esencia intacta. Atacando y atacando, con su estilo de cabeza gacha y con las seis velocidades intactas.

“Para mí fue una revancha muy especial jugar con el eterno rival que es un clásico de lo más lindo que existe en el mundo y porque me perdí el Mundial justo por el clásico, pero ahora estoy muy contento por el resultado”, dijo tras el encuentro.

Y sí, el desahogo estaba consumado. La desazón de 2009, el silencio, la bronca, el olvido, habían quedado en una página amarillenta que ya no existe más, que fue suplantada por su noche mágica.

Anoche en su Juan Lacaze natal seguramente la gente festejó como hacía tiempo no lo hacía. Uno de sus hijos pródigos, volvió a mostrar su temple y su juego.

El Cebolla tuvo su revancha y ahora quiere festejar de lo lindo contra Jordania. l


Fuente: Marcelo Decaux - twitter.com/mardecaux

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