La pesadilla de Uruguay en Recife

Los problemas de los celestes con los campos de entrenamientos, traslados y hasta el accidente con el ascensor reflejaron los problemas de la ciudad de cara al Mundial

Intensas lluvias, calles rotas y anegadas y agobiantes e interminables embotellamientos diarios. Uruguay pasó las de Caín en su estadía de una semana en Recife y desnudó las carencias de esta ciudad del noreste de Brasil de cara a la Copa del Mundo de 2014.

A esto se le agrega que el estadio mundialista Arena Pernambuco, situado a unos eternos 30 kilómetros de Recife, recibió partidos de la novena edición de la Copa FIFA Confederaciones sin terminar, con cables de electricidad colgando por doquier y la zona de estacionamiento para vehículos a medio hacer, para citar algunos ejemplos.

Aunque los trabajos a realizar para dejar a punto este hermoso estadio, con sus tribunas pegadas al campo de juego y sin la enorme distancia de los viejos estadios brasileños -pista de atletismo de por medio en algunos casos-, parecen un juego de niños en comparación con las obras a encarar para mejorar el transporte y la infraestructura vial de cara al Mundial del año próximo.

En su primer día en Recife, el pasado 13 de junio, tras su arribo en la medianoche del miércoles proveniente de Puerto Ordaz (Venezuela), la selección de fútbol de Uruguay comenzó a vivir los primeros contratiempos.

Particularmente esa madrugada llovía en forma intensa -al igual que en los días previos- y el campo de juego del viejo estadio Arruda, del club Santa Cruz de la segunda división brasileña, lugar designado para el entrenamiento de la celeste, estaba completamente anegado.

Acto seguido el cuerpo técnico comandado por Oscar Tabárez pensó en realizar la práctica en el centro de entrenamiento del club Sport de Recife, de la segunda división brasileña, pero llegar hasta allí le demandaría alrededor de una hora y media, por lo que también fue descartado y el plantel terminó concurriendo a un gimnasio.

Al día siguiente y ya adaptados a la lluvia -lo normal para esta época del año y sin solución-, los celestes se toparon con el problema más grande que presenta la capital del estado de Pernambuco: el tráfico intenso y descontrolado en una ciudad que parece colapsada por la cantidad de vehículos existentes.

El 'infierno' de los 'buracos'
Además, y para hacerlo aún más complicado, los pozos -'buracos' como se le dice en portugués-, algunos de tamaño considerable, pueden provocar más de un disgusto para los conductores y rotura de neumáticos como mínimo en caso de no poder esquivarlos.

Al autobús que trasladaba al plantel uruguayo le llevó casi una hora y media recorrer unos 30 kilómetros desde su hotel en la residencial zona de Boa Viagem y el centro de entrenamientos del Sport, en la localidad de Jardim Paulista, en las afueras de Recife.

El tiempo perdido para trasladarse por Recife y sus alrededores llevó al 'maestro' Tabárez a rechazar la posibilidad de realizar el reconocimiento del campo del Arena Pernambuco un día antes del partido contra España, que marcaba el debut de la celeste en la Copa Confederaciones.

Ya de retorno en Recife este viernes, tras jugar en Salvador (Bahía, noreste) por la segunda fecha ante Nigeria, volvieron los problemas con el tráfico.

El sábado, en horas del mediodía, a los periodistas de la AFP encargados de cubrir a Uruguay les llevó más de dos horas llegar desde Boa Viagem hasta el Arena Pernambuco por el embotellamiento que llevó a que por espacio de hora y media el promedio de velocidad fuera de 3 km/h.

Pero el calvario de Uruguay no acabó con el tránsito y la lluvia, ya que también el sábado tres jugadores y el preparador físico quedaron encerrados por más de media hora en un ascensor del Mar Hotel, lugar de alojamiento de la celeste.

Los jugadores Diego Pérez, Sebastián Eguren y Diego Forlán y el preparador físico José Herrera estuvieron más de media hora dentro del elevador, lo que generó nerviosismo en la delegación.

El hecho al principio "fue motivo de bromas", contó Tabárez, pero "después nos empezamos a preocupar porque se demoraba bastante".

"Después las bromas siguieron", prosiguió el DT, que consideró el hecho "una anécdota más de nuestra estadía aquí".


Fuente: Por Mauricio Arbilla, AFP desde Recife

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