La odisea de un futbolista uruguayo en la convulsionada Venezuela

Rodrigo Cabrera, exdefensa de River y de la sub 20, llevaba 10 días en Venezuela cuando los estallidos sociales lo tomaron por sorpresa. Hoy debe convivir con la falta de alimentos y la inseguridad en Valencia

Una semana después de estar asentado en el barrio, Rodrigo se percató de que su edificio era una especie de centro de operaciones. “Estaba con mis padres mirando por la ventana y no lo podía creer. La gente encapuchada enfrentando a la policía y otros desde el edificio que les avisaban por dónde venía la Guardia Nacional. Me acuerdo que los vi armar una bazooka casera y les tiraban cohetes a los policías. A la semana no aguanté más y me fui a un hotel. Ahora estoy en un apartamento que es otro mundo”, comenzó narrando Rodrigo Cabrera desde Valencia a El Observador.

El exfutbolista de la selección Sub 20 jamás imaginó que aquella oportunidad de jugar en el Carabobo de Venezuela lentamente se comenzaba a transformar en una prueba de supervivencia. Es que, a la semana de estar en la ciudad de Valencia, se produjeron los estallidos sociales que tienen en jaque al país caribeño.

“Cuando estalló el conflicto, fue complicado. La gente no se asusta y habla como que ya lo vivieron en el año 2002, pero para mí fue jodido. Cuando llegué había protestas, salían a la calle con las cacerolas, pero de un día para el otro salió la Guardia Nacional y la gente se paró a enfrentarlos como en una guerra”.

Los hechos modificaron la planificación del club. “Los primeros días demoré en llegar al entrenamiento por las barricadas que se levantaban en las calles, entonces fui a hablar con el técnico y me cambiaron a un hotel. Hasta el técnico faltó a entrenar porque no pudo salir de su casa, y tengo compañeros que incluso llegaron caminando. Hubo un día en que los malandros, porque no son estudiantes, son malandros que aprovechan la situación, no dejaban pasar ni caminando. A mí nunca me tocó un atascamiento de tránsito porque voy por la autopista”.

De todos modos, Carabobo tuvo que abandonar los trabajos en doble turno. “La ciudad es un eterno verano todo el año. Hay 30 ºC promedio. Por eso los entrenamientos arrancan a las 6 y 30 de la mañana. Al principio había doble horario los miércoles, pero por el estallido social se suspendieron”, reveló Cabrera.

Claro que los cortes en las calles no fueron el único inconveniente. Enseguida se comenzó a padecer el desabastecimiento de productos de la canasta básica. Y para Cabrera se inició una especie de prueba de supervivencia.

“El desabastecimiento en los alimentos es otro tema. La última vez que fui al súper me comí una cola de cuatro horas en las cajas. Ahora, en la zona donde vivo, tengo un supermercado en la esquina, pero hay muchos productos que no los encontré. Carne no hay, leche no hay, harina no hay. Y si encontrás azúcar sos un fenómeno. El papel higiénico no lo encontraba y le tuve que pedir a mis padres que me lo trajeran desde Uruguay. Después encontré. ¿La yerba? Me traje 5 kilos porque hasta esa cantidad se pueden traer”.

Bajo estas condiciones se impone preguntar cómo se hace para ser un futbolista profesional.

“Me alimento porque hice un surtido gigante cuando estuvieron mis padres acá, de lo contrario tenés que comprar todo congelado, hasta los fideos. O de pronto tenés algún compañero que te salve. Mañana (por hoy martes), por ejemplo, voy con un compañero, que tiene auto, a una carnicería que él conoce. No tengo auto. El acuerdo que hice con el club era por el apartamento y como no conozco la ciudad, no quiero arriesgar manejando por los cinco meses de contrato que tengo. El acuerdo es hasta el 31 de mayo”, expresó Cabrera a El Observador.

Al margen de las condiciones en las que se vive, Rodrigo reveló que el club está muy bien en todos los aspectos. “El que pone el dinero es el gobernador de Carabobo, es dueño de los puertos y el equipo concentra en hoteles 5 estrellas que son un lujo. A los partidos que son en ciudades como Maracaibo o Puerto Ordaz viajamos en avión. Me pagan una parte en bolívares y otra en dólares”.

Y enseguida se mete en otro tema que toca a la convivencia diaria con los venezolanos: los dólares. “Si tenés dólares, que ni se enteren. El oficial está a 11 bolívares y el negro llegó a 80 y ahora está en 75. Si tenés US$ 100, sos poco menos que millonario”.

Cabrera, que jugó el Mundial Sub 20 con Sebastián Coates, entre otros, afirma que cuando culmine su contrato, regresa al país.

“Cuando explotó esto me quería ir y fui al club a hablar, pero me dijeron que me quedara tranquilo. El gran tema es la seguridad. Pero bueno, como está Pablo Olivera en el club, entre los dos la llevamos. No me tocó vivir ninguna situación de peligro, pero la calidad de vida no es buena, me voy a ir. No tengo ganas de seguir acá”.

 

La vivencia del padre

Opina Sergio Cabrera

"Fuimos a acompañar a Rodrigo a Venezuela y nos tocó vivir 20 días bravos, con escasez, vándalos, los cortes de calle... Una cosa es hablarlo y otra vivirlo. Los primeros 10 días había caceroleadas permanentes de 18 a 22 horas, pero un martes se pasaron de los cacerolazos a armar las barricadas, y luego, de ser estudiantes a vándalos con la cabeza tapada. Estar ahí era como vivir una película de terror.

Hubo un momento que nos quedamos sin comida, salimos con mi señora a buscar porque nos quedaba un litro de agua y unos fideos, y a mi señora le vino un ataque de pánico en la calle por tener que pasar entre las barricadas. Luego, una muchacha conocida de Rodrigo, nos llevó a un súper y estuvimos tres horas 50, por reloj, haciendo la cola para pagar. Para que tengan idea de la escasez, nosotros llevamos papel higiénico de Uruguay. De pronto hoy hay y mañana ya no venden. Lo mismo con la leche, el jugo de naranja, lo que sea.

Te permiten comprar dos pollos por semana, por persona. Cualquier compra que hagas, tenés que presentar documento, te piden todos los datos: la dirección de tu casa, teléfono, la cédula, todo.

Las cosas para nosotros salen regaladas. Las playas son lindas, pero las pudimos disfrutar unos pocos días porque luego se complicó. Te tenés que mover con pie de plomo".


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